Capitulo 35 La caminata
Emily bajó la vista hacia su atuendo actual llevaba una vieja pijama de cuadros desteñida, unas pantuflas acolchadas y el cabello recogido de cualquier manera en un matorral despeinado.
Se echó a reír ante la sola idea. —¡Así definitivamente no voy a ninguna parte!
Cristian sonrió con calidez. —Puedo esperar afuera sin problema.
Ella levantó un dedo en actitud negociadora —Dame diez minutos…
—Trato hecho…. Emily salió prácticamente corriendo hacia el interior de la casa, haciendo sonar las pantuflas contra la madera. Al entrar a la cocina a toda prisa, Abigail la miró con absoluta sorpresa. Estaba sacando un molde de pastel recién horneado.
—¿Qué pasó? ¿Por qué tanta prisa? Emily abrió rápidamente el clóset del pasillo.
—Nada, nada, solo voy a cambiarme de ropa súper rápido.
Abigail dejó el molde sobre la mesa, cruzándose de brazos con intriga. —¿A dónde vas con tanta prisa?
Emily respondió mientras buscaba frenéticamente unos jeans limpios entre sus cajones. —A caminar un rato. Abigail parpadeó, desconcertada. —¿Tú? ¿A caminar voluntariamente?
Emily siguió revolviendo la ropa sin mirarla. —Sí, a tomar el aire fresco. Su hermana comenzó a reírse con ganas. —Pero si tú odias hacer ejercicio sin motivo.
Emily se encogió de hombros, poniéndose los pantalones. —Pues hoy me dieron ganas. Abigail apoyó ambas manos en la cintura, mirándola con los ojos entrecerrados. —A ver, habla... ¿Qué mosquito te picó?
Emily levantó la cabeza, despeinándose al acomodarse la blusa, y soltó una sonrisa delatadora. —Voy a caminar con Cristian.
Abigail hizo una expresión exageradamente comprensiva y traviesa. —Ah... —Alargó la palabra con una enorme sonrisa socarrona—. Con razón tanta prisa y tanto entusiasmo. Emily tomó un cojín del sofá y se lo lanzó directamente a la cara. —¡No empieces a molestar,
Cinco minutos después, Emily salió a la sala lista: llevaba unos jeans ajustados, una blusa azul claro que resaltaba su tono de piel, tenis blancos impecables y una coleta alta muy bien peinada. —¿Ya me veo menos espantosa?
Abigail la observó detalladamente de arriba abajo con aprobación. —Te ves muchísimo mejor. —Luego añadió con pura picardía, olfateando el aire—: Y hasta te perfumaste con el perfume caro, del que usas en tus citas… y solo para caminar…quien no diría
Emily abrió mucho los ojos, sintiendo el rubor en las mejillas.
—¡Ay, adiós! Mejor me voy antes de que sigas haciendo comentarios que no son ciertos.
Salió de la casa dando un portazo antes de escuchar otra broma pesada.
Abigail se quedó sola en la cocina riéndose a carcajadas.
—Ay, hermanita...creo que ya te atrapó el doctor, aunque bueno, por algo nos mudamos 100,000 kilómetros… es lógico.
Cristian seguía esperándola pacientemente al pie de la escalera frente a la casa. Cuando la vio salir radiante por el porche, sonrió de par en par. —Ahora sí esto sí que fue todo un cambio.
Emily bajó los escalones de madera, acomodándose la coleta. —Perdón por hacerte esperar.
—No fue mucho tiempo, pero sin duda valió la pena, en ese momento ella se sonrojo por el comentario y sintió como un ligero temblor se subía por su cuerpo con una emoción que hacía mucho tiempo no reconocía…
Comenzaron a caminar a paso tranquilo por la apacible calle principal del pueblo.
El aire de la tarde era fresco y agradable varias familias que descansaban en los porches de sus casas los saludaban cordialmente al verlos pasar juntos.
Después de unos minutos de caminata relajada, Christian señaló un pequeño negocio de fachada rústica pintado de un alegre color amarillo en la esquina de la plaza. —¿Te gusta el helado?