Capítulo 57 Entre primos
Christian esperó pacientemente a que Emily cerrara la puerta de la casa antes de caminar hacia la ventanilla del conductor de la camioneta de su primo, se apoyó con soltura sobre el marco de la puerta, luciendo una enorme y burlona sonrisa de oreja a oreja.
Ray bajó el cristal, intentando mantener la dignidad. —¿Qué pasa?
Su primo cruzó los brazos, ladeando la cabeza.
—Oye... No pierdes el tiempo para nada, ¿eh?
—¿Y todavía lo preguntas con esa cara de inocente?
—Señaló la cabina con el pulgar, riéndose—.
Se suponía que tú eras el hombre tímido y reservado de la familia Petersen, y ahora resulta que le llevas ventaja hasta a John que tiene fama de ser un don Juan.
Ray sintió que las orejas le ardían en llamas. —¿De qué demonios hablas? Bueno solo nos estamos conociendo, no hay nada malo en eso además... las cosas simplemente pasaron...
Christian negó con una sonrisa sumamente divertida. —Increíble... Yo llevo semanas enteras intentando invitar a Emily a salir como se debe, planificando cada paso... ¡y tú en una sola tarde ya estas besando a Sara en la camioneta!
Ray levantó ambas manos a la defensiva. —¡No fue exactamente algo planeado, Christian!
—Claro —respondió Christian con una ironía deliciosa—. Los mejores besos nunca son planeados, primo.
Ray terminó riéndose de su propia suerte. —Ya cállate de una vez, se supone que tú eres el único prudente, y nada cotilla de la familia.
Christian comenzó a reírse a carcajadas también. —¿Sabes qué es lo peor de todo esto? —Que tarde o temprano John va a enterarse de esto…
Ray abrió los ojos de golpe, aterrorizado. —Ni se te ocurra decirle una sola palabra, me va a arruinar la vida.
Christian levantó una mano en gesto de falsa inocencia. —No prometo nada, sabes cómo soy, y esta noticia es demasiado buena como para callarme…
—Eres un absoluto traidor.
—Soy tu primo hermano, es decir, un Peterson…que es prácticamente el mismo concepto.
Ambos soltaron una carcajada limpia en medio de la calle desierta le dio un par de golpecitos afectuosos sobre la lámina de la puerta de la camioneta.
—De verdad me alegra muchísimo verte así, Ray, hacía mucho tiempo que no te veía sonreír con tanta naturalidad como hoy te vez feliz, con luz en los ojos otra vez.
Ray permaneció unos segundos en silencio, procesando el cumplido, luego miró hacia la ventana iluminada de la casa donde Sara acababa de entrar una sonrisa tranquila y profundamente satisfecha apareció en su rostro. —Yo también me alegro.
El asintió, complacido. —Nos vemos mañana en el rancho, descansa primo, que afortunadamente todo salió bien hoy… y regresó a su camioneta para dar marcha atrás. Ray esperó unos segundos antes de encender el motor de la suya.
Mientras se alejaba a paso lento por la calle principal del pequeño pueblo bajo la luz de la luna, no podía dejar de tocarse inconscientemente los labios con los dedos y sonreír como un muchacho enamorado, por primera vez en muchísimos años, el recuerdo ardiente de un beso lograba ocupar todos sus pensamientos y, por más que lo intentaba, no encontraba absolutamente ninguna razón para querer olvidarlo