Capítulo 39 Amor Maternal
El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas cuando la camioneta de Ray entró por el camino de tierra del rancho Bulls Cowboys.
Apagó el motor frente a la casa principal y permaneció unos segundos sentados en el asiento de piel, recordando cada detalle de la tarde.
Sin darse cuenta, una amplia sonrisa se le dibujó en el rostro.
Volvió a escuchar en su mente la voz firme con la que Sara había defendido su lugar frente a Bane en el restaurante.
"Ahora mueve tu sucio trasero de aquí..." No pudo evitar soltar una pequeña carcajada limpia en la soledad de la cabina. —Qué mujer tan increíble... —murmuró para sí.
Bajó de la camioneta, se ajustó el sombrero y caminó a paso tranquilo hacia la casa principal. Al abrir la puerta de madera, el inconfundible y delicioso aroma a pan recién horneado inundó sus sentidos.
Vicky estaba en la espaciosa cocina sacando una charola de galletas humeantes del horno.
Apenas levantó la vista y vio a su hijo cruzar el umbral, dejó la charola sobre la encimera.
Entrecerró los ojos con perspicacia analítica, una sonrisa cómplice apareció lentamente en su rostro. —¿Qué pasó, hijo?
Ray dejó el sombrero negro sobre una de las sillas del comedor. —¿Qué pasó de qué, mamá? Vicky se cruzó de brazos, ladeando la cabeza. —¿Por qué vienes tan contento y sonriente?
Él intentó poner cara seria y parecer indiferente. —No estoy contento…. Es mi cara normal.
—Claro que estás contento, te conozco desde que naciste y puedo reconocer cuando estas feliz —aseguró su madre. Ray soltó una pequeña risa resignada. —Mamá no es para tanto...
Ella caminó despacio hasta quedar justo frente a él y lo observó detenidamente a los ojos, como solo una madre sabe observar y descifrar a un hijo, después sonrió con pura picardía maternal.
—Mmm... —Le dio un pequeño y afectuoso golpecito en el brazo—.
Me da la impresión de que hay una chica detrás de esa sonrisa.
Ray carraspeó para aclararse la garganta. —No empieces, por favor, sabes que tengo malas experiencias con mi elección de mujeres...
Vicky comenzó a reírse con ganas. —Te conozco muy bien, Ray. —Le acomodó con ternura un mechón de cabello que se escapaba cerca de la oreja—. No puedes ocultarle algo tan evidente a tu madre, se te nota en los ojos.
Ray negó con la cabeza, esbozando una sonrisa avergonzada.
Ella abrió los brazos con inmenso cariño y lo envolvió en un abrazo apretado, él respondió al abrazo reclinándose un poco, como cuando era un niño.
Vicky le acarició la espalda con suavidad.
—Espero de corazón que esta chica sea la indicada, hijo.
Ray permaneció en silencio, disfrutando de la calidez del abrazo.
Ella continuó hablando con profunda ternura: —Porque has estado muy solo, hijo mío.
Él bajó un poco la mirada hacia el suelo de madera.
—Más de lo que a mí misma me gustaría verte.
—Vicky le tomó suavemente el rostro entre las manos, obligándolo a mirarla—.
Eres un hombre maravilloso, trabajador, noble, paciente...
Y tienes un corazón enorme. —Sonrió con inmenso orgullo maternal—.
Pero casi no permites que nadie se acerque lo suficiente para conocerte.
Ray desvió la mirada un segundo hacia la ventana iluminada por el atardecer. —No es tan fácil abrirse, mamá.
—Lo sé bien, mi amor —Vicky habló con suma suavidad—. Después de todo lo que pasó con Kenia y la forma en que te juzgó... —Hizo una breve pausa dolorosa—. Te cerraste mucho al amor.
Ray apoyó ambas manos sobre la mesa de la cocina, soltando un suspiro. —Supongo que sí. Ya no quería volver a pasar por una decepción igual.
Vicky asintió con absoluta comprensión. —Es completamente normal querer protegerse cuando alguien nos lastima el orgullo y el corazón. —Luego añadió con una cálida —: Pero también es muy triste vivir con el corazón cerrado bajo llave.
Ray guardó silencio durante unos segundos, procesando las palabras de su madre. Finalmente sonrió de lado. —Creo que hoy hablé más con una mujer que en todo el último año entero, y para mi sorpresa fue muy agradable...
Vicky arqueó una ceja, sumamente divertida. —¿Ah, ¿sí? ¿Y cómo se llama esa valiente que logró sacarte tantas palabras?
Ray soltó una pequeña risa contenida. —Sara.
El nombre salió de sus labios con una soltura y una naturalidad que ni él mismo esperaba. Vicky lo notó enseguida en el brillo de sus ojos. —Sara... —Repitió el nombre despacio —. La maestra pelirroja que llegó a la casa Morgan, con la chica que estabas el día del bar.
Ray asintió con la cabeza. —Sí. Es una mujer muy interesante, divertida, me hace reír. Vicky sonrió de oreja a oreja. —Y es muy bonita…
Él se rascó la nuca con cierta timidez encantadora. —Sí creo que... también es muy bonita. Su madre soltó una risita picara. —Mírate nada más. ¡Hasta te sonrojas! Voy a prenderle una veladora a San Judas Tadeo, quizá me haga el milagro y me dé un nieto.
Ray negó entre risas, abanicándose un poco. —No me estoy sonrojando, mamá y no digas más cosas de la cuenta. —pues yo te veo que estás rojo como un tomate.
En ese preciso instante apareció John cruzando la puerta posterior de la cocina, mordiendo tranquilamente una manzana roja miró primero a su madre, luego a Ray, y finalmente volvió a mirar a su madre al notar el ambiente. —¿Interrumpo algo importante?
Vicky respondió de inmediato con absoluta naturalidad: —Nada, solo que tu hermano está oficialmente enamorado, saquen las copas que vamos a brindar, Ray abrió los ojos de golpe, espantado —¡Mamá!
John casi deja caer la manzana de la sorpresa. —¡Enamorado tan pronto! ¿Qué me perdí? —Se acercó inmediatamente a la mesa con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡¿Ya se lo confesaste a mamá?! Y ¿No me lo contaste a mí? creí que éramos amigos…
Ray levantó ambas manos a la defensiva. — Son locuras de mi madre ya le dije ¡Que no estoy enamorado! ¡No le hagas caso!
John sonrió con pura malicia fraternal. —A ver... ¿entonces cómo estuvo tu "plática" de veterinaria con la maestra?
Ray resopló, sirviéndose un vaso de agua. —Que pesados son ustedes con eso ya dije que Muy bien. —y ¿Prepararon la famosa presentación? Cuestionó John —Sí, la avanzamos bastante.
—¿Y de que hablaron? Porque duraron demasiado tiempo, ¿Solo hablaron de caballos y vacas? Lo dudo… Ray dudó apenas un instante antes de admitir: —También... tomamos café y comimos pastelillos.
John fingió una enorme sorpresa, llevándose una mano al pecho.
—¡Vaya! ¡Qué trabajo tan profesional y rápido!
Haber dame la plática que vas a decirle a los niños, seguramente estuvieron practicando, en todo este tiempo...
Vicky soltó una carcajada limpia desde el estofado. —¿O pasó algo más interesante?