Capítulo 37 El beso
El beso comenzó con un impacto hambriento, directo y sin rodeos.
Emily dejó escapar un gemido ahogado contra su boca que solo alimentó la chispa, sus dedos se enredaron con desesperación en el cabello corto de Cristian, tirando de él para pegarle aún más a ella, entregándose por completo al ritmo acelerado y exigente con el que él la devoraba.
Cristian la sujetó de la cintura con fuerza, alzándola ligeramente sobre la punta de sus pies para pegar las caderas de ella contra las suyas, una de sus manos subió con firmeza por su espalda hasta acunar su nuca, inclinándole la cabeza para profundizar el beso, saboreándola sin prisa y sin espacio para la duda, la fricción, el aliento entrecortado y el calor de sus cuerpos convirtieron el aire nocturno en un incendio.
Era un fuego voraz, impulsivo, una mezcla explosiva de alivio acumulado y atracción pura, ella le mordió suavemente el labio inferior al responderle, haciéndolo gruñir en voz baja antes de volver a reclamar sus labios con más ímpetu, aprisionándola con su cuerpo contra la chapa de la camioneta estacionada en la acera.
Cuando finalmente la presión los obligó a separarse para buscar aire, ninguno rompió el contacto, él mantuvo sus labios a milímetros de los de ella, rozando su nariz contra su mejilla mientras su respiración agitada chocaba con la piel caliente de Emily.
Ella tenía los ojos entreabiertos, el pulso desbocado en el cuello y los labios encendidos. Volvió a besarla, esta vez con un toque más lento, pero igual de posesivo, sellando sobre la piel de Emily la certeza absoluta de que aquello apenas era el principio.
Emily sintió un delicioso y repentino calor subirle por las piernas, se separó poco a poco del abrazo, y no respondió con palabras; solo le devolvió una sonrisa tímida y brillante mientras seguían caminando juntos por las tranquilas calles del pueblo, compartiendo un helado y una conversación que, sin prisas, presiones ni artificios, los hacía sentirse cada segundo más cerca el uno del otro.