Capitulo 31 Mi pasado
Al principio estaba entusiasmada por el tamaño del rancho, que es el más grande del entorno; luego mi padre me dio una de las casas que se usan de barracón y se entretuvo decorándola mientras yo trabajaba, pero con el tiempo todo cambió…
Su expresión cambió lentamente a una más seria, —Porque ella en realidad odiaba este lugar, tenía la errónea idea de que éramos ricos, quería que nos fuéramos a la ciudad, decía que el rancho era un sitio aburrido, que aquí nunca pasaba nada interesante y que yo estaba desperdiciando mi juventud y mi profesión en el campo.
Hizo una breve pausa.
—Su padre era un empresario muy rico de la ciudad y quería darme un puesto importante en una de sus empresas agroindustriales.
Sara ya se imaginaba perfectamente hacia dónde iba la historia.
Ray asintió lentamente: —La condición para estar con ella, era irme del pueblo, dejar el rancho y alejarme de mi familia.
—Negó con firmeza—. Nunca pude aceptarlo, y con el tiempo decidió empezar a salir a divertirse ella sola al pueblo, iba todos los días, yo prefería no saber que ocurría en esas salidas, pero en este lugar siempre alguien te lo dice, aunque no quieras, la gente decía que tenía otro novio ahí, luego me enteré de que era June, pero...
supongo que no era nada serio porque un día vino una caravana ecuestre dirigida por un magnate de negocios, ese hombre la invito a irse de gira con él como su pareja y ella simplemente se fue sin siquiera despedirse de mi…
. cuando yo intenté buscarla para pedirle explicaciones, simplemente dijo que yo era un don nadie y ella estaba destinada a la grandeza y cortó la llamada.
Sara sonrió con infinita suavidad y admiración. —Entiendo porque no te fuiste a la ciudad con ella, porque este lugar es tu hogar, creo que hiciste lo correcto, a veces nos aferramos a personas que no merecen nuestra consideración …
—Sí, y mi familia es mi vida entera. —Miró hacia la acera—. Cuando terminé con Kenia... tampoco les conté la verdadera razón de la ruptura a nadie en el rancho, aunque los rumores corren muy rápido y al final también se enteraron.
Sara lo observó con curiosidad.
—¿No les contaste, por vergüenza también? Ray asintió, rascándose la mejilla.
—Sí, pensé que me verían como un tonto por haber aguantado tanto, John no la puede ver ni en pintura, Él siempre me lo advirtió, pero yo no quise escucharlo…. Los dos permanecieron en un silencio cómodo durante unos segundos, conectando sus miradas.
Entonces Sara sonrió con coquetería y calidez. —Qué curioso...
Ray levantó la vista. —¿Qué cosa?
—Dos personas que ocultaron la verdad por pena y vergüenza... —Levantó su taza de café en tono de brindis improvisado— ...terminaron contándosela casi de corrido a un supuesto desconocido.
Ray sonrió de medio lado, mirándola fijamente a los ojos con una chispa especial. —Creo que a partir de hoy ya no somos tan desconocidos, preciosa.
Sara sostuvo su mirada durante unos segundos y, sin darse cuenta, aquella frase y la forma en que él la miraba le produjeron una cálida y hermosa sensación en el pecho.
Tal vez porque, por primera vez desde que ambas habían llegado a ese pequeño pueblo buscando refugio, sentían que estaban frente a alguien capaz de comprender sus heridas sin juzgarlas en absoluto.
Y esa confianza nacía con una naturalidad tan profunda que ninguno de los dos esperaba encontrar tan pronto.