Capitulo 54 Fuera de peligro
Christian apareció nuevamente en el vestíbulo, todos se levantaron al instante, el médico se quitó lentamente los guantes de látex mientras caminaba hacia ellos a paso tranquilo. Esta vez su expresión era muchísimo más serena y relajada.
Jandy fue la primera en dar un paso al frente, con el corazón en la garganta. —¿Cómo está, hijo?
Christian le dedicó una sonrisa cálida y tranquilizadora. —Ya está completamente estable, mamá, ya está renegando con las enfermeras como acostumbra… incluso dijo que para que le sirve tener un hijo doctor sino lo dejaban irse de una vez…
Un suspiro colectivo de profundo alivio recorrió la sala.
—Le administramos un sedante fuerte para controlar el dolor de las fracturas.
Va a dormir prácticamente toda la noche de corrido.
—Miró a Frank—. También le colocamos un vendaje e inmovilizador en la zona afectada.
Las dos costillas fracturadas van a tardar varias semanas en sanar por completo.
—Después añadió con firmeza profesional—: Necesitará reposo absoluto en casa, nada de subirse a caballos ni hacer fuerza en el rancho.
Frank asintió con determinación. —Lo tendrá te lo prometo, aunque tenga que amarrarlo a la cama del cuarto.
John sonrió de lado. —Conociendo lo terco que es el tío Tim.… eso probablemente vaya a ser necesario.
Algunos soltaron una pequeña risa contenida. Christian continuó: —Si todo evoluciona favorablemente como esperamos, en unos cuantos días podrá volver a casa.
Jandy dejó escapar por fin todo el aire que llevaba horas conteniendo en el pecho. Las lágrimas de emoción y alivio acudieron de golpe a sus ojos. Se acercó rápidamente a su hijo y lo envolvió en un abrazo lleno de gratitud. —Gracias, mi amor, por ayudarlo y cuidarlo.
Christian correspondió al abrazo con inmenso cariño. —Solo hice mi trabajo, mamá, yo también así que no es ayuda, estaría aquí cuidándolo inclusive sino fuera médico.
Ella negó rotundamente con la cabeza, secándose el rostro. —No, puedes estar muy orgulloso porque…—Su voz tembló ligeramente—. hoy salvaste a tu padre. Christian permaneció en silencio unos segundos, conmovido, después se inclinó y besó con ternura la frente de su madre.
Jandy respiró profundamente antes de preguntar con un hilo de voz: —¿Puedo pasar a verlo un momento?
Christian le sonrió con dulzura. —Claro que sí, mamá. —Se hizo a un lado y señaló el pasillo interno—. Adelante, habitación cuatro, le pediré a la enfermera que te dé un pase permanente porque en esa área solo se permite la entrada en horario de visita, y solo pueden entrar pocas personas a la vez.
Jandy caminó hacia la habitación con pasos apresurados, Frank la siguió inmediatamente para acompañarla, pero al parecer nadie escucho la última frase porque detrás de ellos fueron Vicky, Diana y el resto de la familia, caminando despacio y respetando el silencio del hospital.
Ray se quedó unos segundos junto a Christian, le dio una fuerte y sincera palmada en el hombro. —Excelente trabajo, primo. Te luciste.
Christian sonrió con un evidente cansancio acumulado en los ojos. —Ha sido un día sumamente largo, y lo peor es que nadie escucha mi indicación, les acabo de decir que pocas personas y ahí van todos a la vez… pero es más agotador estar tratando de convencerlos…
Emily apareció detrás de él en ese momento cargando varios expedientes clínicos entre los brazos, tenía algunas pequeñas manchas de tinta en la bata blanca y el cabello un poco desordenado por el ajetreo de la urgencia. Sonrió con calidez al ver a Ray y a Sara.
—Pero el paciente es extremadamente fuerte —añadió Emily—. Y eso ayuda muchísimo en la recuperación, pero creo que entraron demasiadas personas a la habitación…