Capítulo 55 Te llevo a casa
La tensión que había mantenido a toda la familia Petersen en vilo comenzó a disiparse poco a poco en el pasillo de la clínica, Frank y Jandy permanecieron unos minutos más a solas junto a Tim en la habitación cuatro, asegurándose de que descansara plácidamente, mientras el resto de la familia salía despacio para no interrumpir su recuperación.
Ray se acercó a Sara, acomodándose el sombrero —Creo que ya no hacemos mucho aquí. Todo está bajo control.
Ella le dedicó una sonrisa dulce y cansada. —Sí, es verdad. Además, mañana todos tienen que madrugar para trabajar, incluyéndome a mi…
Ray caminó a su lado hacia la salida, guiándola de la cintura con delicadeza hasta el estacionamiento de la clínica, la noche era fresca, estrellada y el pueblo permanecía sumido en un silencio pacífico.
Subieron a la camioneta, y durante el trayecto de regreso ninguno habló demasiado; no hacía falta romper el momento.
Después de todo el susto ocurrido, el simple hecho de saber que el tío Tim estaba completamente fuera de peligro era más que suficiente para traerles paz.
Al detenerse sobre la grava frente a la antigua casa Morgan, apagó el motor, y se hizo un pequeño y cargado silencio en la cabina del vehículo.
Sara giró ligeramente el cuerpo en el asiento para quedar frente a él. —Gracias por invitarme hoy, de verdad, me la pase muy bien…
Ray sonrió con cierta timidez, mirándola a los ojos. —Perdón por cómo terminó todo el plan...
Ella negó suavemente con la cabeza, interrumpiéndolo. —No te disculpes otra vez, vaquero, lo verdaderamente importante es que tu tío está bien y fuera de peligro, espero que otro día tengamos oportunidad de conocernos mejor…
Ray respiró hondo, acariciando el volante. —Aun así... —La miró directamente a los ojos con una calidez desarmante—. La pasé increíblemente bien contigo, y también me hubieses encantado tener más tiempo para conocernos quizá podamos volver a reunirnos después…
Sara sintió que su corazón daba un vuelco y latía un poco más deprisa. Sonrió.
Los dos permanecieron unos segundos observándose en la penumbra de la cabina. Ninguno parecía dispuesto a romper aquel instante mágico o a ser el primero en abrir la puerta para bajar.
Finalmente, Ray habló en un susurro grave: —Buenas noches, que tengas un lindo sueño.
Ella asintió lentamente, reteniendo la mirada. —Buenas noches...Cuando Sara estaba a punto de girarse para abrir la puerta de la camioneta, se volvió una última vez hacia él quien tampoco había apartado la mirada ni un solo milímetro.