Capitulo 41 La despedida
La noche del viernes finalmente llegó y el bar de Rosy lucía completamente transformado. Por fuera, las puertas de madera permanecían cerradas al público general, pero por dentro las luces de neón rosa y azul creaban un ambiente festivo y atrevido.
Cuando Sara, Emily y Abby cruzaron el umbral, Rosy las recibió con una bandeja repleta de tragos.
—¡Para poder cruzar esta puerta es obligatorio tomarse un caballito de tequila! —anunció Rosy con una sonrisa maliciosa.
Las tres chicas rieron divertidas y se tomaron el trago de un solo golpe antes de pasar a la gran mesa reservada. Ahí ya se encontraba un grupo numeroso de amigas del pueblo, quienes las recibieron entre aplausos.
Mónica fue la última en llegar, luciendo radiante, y de inmediato la mesa entera brindó por la futura novia con una nueva ronda de chupitos.
Pronto comenzaron los juegos y las preguntas indiscretas.
—A ver, Abby —dijo una de las chicas guiñándole un ojo—. ¿Qué es algo que nunca te has animado a hacer y no quieres morirte sin experimentar?
Abby se tomó otro tequila, sintiendo cómo el calor les subía a las mejillas.
—Me gustaría conocer a un hombre guapo, atento y divertido con el cual tener una aventura... de esas que te hacen vibrar de verdad —confesó con soltura.
Mónica la miró con picardía.
—¿Acaso nunca has tenido una así? Rosy la miró extrañada y le devolvió la pregunta a la novia:
—¿Acaso tú sí? Mónica soltó una carcajada traviesa, pero prefirió no contestar, haciendo que todas gritaran "¡Salud!" y alzaran sus copas.
—A decir verdad, mi exnovio era un tipo ridículamente controlador —continuó Abby relajando los hombros—. Por eso ahora quiero a alguien que me haga reír, pero que también sea atento y me proteja.
—¡Salud por eso! Ahora tu Rosy ¿Qué es lo que más te gusta de Grand? —gritaron todas en coro, tomándose otro chupito. Ella dijo: —¡Pues es algo que deben tener del tamaño ideal, y saber moverlo…… debo decirlo? y todas volvieron a gritar ¡Salud por eso!
Lo que ninguna de ellas imaginaba era que, justo al lado del bar, cuatro sombras se movían entre los matorrales. Luke, Cristian, John y Ray estaban amontonados junto a una de las ventanas altas que daba directo a la mesa principal.
John, parado sobre una caja de madera, escuchó con absoluta atención cada palabra de Abby sobre lo que buscaba en un hombre, guardándose esa información con una sonrisa enigmática mientras le daba un trago a su botella de cerveza.
De vuelta adentro, la botella volvió a girar y le tocó el turno a Emily.
—Emily, ¿qué es lo que más vergüenza te ha dado o te daría hacer?
Ella lo pensó un segundo y rio apenada.
—¡Hacer un baile de tubo!
—¡TUBO, TUBO, TUBO! —empezó a corear toda la mesa entre aplausos.
Antes de que pudiera protestar, subieron a Emily al pequeño escenario del bar. La música cambió a un ritmo envolvente y sensual.
Emily, contagiada por el ambiente y tras gritar "¡Salud!", comenzó a moverse con una sensualidad desarmante, tomándose del tubo central.
Afuera, pegado al cristal de la ventana, Cristian se quedó rígido como una piedra. Al ver a Emily bailando de esa manera, los nudillos se le pusieron blancos al apretar el marco de la ventana y el rostro se le encendió por completo.
John lo notó de inmediato, le dio una palmadita burlona en la espalda y le murmuró al oído:
—Calma, Romeo... Te va a dar un infarto ahí mismo —dijo entre risas apagadas mientras le pasaba otra cerveza.
Adentro, la fiesta no bajaba de ritmo. Le tocó la pregunta a Sara: —A ver, maestra... ¿qué es lo que más te gusta en el sexo?
Sara, con las mejillas ardiendo de la pena, pero divertida por la atmósfera, se llevó las manos a la cara. —Pues... me gusta que sea alguien muy apasionado, de esos que dan duro —admitió riendo, desatando una ovación y otro grito colectivo de "¡Salud!".
Afuera, Ray se pasó una mano por la nuca, completamente rojo al escuchar a Sara, mientras John y Luke se burlaban de él a codazos.
De pronto, Rosy tomó el micrófono y sentó a Mónica en una silla justo al centro del lugar.
—A ver, muchachas, ¡esta noche es para nuestra novia y le tengo una sorpresa preparada!
Las luces principales se apagaron y una luz de neón focalizada iluminó la pista al ritmo de un tema pesado y sensual.
De las cortinas del fondo salió un tipo alto, moreno, guapo y con una musculatura impresionante, vistiendo únicamente unos pantalones de cuero y arneses.
El bailarín comenzó a moverse sensualmente frente a Mónica. Ella, entre risas y gritos de las amigas, estiró la mano y le tocó el abdomen mientras todas gritaban "¡Salud!" con entusiasmo desbordado.
Pero afuera, Luke vio todo rojo y no pudo resistirse.
—¡Ah, no! ¡Eso sí que no! —gruñó Luke fuera de sí.
Sin escuchar los llamados de Ray o Cristian, Luke corrió a la puerta trasera, la empujó de un golpe y entró a la pista como un vendaval.
Antes de que el bailarín pudiera reaccionar, Luke le propinó un empujón y un certero golpe que lo mandó directo al suelo.
El bar quedó en un silencio sepulcral por medio segundo, hasta que Luke se giró hacia Mónica, mirándola fijamente a los ojos.
—¿Quieres que te bailen, Mónica? ¡Pues te voy a bailar yo!
La música volvió a sonar y Luke comenzó a moverse de forma sensualmente exagerada frente a su prometida.
Las chicas, lejos de molestarse, estallaron en gritos eufóricos y aplausos.
Mónica, alborotada y riendo a más no poder, le aplaudía desde la silla.
Luke se quitó la camisa lanzándola al público y comenzó a desabrocharse el cinturón con paso firme.
Mónica estaba sumamente excitada gritando su nombre, pero en el fondo del bar, Ray y John cruzaron miradas de auténtico horror fraternal al ver a su futuro cuñado a punto de quedarse en paños menores frente a todo el pueblo.
—¡Ni hablar! —dijo John.
Ray y John irrumpieron en el escenario de un salto, agarraron a Luke de los brazos y lo levantaron en peso para quitárselo de encima a Mónica y sacarlo a rastras de la pista, mientras el grupo entero de mujeres los abucheaba entre risas, aplausos y copas en el aire en una noche que definitivamente nadie en el pueblo iba a olvidar.