Un vaquero Timido Capítulo 47 Cita Pendiente
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Capítulo 47 Cita Pendiente

Las manecillas del reloj marcaron las cuatro de la tarde en punto cuando el sonido característico de una camioneta deteniéndose sobre la grava frente a la antigua casa Morgan rompió la tranquilidad de la calle, un segundo después sonó el timbre de la entrada con firmeza.

Sara, que llevaba varios minutos mirando discretamente por el visillo de la ventana, fingió absoluta tranquilidad y serenidad. —¡Yo abro! —gritó antes de que Emily pudiera siquiera levantarse del sofá.

Abigail levantó una ceja desde la cocina, aguantándose la risa. —Qué servicial saliste hoy, primita, antes no eras así…

Emily sonrió con pura picardía, asomándose al pasillo. —Yo también quiero saber quién vino con semejante entusiasmo por abrir la puerta.

Sara rodó los ojos divertida mientras abría la puerta de roble, y al hacerlo, se encontró frente a frente con Ray.

Vestía una camisa azul marino perfectamente planchada que le resaltaba los ojos, jeans oscuros, sus botas vaqueras de cuero recién lustradas y su impecable sombrero negro.

La luz cálida de la tarde iluminaba su sonrisa tímida y genuina.

Durante unos segundos, ambos se quedaron mirándose en silencio, disfrutando del momento. Ray fue el primero en romper el hechizo, llevándose los dedos al ala del sombrero. —Hola, preciosa.

Sara le dedicó una sonrisa brillante.

—Hola, vaquero. Él se acomodó ligeramente el sombrero para disimular los nervios. —¿Lista para el recorrido?

—Claro que sí. Ray sonrió un poco más, dejando ver esa fosita encantadora. —Entonces... —Hizo una pequeña reverencia exagerada y llena de coquetería—. Vengo a esta bella princesa a conocer mi reino western.

Sara soltó una carcajada limpia que resonó en el porche. —¿Tu reino, vaquero?

—Bueno... —Se encogió de hombros con sencillez—. Mi familia dice que algún día todo esto será mío o por lo menos una parte. Ella negó divertida, siguiéndole el juego con gracia.

—Pues entonces lléveme a conocer sus dominios, señor rey. Desde la ventana de la sala, Emily y Abby observaban disimuladamente la escena ellas suspiraron con entusiasmo. —Se ven ridículamente lindos juntos.

Abby sonrió de par en par. —Eso es lo que ella necesitaba, le sienta bien ese vaquero ya no se le ve triste como antes ahora está llena de ilusiones. Sara se volvió una última vez y se despidió con la mano. —Nos vemos más tarde, chicas.

—¡Diviértete! —gritaron las dos al mismo tiempo desde adentro. Sara sintió cómo se le coloreaban las mejillas de rubor mientras caminaba hacia la camioneta. Ray se adelantó con agilidad y le abrió la puerta del copiloto. —Preciosa princesa...

Ella hizo una pequeña e inclinada reverencia teatral al subir. —Gracias, caballero.

Ray cerró la puerta con cuidado y rodeó la camioneta a paso firme para ponerse al volante. Durante los primeros minutos del trayecto conversaron con soltura sobre el trabajo en la clínica y las divertidas ocurrencias de los niños en la escuela. Sara no dejaba de mirar fascinada por la ventanilla.