Capítulo 22 Risas y Alcohol
La celebración continuó durante un buen rato más, envuelta en un ambiente festivo e inolvidable las risas no cesaban en la mesa principal, los brindis con cerveza y refresco seguían llegando sin parar para Luke y Mónica, quienes apenas podían creer la cantidad de abrazos, palmaditas en la espalda y felicitaciones efusivas que recibían de cada habitante del pueblo que pasaba a su lado.
Rosy le subió un par de rayas al volumen de la música country y varias parejas entusiasmadas volvieron a llenar la pista de baile.
Sin embargo, las horas pasaron volando, casi sin que nadie alrededor se diera cuenta.
Emily miró discretamente el reloj de pared con marco de madera que colgaba sobre la barra del bar.
Las agujas marcaban casi la medianoche. Se inclinó un poco hacia Christian, rozando sutilmente su hombro. —Creo que ya es tarde.
Él dejó el vaso de refresco sobre la mesa y la miró a los ojos con calidez. —Tienes razón. Emily sonrió con cierta timidez. —Mañana tenemos que trabajar en la clínica.
Christian soltó una pequeña risa baja, acomodándose las mangas de la camisa. —Y varios de nuestros pacientes seguramente no aceptarán como excusa médica que nos desvelamos celebrando un compromiso, y probablemente este medio pueblo para enterarse de primera mano del chisme completo también.
Ella negó divertida, sacudiendo la cabeza.
—Definitivamente no creo que nos excusen por llegar tarde y si no contamos lo ocurrido aquí nos lincharían en el pasillo Cristian se puso de pie con elegancia, acomodándose el cinturón.
—Entonces será mejor que las llevemos a casa antes de que se haga más tarde.
John y Ray, que conversaban animadamente con Abigail y Sara entre risas y coqueteos disimulados, levantaron la vista al escucharlo ponerse de pie.
—¿Ya nos vamos? —preguntó John, interrumpiendo la historia que le contaba a Abby.
—Sí —respondió Christian con firmeza de hermano mayor—.
Si no nos vamos ahora, mañana nadie podrá levantarse a tiempo.
Ray asintió con una mueca de resignación, frotándose la nuca. —Tiene todo el sentido del mundo. Christian hizo una seña con la mano hacia la barra para llamar a Rosy. La muchacha se acercó con una sonrisa radiante tras la bandeja. —¿Ya se van tan temprano?
—Sí, hay que descansar. ¿Cuánto es de la cuenta? Rosy negó rotundamente con la cabeza.
—La mitad de las hamburguesas y las bebidas las invitó Luke por la celebración, así que no te preocupes Cristian sonrió de lado, sacando su billetera del bolsillo trasero. —Aun así, déjame pagar el resto de la mesa.
Rosy intentó protestar, levantando las manos. —Cristian, de verdad no es necesario...
—No acepto un no por respuesta, Rosy —insistió el médico con voz suave pero firme.
Ella suspiró resignada, aunque con una sonrisa afectuosa.
—Está bien, doctor. Siempre te sales con la tuya.
Mientras Rosy preparaba la nota en la barra, John se inclinó un poco hacia Ray, susurrándole al oído: —Nuestro querido primo siempre hace exactamente lo mismo.
Ray sonrió de medio lado, observando la escena. —Y nunca, jamás en la vida, deja que nadie más pague la cuenta cuando él está presente. Cristian regresó a la mesa unos minutos después, guardando la billetera. —Listo. Vámonos.
Luke, que estaba abrazado a Mónica por la cintura, se acercó rápidamente al grupo.
—¡Hey! ¿Ya se van? Christian le dio un abrazo fuerte y sincero a su primo.
—Los dejamos disfrutar tranquilos de su compromiso. Ya estuvo bueno de tanta gente.
Luke sonrió con profunda gratitud.
—Gracias por venir a acompañarnos, Cristian significa mucho. Mónica se acercó radiante. Abrazó primero a Emily y luego a Abigail y a Sara con verdadero cariño. —Me alegró muchísimo que estuvieran aquí esta noche.
—A nosotras también —respondió Sara con sincera emoción, devolviéndole el abrazo—. Estuvo increíble. Abigail le dedicó una sonrisa dulce. —Felicidades otra vez a los dos. —Gracias, chicas.
Después de despedirse de toda la ruidosa familia Petersen, los seis salieron juntos del bar hacia el estacionamiento.