Capítulo 21 Celebración
El bar entero estalló en un rugido de aplausos, vivas y vítores, alguien en la barra gritó a todo pulmón: —¡Salud por los novios! Y, como si fuera una sola voz coordinada, todos los parroquianos levantaron sus vasos y jarras de cerveza en alto: —¡¡SALUD!!
Las botellas chocaron unas con otras por todo el salón.
, los aplausos resonaron con fuerza. Mónica subió al escenario corriendo y riendo, lanzándose a los brazos de Luke, Él la levantó un segundo en el aire y la besó tiernamente en la frente.
Cuando el alboroto disminuyó un poco, ella tomó el micrófono de las manos de su prometido, radiante.
—¡Muchísimas gracias a todos! —Sonrió conmovida—. Nos casaremos dentro de... —miró a Luke con coquetería—... tres meses.
Toda la familia Petersen volvió a aplaudir con fuerza, pero Luke, aprovechando que la atención bajaba un poco, se inclinó discretamente hacia el oído de Mónica, con una sonrisa socarrona y sumamente traviesa, murmuró: —¿Y si mejor lo hacemos antes, preciosa?
Ella lo miró extrañada, arqueando las cejas. —¿Antes? ¿Por qué la prisa?
Luke carraspeó con fingida inocencia, bajando aún más la voz para que solo ella escuchara: —Bueno...
¿qué tal si esta noche nos dejamos llevar y algún bebé decide adelantarse a nuestros planes de tres meses?
Mónica abrió muchísimo los ojos, sintiendo que la sangre le subía de golpe a la cara.
Su rostro se volvió completamente rojo como un tomate.
Le dio un certero pero cariñoso codazo en las costillas. —¡Luke Petersen! ¡Eres un descarado!
Él soltó una risa limpia e inocente. —Solo digo que hay que ser previsores, mi amor.
Mónica escondió el rostro un segundo entre las manos, muriéndose de la vergüenza mientras toda la familia intentaba adivinar qué le había susurrado el descarado del novio para ponerla así.
Finalmente, volvió a acercarse el micrófono a los labios, todavía con las mejillas ardiendo.
—Está bien... —miró a todos con una mezcla de rubor y profunda felicidad—.
¡La boda será dentro de un mes y medio! Durante un segundo hubo un silencio atónito por el cambio repentino de fecha.
Y después... El Longhorn Salón simplemente explotó en gritos, chiflidos salvajes y aplausos ensordecedores.
—¡¡ESO!! —¡¡ASÍ SE HABLA, MUCHACHA!! —¡¡QUE VIVAN LOS NOVIOS!!
Frank levantó su vaso de güisqui con una enorme sonrisa de orgullo en el rostro, Tim abrazó a Luke con fuerza en cuanto bajó del escenario.
Vicky y Jandy lloraban abiertamente de emoción, secándose las lágrimas con pañuelos, Diana brincaba de alegría alrededor de su prima, admirando el destello del anillo una y otra vez, mientras Adam sonreía al ver la algarabía desbordada de la familia.
En una mesa cercana, Emily, Abigail y Sara observaban aquella escena desbordante de amor y unión con los ojos brillantes y el corazón conmovido. Emily habló en voz baja, fascinada: —Nunca en mi vida había visto a una familia celebrar con tanta pasión y alegría.
Abigail sonrió con infinita ternura, buscando con la mirada a John. —Ahora entiendo perfectamente por qué siempre están riendo. Tienen el corazón enorme.
Sara contempló a los Petersen, todos abrazados en un tumulto caótico alrededor de Luke y Mónica, sin apartar la vista de Ray, que reía a carcajadas a unos metros, murmuró con voz suave:
—Creo que sin buscarlo... acabamos de encontrar el lugar exacto donde siempre debimos haber estado.
Y mientras la música country volvía a resonar con fuerza y todo el bar seguía brindando por el compromiso, en medio del alboroto y las felicitaciones, Rosy apareció a paso decidido junto a la mesa.
Traía una bandeja con tragos y una sonrisa maliciosa y vibrante dibujada en los labios.
Se detuvo justo al lado del grupo de las chicas —Sara, Emily, Abby y la futura novia— y apoyó una mano en la cadera, mirando al resto con complicidad.
—Bueno, bueno, ¡felicidades a los novios! —dijo Rosy alzando la voz con coquetería—. Pero escucharon muy bien, ¿no? ¡Tres meses pasan volando!
Rosy se inclinó hacia Mónica y el resto de las chicas, bajando un tono la voz, pero manteniendo esa chispa traviesa en la mirada.
—Chicas, esto significa una sola cosa: tenemos que organizarle a Mónica una despedida de soltera en toda regla. Nada de reuniones aburridas, el próximo viernes, este bar se cierra solo para nosotras. Chicas, música, copas y cero hombres a la redonda.
Mónica abrió mucho los ojos, entre divertida y sorprendida, mientras Sara y Emily cruzaban miradas cómplices. Abby soltó una carcajada limpia y entusiasmada. —¡Me apunto sin dudarlo! —exclamó Abby, levantando su copa.
Sara le sonrió a Mónica, guiñándole un ojo. —Claro que sí, cuenta con nosotras, Rosy. Nos vamos a encargar de que Mónica no se olvide jamás de esa noche.
Emily también se unió a las risas, asintiendo entusiasmada. —Por supuesto que sí, es un hecho. ¡Habrá fiesta de chicas el viernes!
Mónica terminó riendo a la par con todas, totalmente entregada a la idea del festejo, mientras los muchachos en la mesa intercambiaban miradas de preocupación fingida, sabiendo que cuando las mujeres de ese pueblo se juntaban a celebrar, la noche prometía ser inolvidable.