Un vaquero Timido Capitulo 40 El relato
51%

Capitulo 40 El relato

Ray recordó la escena de Sara encarando a Bane, una sonrisa orgullosa volvió a iluminarle el rostro. —Bueno... ella también corrió a un idiota del restaurante, que estaba molestándome...

John dejó escapar una carcajada estruendosa. —¡Esa historia la quiero escuchar completa ahora mismo!

Ray comenzó a relatar lo ocurrido en la terraza del pueblo.

Les contó con lujo de detalles cómo Bane se había sentado sin permiso en su mesa, cómo lo había insultado llamándolo inútil, y cómo Sara, sin dudarlo un segundo, se había levantado para ponerlo en su lugar a empujones y regaños frente a todos.

Mientras hablaba, la sonrisa no abandonaba su rostro ni un solo instante.

Cuando terminó el relato, hubo un breve silencio lleno de admiración en la cocina. John sonrió ampliamente, mirando a su hermano con sinceridad. —Hermano...

Ray levantó la vista. —¿Qué? John le dio una fuerte y sincera palmada en el hombro. —Creo que esta vez mamá tiene toda la razón del mundo.

Ray suspiró resignado, sacudiendo la cabeza. —¿Tú también vas a empezar con eso? no sé porque les cuento si ya los conozco, mañana mismo todo el pueblo sabrá con detalle lo que paso en mi día…

—Sí, porque esa mujer es increíble, te felicito... Vicky se acercó y tomó la mano de su hijo con inmenso cariño. —Solo prométeme una cosa, Ray. —No tengas miedo de dejar que esa muchacha conozca al verdadero Ray.

Él frunció ligeramente el ceño, confundido. —¿Y cuál es el verdadero Ray?

Su madre le sonrió con infinita ternura en la mirada.

—El hombre bueno que nosotros vemos todos los días aquí en la casa.

El que siempre pone el bienestar de su familia antes que el de él mismo el veterinario entregado que pasa noches enteras despierto cuidando a un becerro enfermo.

El hijo abnegado que nunca duda en ayudar a su padre en lo que sea.

—Le acarició la mejilla con calidez—. Si Sara llega a conocer a ese hombre real...

—sonrió con total confianza—... no necesitarás fingir ni planear nada especial para conquistarla.

Ray permaneció en absoluto silencio, por primera vez en mucho tiempo, no sintió el menor impulso de negar o rebatir aquellas palabras simplemente sonrió de lado, sintiendo un calor reconfortante en el pecho.

Y, en el fondo de su corazón, comenzó a preguntarse si aquella tarde en el restaurante no había sido el verdadero inicio de algo infinitamente más importante