Capítulo 33 Concentrémonos.
Ella le devolvió una sonrisa genuina. —No tienes nada que agradecerme. Luego señaló la computadora portátil que seguía cerrada sobre la mesa, cambiando el tono.
—Ahora sí, amigo... —Su expresión volvió a ser cómplice y divertida—. ¿Empezamos a preparar esa famosa plática para los niños? Ray soltó una risa ligera.
—Sí, maestra usted ordena, pero antes... Ella lo miró intrigada y Ray sonrió de oreja a oreja con una chispa de travesura. —Déjame disfrutar cinco minutos más recordando la cara de tonto que puso Bane cuando lo regañaste y lo mandaste a volar.
Sara no pudo contener la risa y ambos volvieron a reír juntos, mientras el ambiente del restaurante recuperaba poco a poco su bullicio habitual.
Aquella tarde, sin que ninguno de los dos lo buscara activamente, la confianza y el afecto entre ellos habían dado un paso agigantado hacia algo mucho más profundo.