Un vaquero Timido Capítulo 46 El recreo
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Capítulo 46 El recreo

Al sonar el timbre del recreo, Sara salió al pequeño patio sombreado, se sentó en una banca de madera bajo la sombra de un gran árbol y sacó el sándwich que le había preparado Abby esa mañana. Suspiró con una sonrisa. —Los niños de este pueblo son completamente imposibles...

Apenas había dado el primer bocado cuando dos mujeres vestidas con ropa formal de docentes se acercaron. —¿Podemos hacerte compañía?

Sara levantó la vista —Claro que sí, adelante.

Una de ellas era una mujer de cabello oscuro y mirada amable, de unos cuarenta años.

—Soy Susan y Doy cuarto grado. La otra era más joven, rubia y con una personalidad muy expresiva.

—Yo soy Flor y tengo el grupo de Quinto grado. Sara les sonrió con amabilidad.

—Mucho gusto, soy Sara y trabajo con el grupo de tercero.

Las tres comenzaron a comer su almuerzo mientras conversaban amenamente sobre la dinámica de la escuela. Hasta que Flor sonrió con pura picardía. —¿Y qué tal? ¿Ya conociste a medio pueblo?

Sara rio con ganas. —Creo que mis alumnos ya me contaron prácticamente toda la historia familiar de la región en media hora, cuando los vea en persona seguramente ya conoceré toda su vida.

Susan negó divertida, dándole un sorbo a su jugo. —En este pueblo no existen los secretos.

Flor señaló con el dedo hacia la calle principal. —Y menos si involucran a los Petersen.

Sara volvió a sonreír, recordando las historias de los niños. —Eso ya lo noté bastante bien.

Flor apoyó los codos sobre la mesa de picnic. —Pues yo no pienso quedarme soltera toda la vida en este pueblo

Susan suspiró con dramatismo. —Ay, Dios mío... ¿Qué tontería vas a decir ahora, Flor?

Flor respondió con el rostro completamente serio:

—Mi plan definitivo es casarme con uno de los Petersen —Imagínate nada más, ese rancho enorme, miles de cabezas de ganado, caballos de raza, casas grandes, terrenos por todos lados... —Se llevó una mano al pecho—. Sería millonaria. Sara casi se atraganta con el bocado de sándwich.

Susan le dio un ligero golpe en el brazo con una servilleta de papel. —¡Flor! No digas esas barbaridades frente a la maestra nueva, imagina que va a pensar de ti al escucharte hablar de esa manera.

Flor comenzó a reírse. —¿Qué tiene de malo? Solo estoy siendo completamente sincera.

Susan negó con la cabeza, mirando a Sara.

—No le hagas el menor caso, Sara siempre está diciendo tonterías de ese tipo para llamar la atención, si ni siquiera saluda a los hermanos, y si sigues diciendo eso, le diré a Joss, te aclaro es el maestro de Educación física y lleva saliendo con Flor, 2 años…

Flor miró a Sara con una sonrisa sumamente traviesa. —Bueno es cierto, pero siempre existe la posibilidad de quedarme a uno de los Peterson, aunque, si tú llegas primero que yo... —Se encogió de hombros con generosidad—. Te cedo con gusto a Ray.

Sara sintió que las mejillas le ardían de golpe. Susan volvió a reprender a su compañera: —¡Flor! La vas a espantar y apenas es su primera semana.

Flor soltó una carcajada limpia. —Precisamente por eso, además todo el mundo la vio ayer en la heladería con Ray, pero no quiere contar nada y se hace la disimulada, si va a trabajar en la escuela hay que integrarla rápido a la dinámica del pueblo.

Sara terminó riéndose a la par con ellas, aquel pequeño pueblo era exactamente como se lo había imaginado desde el primer día: todos conocían la vida de todos, todos bromeaban entre sí con soltura y, al parecer, los hermanos Petersen eran el tema favorito de conversación de absolutamente todo el mundo.

Sin embargo, mientras terminaba su almuerzo, no pudo evitar recordar una vez más el mensaje que había recibido al comenzar la mañana: "Paso por ti a las cuatro." Una sonrisa inevitable volvió a dibujarse suavemente en sus labios.

Flor la observó de reojo y sonrió con malicia pura.

—Mírala nada más, Susan, todavía no le digo el nombre completo de ningún Petersen...

y ya está sonriendo como enamorada, no puedes negar que estas saliendo con uno de los solteros más codiciados del pueblo, admítelo es muy guapo con ese cuerpo de infarto, y esos bíceps que parece que fueron hechos para romper sus camisas, lo único malo que tiene es que es muy tímido, pero es buena persona, serás la envidia de varias que conozco que han intentado conquistarlo sin conseguirlo.

Sara negó rápidamente con la cabeza, intentando disimular el rubor. —¡No es por eso, de verdad!

Las dos maestras soltaron una carcajada, y Sara, por más que intentó disimularlo y mantener la postura, no pudo borrar aquella sonrisa radiante que había permanecido intacta en su rostro desde que Ray le había escrito al comenzar el día.