Capítulo 25 Cielo Despejado
El domingo amaneció con un cielo completamente despejado y azul intenso sobre las hectáreas del rancho Bulls Cowboys. A las cinco de la mañana en punto, como era estricta costumbre familiar, la voz potente de Frank Petersen retumbó por los pasillos y escaleras de la casa grande:
—¡Arriba, bola de flojos! ¡Las vacas no se alimentan solas! Un coro inmediato de quejas ahogadas y sábanas revolviéndose se escuchó desde las habitaciones del segundo piso.
—¡Ya vamos! —gritó John con la voz ronca por el sueño.
—¡Cinco minutos más, papá! Es domingo en todos lados es un día de descanso —protestó Ray tapándose la cabeza con la almohada.
—¡Tienes solo un minuto más! —respondió Frank sin piedad desde la planta baja. Cinco minutos después, todos estaban reunidos desayunando alrededor de la enorme mesa de la cocina.
Luke apareció en la mesa luciendo una sonrisa boba e imposible de borrar del rostro, John lo observó en silencio unos segundos antes de darle un certero codazo a Ray por debajo de la mesa.
—Míralo nada más parece un idiota a toda regla... Ray levantó la vista de su plato de huevos con tocino. —¿Qué le pasa? John señaló discretamente a Luke con la cabeza.
—Sonríe hasta cuando mastica la comida, pareciera que le regalaron el rancho entero, y en realidad lo único que se va a llevar es a la mujer más malhumorada que conozco... Ray soltó una carcajada limpia.
—Es totalmente cierto. Frank dejó la taza de café humeante sobre la mesa y los miró con el ceño fruncido.
—¿Se puede saber de qué se ríen tanto ustedes dos?
Ray respondió inmediatamente sin pensarlo dos veces: —Del futuro mandilón oficial de la familia, señor.
Toda la mesa estalló en una oleada de risas, Luke negó con el cabeza divertido mientras untaba mantequilla sobre una tostada de pan. —Qué envidia me tienen, de verdad.
Frank intervino desde la cabecera con tono burlón: —No es envidia, muchacho, es que es evidente que ya te domesticaron por completo.
Cristian que acababa de entrar por la puerta, y que fue recibido con una taza humeante por su madre, tomó un sorbo de café antes de añadir con la calma de siempre: —Eso pasó hace mucho tiempo, tío. Solo que apenas se está haciendo oficial.
John fingió observarlo con profunda atención analítica. —¿Dónde quedaron esos días en que este sujeto decía a grito abierto que jamás se casaría?
Ray levantó la mano como testigo en un juicio. —Yo fui testigo, hasta juró solemnemente que prefería dormir con sus caballos en el establo antes que compartir una cama con una mujer, claro que todavía ni conocía a mi hermana, porque cuando lo hizo toda su cordura se fue por el caño.
Luke señaló a sus primos con el cuchillo de la mantequilla en el aire. —La gente cambia, imbéciles, además no creo que hubiera sido mi elección que ustedes fueran mis cuñados, después de irme con ustedes de juerga tantas veces.
Ray sonrió con una picardía absoluta. —No, la gente no cambia. La gente se enamora... y luego se vuelve rematadamente mandilón, las carcajadas llenaron nuevamente la cocina, Incluso el severo Frank terminó soltando una risa ahogada detrás de su taza.
Vicky apareció en ese momento cargando una bandeja humeante llena de panqueques recién hechos. —Déjenlo en paz, que envidiosos son…. Ya quisieran tener a una novia como mi niña…
Jandy añadió una jarra con más café caliente. —A mí me encanta verlo así de feliz, todavía recuerdo cuando llegó al rancho con su padre, era un chico muy bien portado y respetuoso, pero ustedes lo corrompieron sin duda… Luke sonrió agradecido a su nueva tía.
—Gracias, tía Jandy, ven par de imbéciles ellas sí me entienden… John volvió a la carga, inclinándose sobre la mesa: —Admítelo, Luke. Dentro de un mes ya no podrás ir al pueblo ni a tomar una cerveza sin pedir permiso firmado.
Luke levantó ambas manos con un gesto de total rendición. —Si eso significa despertar todos los días de mi vida junto a Mónica... —Sonrió ampliamente con genuino orgullo—. Firmo el contrato ahora mismo.
Todos en la mesa hicieron sonidos exagerados de burla y dramatismo. —¡Qué cursi! —¡Ya denle un delantal rosa! —¡Y un mandil bordado con sus iniciales! Luke simplemente siguió sonriendo sin que nada de lo que le dijeran pudiera arruinarle el humor.
Después del desayuno, el rancho recuperó su ritmo acelerado y habitual.
Ray recorría los corrales traseros revisando un becerro recién nacido que había amanecido con algo de fiebre, John revisaba unas facturas de alimento en la oficina antes de salir a supervisar la logística, y Cristian ya se encontraba en la clínica atendiendo sus primeras citas, cuando Luke trabajaba silbando alegremente mientras entrenaba a un potro joven en la pista central.
Los demás vaqueros del rancho no desaprovechaban la menor oportunidad para molestar al novio cada vez que pasaban cerca. —¡Eh, novio! —¿Ya escogiste el color de las cortinas para la casa?
Luke levantó la vista del caballo y soltó una carcajada abierta. —¡Todavía no, muchachos! Acepto sugerencias y regalos de boda…
Otro vaquero le gritó desde la cerca: —¡Pregúntale primero a Mónica para que no te regañen! Las risas volvieron a escucharse entre los establos, Luke simplemente negó divertido, volviendo a lo suyo. —Háganle caso al ganado y déjenme trabajar tranquilos.
—¡Sí, señor mandilón! —gritaron varios al mismo tiempo antes de dispersarse.
Horas después, ya entrada la tarde, Ray decidió darse una vuelta por el pueblo con el pretexto de comprar unos insumos, aunque en realidad solo buscaba la oportunidad de ver a Sara, aunque fuera de lejos.