Un vaquero Timido Capítulo 36 El helado
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Capítulo 36 El helado

Emily levantó inmediatamente la vista con los ojos iluminados. —¿A quién en su sano juicio no le gusta el helado?

Él sonrió con complicidad. —Entonces acompáñame, te invito yo...

Entraron a la pequeña heladería tradicional, el ambiente olía a vainilla y conos crujientes, el dueño, un hombre mayor tras el mostrador, los saludó con familiaridad: —Buenas tardes, doctor Cristian que milagro que se deja ver por aquí.

—Buenas tardes, Don Ernesto, un poco de placer dulce es aceptado en cualquier dieta y tus helados son reconocidos en todo el valle, y hoy traigo a una amiga a probarlos.

Emily observó fascinada la vitrina transparente llena de cubetas de colores. —¡Hay muchísimos sabores artesanales!

Cristian rio por lo bajo al ver su entusiasmo. —Elige el que más te guste, sin pena.

Ella tardó varios minutos analizando las opciones antes de decidirse. —Chocolate con nuez. Indiscutible. —Excelente elección —aprobó él.

Cristian pidió para él una bola de vainilla con caramelo salado, y salieron nuevamente a la calle, caminando despacio por la banqueta mientras disfrutaban del helado en cono.

Durante unos minutos ninguno dijo nada. Solo caminaban al mismo ritmo, disfrutando del silencio cómodo y la brisa.

Hasta que Cristian rompió el hielo, mirando el camino al frente. —¿Puedo hacerte una pregunta personal, Emily?

Emily lo miró de reojo. —Claro, dime.

Él habló con absoluta naturalidad, pero con una chispita de curiosidad: —¿Tienes algún novio celoso esperándote o escondido en algún lugar de la ciudad?

Emily estuvo a punto de atragantarse con el bocado de helado.

—¡¿Novio?! Por supuesto que no, el último chico con el que Sali fue el día de mi graduación de bachillerato, luego me dedique a estudiar y no había tiempo para otras cosas, las chicas se ríen de mí.

porque no he tenido pareja, Dice que debo ser la única virgen de 25 años que hay en el país, pero con lo que he visto que han pasado ellas, es suficiente para ni siquiera intentarlo.

Cristian sonrió de lado, divertido por la reacción. —La pregunta era solo simple curiosidad profesional; yo creía que eras muy aventurera, porque no cualquier chica se va a vivir a otra ciudad por un trabajo.

Bueno, este lugar es ideal para conocer a algún vaquero respetuoso que te haga cambiar de opinión, quizá algún doctor que conozcas —dijo, soltando una carcajada.

Ella negó firmemente con la cabeza, sonriendo.

—Aventurera yo? No, para nada, todo lo contrario, hace muchísimo tiempo que no salgo con nadie, y ninguno de los chicos con los que Sali en el pasado me dieron la confianza que se necesita para entablar algo más, quizá creas que soy un bicho raro, pero yo sigo creyendo que uno debe esperar a la persona correcta…

aunque debo admitir que tuve una muy mala experiencia con uno de ellos, y eso me desato un miedo que no puedo evitar.

Emily dejó ir un suave suspiro. —y después la verdad... después de que mi mamá nos abandonó cuando éramos muy jóvenes... —Bajó un poco la mirada hacia su helado—. Sentí que tenía la responsabilidad absoluta de cuidar a Abby.

Cristian la escuchaba con profunda atención y respeto. —Ella era más pequeña, estaba muy asustada por todo lo que pasó en casa, así que... —sonrió con una pizca de nostalgia—... me convertí un poco en su hermana mayor y un poco en su mamá sustituta.

Miró la barquilla antes de continuar: —Entre estudiar enfermería, trabajar turnos dobles para pagar las cuentas y hacerme cargo de la casa y de ella... —Se encogió de hombros—. Nunca tuve tiempo ni cabeza para pensar en relaciones sentimentales.

Cristian permaneció unos segundos en silencio, procesando sus palabras. Después le dedicó una sonrisa llena de comprensión. —Entonces resulta que nos parecemos bastante en eso.

Emily levantó la vista, sorprendida. —¿En serio?

Él asintió suavemente. —En mi caso... —Sonrió con inmenso cariño—. Siempre termino haciéndome cargo de Diana, mi hermana menor.

Emily recordó inmediatamente a la alegre, risueña y chispeante hermana de Christian.

—Es una muchacha muy linda.

—Si lo es —coincidió él, soltando una pequeña risa—.

Aunque también sabe perfectamente cómo volverme loco cuando se lo propone, desde pequeños, como mis padres estaban absorbidos por el trabajo del rancho, siempre fui el encargado de recogerla en la escuela, ayudarla con las tareas o cuidarla en sus berrinches.

Emily sonrió con ternura. —Supongo que por eso es tan cercana a ti, te ve como su héroe. Christian asintió con orgullo silencioso. —Es prácticamente mi sombra.

Emily lo observó de perfil unos segundos, disfrutando de su compañía. —¿Y cuidar a Diana tampoco te dejó tiempo libre para tener novia?

Christian rio de buena gana, recordando sus años de juventud.

—Digamos que, entre la exigente carrera de medicina, las guardias nocturnas en el hospital, el internado y una hermana pequeña que siempre encontraba la forma de meterse en líos...

—Negó divertido—. ...el romance nunca fue una prioridad en mi lista, hasta hoy…

Emily sonrió con profunda calidez.

—Qué curioso...—Que los dos pasamos tantos años cuidando incondicionalmente de alguien más... —Hizo una breve pausa, mirándolo a los ojos—... que se nos olvidó por completo cuidar un poquito de nosotros mismos, vivir nuestra propia vida…

Christian la miró en silencio. Aquellas palabras sencillas e intuitivas calaron profundo en él, haciéndolo reflexionar.

Después de unos segundos sostenidos en los que el tiempo pareció detenerse a su alrededor, él le sonrió con un brillo especial en la mirada.

—Tal vez ya sea el momento para empezar a cambiar eso … .

La serenidad de la noche se hizo pedazos. Había una tensión contenida entre los dos que llevaba semanas exigiendo salir a la superficie, una chispa latente, y un deseo sofocado que por fin rompía el control.

Emily levantó la vista, atrapada por la intensidad oscura en los ojos de Cristian, y un escalofrío le recorrió la espalda cuando él inclinó la cabeza, acercando sus labios a la comisura de su boca sin llegar a tocarla del todo.

—Llevo todo el día intentando concentrarme... y lo único que tenía en la cabeza era esto —susurró él, con la voz áspera y baja, antes de que ella pudiera responder, Cristian acortó la distancia con una necesidad arrolladora.