Un vaquero Timido Capítulo 58 La Realidad no espera
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Capítulo 58 La Realidad no espera

La carretera de regreso al rancho estaba completamente oscura, flanqueada solo por las sombras de los árboles y el marco infinito de un cielo estrellado.

Sin embargo, al cruzar el portón de madera del rancho Bulls Cowboys, la realidad del campo volvió a golpearlo de frente, aquella noche no habría espacio para el descanso largo: con el tío Tim hospitalizado y Frank acompañándolo en la clínica junto a Jandy y Vicky, gran parte de las pesadas responsabilidades del rancho recaerían de lleno sobre él y John al amanecer.

Apagó el motor y entró a la casa principal.

Las luces de la cocina seguían encendidas, iluminando la madera gastada y John estaba sentado frente a la mesa con una libreta abierta y un bolígrafo en la mano; había estado haciendo una lista detallada de todo lo que tendrían que coordinar apenas saliera el sol.

Al escuchar los pasos de Ray, levantó la vista y le dedicó una sonrisa llena de pura malicia fraternal. —Miren nada más... Ya llegó el mismísimo Romeo de la película.

Ray soltó una risa apenada, acomodándose la camisa. —No empieces de pesado con eso, John, por eso es por lo que nunca te cuento cuando tengo una cita, porque eres insoportable …

John cerró la libreta de golpe. —Bueno, bueno... —Apoyó los codos sobre la mesa, mirándolo con absoluta curiosidad—. ¿Cómo estuvo la famosa cita con la maestra?

Ray dejó el sombrero negro sobre la barra de la cocina. Pensó unos segundos antes de responder, queriendo guardar los detalles para sí. Y sonrió de par en par. —Bien.

John arqueó una ceja, desconfiado. —¿Solo bien?

Ray negó despacio con la cabeza. —No solo bien la verdad es que estuvo —Su sonrisa se hizo aún más amplia y delatadora—. Mucho mejor de lo que jamás esperé.

John abrió mucho los ojos, soltando una palmadita sobre la mesa. —¡Eso es todo, hermano! Justo en ese preciso instante se escuchó un pequeño chillido de emoción desde el pasillo del segundo piso:

—¡¡¿Qué?!!

Un segundo después, unos pasos apresurados y ruidosos retumbaron bajando por las escaleras de madera. Mónica apareció casi corriendo en la cocina, con los ojos brillándole de alegría. —¡¿Es verdad lo que estoy escuchando?!

Ray apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando su hermana se lanzó sobre su cuello y lo abrazó con fuerza desmedida. —¡Ya era hora, por Dios! —exclamó.

Ray comenzó a reírse a carcajadas, sosteniéndola. —¡Mónica, me vas a asfixiar!

Ella se separó apenas unos centímetros para mirarlo fijamente a los ojos, tomándolo por los hombros. —¡Estoy tan ridículamente feliz por ti! —Le dio otro abrazo apretado antes de mirar de reojo a John—. De mis dos hermanos... tú siempre has sido definitivamente el que mejor me cae.

John abrió la boca, fingiendo una profunda indignación. —¡Oye! ¡Estoy aquí presente!

Mónica lo señaló con total y absoluta tranquilidad. —Tú eres extremadamente fastidioso y ruidoso, además de cotilla John. Ray es el bueno, el abnegado, el protector, mi hermano favorito...

Ray soltó una carcajada limpia, John fingió sentirse enormemente ofendido, llevándose la mano al pecho.

—Después de todo lo que sufro y hago por esta ingrata familia...

solo te pido que no vengas llorando cuando el idiota de Luke te haga llorar porque lo va a hacer te lo aseguro simplemente porque es un idiota…

Mónica le sacó la lengua con coquetería infantil. —Exactamente por eso, Ray es el favorito él no es vengativo…

John negó divertido con la cabeza y se puso de pie.

—Bueno independientemente de quien es el favorito de Mónica ...

La verdad también estoy feliz porque... —Miró a Ray con una sonrisa sincera y madura en el rostro—.

Ya era más que hora de que olvidaras a aquella pesada de Kenia, porque ese sí que era una cuñada insoportable…

Ray bajó un poco la mirada, sintiendo un alivio sereno, afortunadamente todo indicaba que Kenia ya era parte del pasado lejano y, por primera vez en años, sintió en el pecho que realmente era así.

John caminó hasta el mueble de madera donde Frank guardaba las botellas especiales y sacó una de güisqui añejo. —Esto merece un brindis en forma, vamos a celebrar…