Un vaquero Timido Capítulo 38 Descarado
49%

Capítulo 38 Descarado

La casa de los Morgan estaba en silencio aquella tarde que comenzaba a caer lentamente, tiñendo las paredes de madera con un tono dorado suave, mientras un agradable y reconfortante aroma a vainilla e hinojo inundaba la cocina gracias al pastel que Abigail había horneado un rato antes.

Sara entró despacio después de despedirse de Ray en el pueblo, dejó el morral de tela sobre el sofá y sonrió sin darse cuenta al recordar la comida, la plática y la ridícula cara que había puesto Bane cuando lo mandó a volar.

—¿Cómo te fue con el vaquero? —preguntó Abby desde la cocina, haciendo sonar unos platos.

Sara dejó escapar una pequeña sonrisa suspirada. —Bien. Mejor que bien.

Abigail asomó la cabeza por la puerta del pasillo con una expresión descaradamente traviesa. —¿Solo mejor que bien? Con esa sonrisa de boba no me vas a convencer de que solo fue "bien".

Sara rodó los ojos, aunque no pudo quitarse la sonrisa. —No empieces, Abby. Ray es divertido me hace reír, su plática es muy interesante, cuando me mira con esos ojos azules un escalofrío recorre mi piel, digamos que por ahora estoy conociéndolo…

Justo en ese instante sonó el teléfono en su mano. Era WhatsApp, su sonrisa desapareció de golpe de su rostro al leer el nombre del remitente en la pantalla.

Era Jordan de nuevo, el estómago se le revolvió en un nudo helado de náuseas y rabia. Abrió el mensaje más por fastidio que por curiosidad y lo leyó

Jordan: Sara, por favor, contéstame. Te necesito, ahora, fui a buscarte a la ciudad y ya no estabas en tu casa.

¿A dónde diablos te fuiste? Más te vale no haber salido con otro porque tú eres mía desde que tengo memoria, lo que paso es porque soy hombre...

cometí un simple error, pero No significó nada, Perdóname, no debiste cancelar la boda, por algo sin importancia.

Sara sintió cómo la rabia pura y la impotencia volvían a instalarse en su pecho como una llama viva. Apretó el teléfono con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

—Qué descarado es... infeliz, como se atreve a minimizar lo que pasó… —murmuró entre dientes.

Abigail, que salía de la cocina limpiándose las manos con un trapo de algodón, notó inmediatamente el cambio drástico en su expresión. —¿Qué pasa, Sara? ¿De quién es ese mensaje?

Sara bloqueó la pantalla de golpe. —de nadie, no es nada, son cosas sin importancia.

—¿Segura? —insistió Abby, frunciendo el ceño.

Intentó guardar el teléfono a toda prisa en el bolsillo de sus jeans.

Pero Abby, intuyendo que algo andaba muy mal, fue mucho más rápida.

—¡Eh! Dámelo…gritó cuando su prima le arrebató el celular entre risas para quitarle dramatismo.

—¡Abigail! en serio…—exclamó Sara, dando un paso adelante—. Devuélvemelo ahora mismo.

—Primero dime quién te escribe para ponerte esa cara de monstruo. Antes de que Sara pudiera recuperarlo, Abby alcanzó a leer el mensaje flotante en la pantalla, y su sonrisa desapareció poco a poco hasta borrarse por completo, ella volvió a levantar la vista hacia su prima. —¿Jordan?

Sara permaneció en absoluto silencio, apretando la mandíbula y evitando su mirada.

Abigail bajó lentamente el teléfono, con el rostro serio.

—¿Qué pasó realmente, Sara? —Su voz ya no tenía el menor tono de broma o picardía—.

¿Por qué no quieres decirnos nada sobre él?

—Se acercó un poco más, mirándola a los ojos—.

¿Cómo es que tu novio de toda la vida pasó de repente a ser alguien a quien ni siquiera quieres mencionar?

Sara cerró los ojos un instante, tomando aire antes de responder. —No vale la pena hablar de él. —Extendió la mano con firmeza—. Dame el teléfono, Abby.

Abigail obedeció sin pelear, entregándole el aparato. Después habló con profunda suavidad: —Siempre estuviste tan enamorada de él... Todos pensábamos que se casarían. Sara respiró profundamente, intentando mantener la compostura. —Olvídalo, él ya no importa.

Se dejó caer pesadamente en el sofá —Por eso me mudé a este pueblo, para no volver a encontrármelo en ningún lado.

Abby permanecía de pie frente a ella, observándola con tristeza.

—¿Quieres olvidarlo? Sara asintió —Necesitaba alejarme urgentemente.

—Miró alrededor de las paredes de la vieja casa Morgan—.

De él... y de todos los recuerdos asfixiantes que había en aquella ciudad.

Abigail guardó silencio durante unos segundos, comprendiendo el dolor detrás de sus palabras.

Finalmente se acercó y se sentó a su lado en el sofá.

—Si hay alguien en esta familia que puede entender perfectamente lo que es querer escapar de un lugar para no volverse loca...

—Sonrió con amargura y tristeza—. Soy yo créemelo, tu ni idea tienes de lo que viví con Samuel.

Sara la miró de reojo, notando la sombra en sus ojos.

Abby tomó delicadamente una de sus manos, apretándola con cariño.

—Pero creo que te ayudaría muchísimo dejar de cargar ese peso tú sola, Sara, por lo menos te puedo decir que a mí me ayudo compartir el peso con Emily, Sara negó lentamente con la cabeza.

—Contarlo no cambiará absolutamente nada de lo que pasó, no pienso volver con él nunca.

—Tal vez no —respondió Abby con ternura—. Pero al menos yo dejaría de imaginar cosas peores de las que realmente son. Hubo un largo silencio en la sala. Sara observó la pantalla apagada del teléfono entre sus dedos. Después dejó ir un largo suspiro de cansancio acumulado.

—Está bien. —Levantó la vista, mirando a los ojos a su prima—. Te voy a decir la verdad de lo que pasó. Abby esperó en silencio, sosteniendo su mano. Sara habló despacio, midiendo cada palabra: —Pero prométeme una cosa primero. —¿Cuál?

Sara sonrió con cierta melancolía amarga. —No se lo digas a Emily.

Abigail frunció ligeramente el ceño. —¿Por qué no? Sara miró por la ventana hacia el atardecer.

—Porque ella todavía cree ciegamente en el amor romántico, es una soñadora natural y No quiero que pierda esa ilusión tan bonita por culpa de mi historia de porquería.

Abigail asintió con empatía. —Te lo prometo. Se queda entre nosotras.

Sara respiró profundamente. Las palabras parecían pesarle una tontería en la garganta.

—Jordan siempre fue el hombre de mis sueños, durante 7 largos años creí ciegamente todo lo que me decía, fue mi primer novio, mi primer amor y yo pensé que también me amaba...

—Su voz apenas fue un susurro roto—. Me juró amor eterno mil veces…

—Sonrió con amargura—. Y yo, como una tonta, le creí cada palabra.

Se quedó unos segundos en silencio, tragando saliva hasta que continuó: —Faltaban pocos días para nuestra boda... estaba todo listo, ya había elegido el vestido, la ceremonia, estaba convencida que sería el día más feliz de mi vida… Abigail sintió un nudo frío en el estómago.

Sara bajó la mirada a sus manos unidas, —Pero un día, llegué antes de tiempo al departamento que compartíamos, me habían dado un ascenso, y un regalo que quería mostrarle…

—Su voz comenzó a quebrarse por primera vez—.

Y lo encontré... —Apretó las manos con fuerza—.

En la cama con Luiza, no pude resistirlo…

Abigail abrió lentamente los ojos, impactada. —¿Luiza, tu mejor amiga?

Sara asintió, dejando escapar el dolor. —Así es, mi mejor amiga…. La misma con la que estudié e hice planes durante tantos años. Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Sara, aunque con una terquedad enorme se negó a dejarlas caer.

—Los dos me vieron entrar por la puerta. —Soltó una risa amarga y seca—. Ni siquiera intentaron esconderse o pedir una disculpa coherente. Abigail permanecía inmóvil, sin encontrar palabras suficientes para consolar semejante traición.

Sara respiró hondo una vez más, erigiéndose con orgullo.

—Así que hice lo único que mi dignidad me permitió hacer en ese instante: cancelé la boda y terminé con él para siempre.

El silencio volvió a llenar la sala, después de unos segundos, Sara añadió con voz cansada pero firme: —Espero que con eso sea suficiente para que no vuelvas a preguntarme nunca más por Jordan.

Abigail no respondió inmediatamente con palabras, simplemente se acercó, rodeó los hombros de su prima con los brazos y la abrazó con fuerza. Sara permaneció rígida unos segundos, conteniendo la respiración después rodeó también a su prima con los brazos, apoyando la cabeza en su hombro.