Capítulo 24 De vuelta en Casa
Cuando la pesada puerta de roble de la casa se cerró y el cerrojo pasó con un chasquido metálico, Sara dejó escapar un largo y dramático suspiro de satisfacción.
—Bueno...Se quitó las botas de tacón con un gesto de alivio inmediato y las dejó acomodadas junto a la entrada, —Creo que esta ha sido oficialmente una de las mejores noches de mi vida, nunca creí encontrar a otra persona que me gustara tanto…
Emily dejó su bolso sobre la mesita del recibidor, una enorme y delatadora sonrisa seguía iluminando su rostro por completo. —Fue maravillosa, Cris es un tipo excelente, es guapo divertido, atento… —admitió suspirando.
Abigail asintió con una expresión relajada mientras caminaba hacia la barra de la cocina y se servía un vaso de agua fresca. —Yo no recuerdo la última vez que me reí tanto y me sentí tan en paz.
Sara avanzó por la sala y se dejó caer sin contemplaciones sobre el viejo sofá, que volvió a crujir ruidosa y exageradamente bajo su peso.
Las tres estallaron en una carcajada limpia y sonora que retumbó en las paredes de madera.
—¡Hasta este sillón quiso participar en la fiesta! —bromeó Emily señalando el mueble.
—Pobre mueble —rio Abigail, dándole un trago a su vaso—. Cada día protesta más por nuestra culpa. Cuando las risas se apagaron gradualmente y la calidez del hogar las envolvió, Emily miró a sus primas con los ojos llenos de ilusión.
—¿Saben qué fue lo que más me gustó de todo?
—¿Qué? —preguntó Sara, recargando la cabeza en el respaldo.
—Que por unas cuantas horas... —hizo una breve pausa, sintiendo un nudo de alivio en la garganta—... me olvidé por completo de todas las preocupaciones y los fantasmas que traíamos encima.
Abigail sonrió con infinita ternura, recordando cómo la risa de John la había hecho olvidar el miedo por un momento. —Yo también. Realmente me hacía falta algo así.
Sara cruzó las piernas sobre el sofá, jugando con un mechón de su cabello pelirrojo. —Y esos Petersen... —negó divertida, soltando una risita—... son un desastre completo.
Emily rio por lo bajo, acordándose del doctor intentando llevar el ritmo en la pista. —Pero un desastre muy, muy divertido. Y guapo, no lo podemos negar.
Abigail levantó su vaso de agua en el aire. —Brindo por más días como este, y por nosotras. Las tres chocaron sus vasos de cristal entre risas cómplices y miradas llenas de esperanza.
Afuera, en la tranquilidad de la carretera, el sonido distante de los motores de las dos camionetas alejándose rompió por un instante el silencio de la noche texana.
Sin saberlo, tanto las tres chicas en la sala como los tres vaqueros que regresaban al rancho Bulls Cowboys compartían exactamente el mismo pensamiento en la mente.
Esperaban con ganas que aquella no fuera, ni de lejos, la última noche que pasaran juntos de alguna manera misteriosa, todos sentían que el destino acababa de reunirlos por una razón muy poderosa que apenas estaba por descubrirse