Capítulo 20 Campanas de Boda
La música seguía llenando cada rincón del Longhorn Salón mientras las parejas regresaban poco a poco a la mesa entre risas, secándose el sudor de la pista y reacomodando las sillas.
John apartó con exagerada elegancia una silla para Abigail.
—Sobreviviste a tu primera canción country, doctora.
Y lo hiciste con un valor digno de medalla.
Ella sonrió divertida, acomodándose el vestido verde. —Y tú sobreviviste milagrosamente a que te pisara cinco veces las botas. John arrugó la nariz, contando con los dedos.
—Solo fueron cuatro, la quinta fue un simple rozón.
—Fueron cinco bien puestas —aseguró ella.
Ray, que se acomodaba al lado de Sara acomodándose el sombrero, intervino sin piedad: —Como testigo, puedo confirmar oficialmente que fueron cinco lisiadas de pie.
John lo miró con absoluta indignación. —Eres un traidor hermano, te vendes al enemigo por una sonrisa.
Antes de que pudieran seguir bromeando, las puertas batientes del bar se abrieron de par en par.
Frank Petersen fue el primero en entrar, imponiendo su porte de patriarca.
Detrás de él caminaban Tim, Vicky y Jandy, luciendo sus mejores galas para la ocasión, y un poco más atrás aparecieron Diana y Adam.
La joven observó el lugar con los ojos muy abiertos, fascinada por el bullicio, las luces y la música en vivo. —¡Qué bonito está todo!
Adam sonrió de lado, manteniéndose a una distancia respetuosa. —Te dije que los sábados el Longhorn se pone increíble.
Frank divisó inmediatamente a la ruidosa comitiva de muchachos cerca de la pista y levantó la mano en el aire. —¡Por aquí!
Los jóvenes respondieron al saludo entre aplausos. —Vengan a sentarse con nosotros —les gritó Frank, señalando una mesa grande que acababan de desocupar.
Diana apenas miró la mesa de los adultos y puso una expresión de absoluto y cómico horror juvenil. —¿Sentarme con ustedes? Ni loca. Tim arqueó una ceja, cruzándose de brazos. —¿Algún problema con la compañía de tu padre, jovencita?
Diana sonrió con la inocencia más falsa del mundo.
—Ninguno, papi... pero allá hay más ambiente.
Sin esperar réplica, la muchacha salió prácticamente corriendo hacia la mesa donde estaban Christian, Ray, John, Mónica y las chicas.
—¡Hola a todos! —se dejó caer en una silla vacía junto a sus primos con total frescura.
John comenzó a reírse al ver la maniobra de evasión. —¿Escapando del control parental tan temprano?
—Prefiero mil veces estar con la juventud rebelde —dictaminó Diana. Adam llegó detrás y saludó con impecable educación: —Buenas noches a todos.
—Buenas noches, Adam —respondieron varios al unísono mientras él tomaba asiento de forma atenta cerca de Diana. Mientras tanto, en la mesa de los mayores, Tim miró alrededor contando cabezas. —¿Y los enamorados?
Vicky también buscó con la mirada por todo el salón. —Es cierto... No veo por ningún lado a Luke ni a Mónica. Frank comenzó a fruncir el ceño, apretando la mandíbula. —¿Dónde demonios se metieron esos dos?
Vicky intentó tranquilizar a su esposo poniéndole una mano en el brazo. —Seguramente están afuera hablando, Frank, no seas paranoico. Pero Frank ya se había puesto de pie con cara de pocos amigos. —¡John! —retumbó su voz por encima de la música.
Prácticamente medio bar volvió la cabeza. John levantó una mano, tragándose la risa.
—¿Sí, papá?
—Ve a buscar a tu hermana de inmediato. John suspiró, pasándose la mano por la nuca.
—Está bien, papá... pero dales oportunidad de llegar primero, no se pueden haber ido muy lejos, no hay tanto matorral afuera dijo haciendo que todos sonrieran pícaramente.
Vicky tomó del brazo a su esposo con firmeza.
—Frank, por favor deja de hacer el ridículo, relájate y siéntate.
Jandy hizo lo mismo con Tim, que ya amagaba con levantarse.
—Déjenlos en paz ya son adultos y saben lo que hacen.
Los dos hombres resoplaron a regañadientes, aunque seguían mirando fijamente hacia la puerta como centinelas.
Fue entonces cuando las puertas volvieron a abrirse.
Luke apareció primero, llevaba una enorme sonrisa radiante, totalmente imposible de disimular, y, tomada firmemente de su mano, venía Mónica, ella tenía las mejillas encendidas, los ojos ligeramente brillantes de emoción y una expresión de absoluta plenitud.
Luke caminó a paso decidido directamente hasta la mesa de los adultos. Frank cruzó los brazos, manteniendo la postura severa. —¿Se puede saber dónde estaban?
Luke sonrió de lado, con esa chispa de coquetería descarada que siempre lo salvaba. —Cambié de parecer con el plan original, señor. Todos lo miraron confundidos. —¿Cómo que cambiaste de parecer? —preguntó Tim, arrugando la frente.
Luke respiró profundamente, hinchando el pecho, miró a Mónica con una devoción que no necesitaba palabras y después volvió la vista hacia toda la familia reunida. —Ya está hecho.
Mónica, con el corazón latiéndole a mil por hora, levantó lentamente la mano izquierda, un brillante anillo de compromiso relució de forma espectacular bajo las luces cálidas del bar.
Vicky soltó un pequeño chillido de emoción pura, llevándose las manos a la boca.
—¡Ay, Dios mío santo! —Se levantó inmediatamente de la silla para envolver a su hija en un abrazo apretado—.
¡Déjame verlo! ¡Déjame verlo! Mónica, riendo con lágrimas de felicidad en los ojos, le acercó la mano. —¿Te gusta, mamá?
—¡Es precioso, mi amor! ¡Es perfecto! Diana llegó corriendo como un rayo desde la otra mesa, empujando a los primos.
—¡Yo también quiero verlo! —Tomó delicadamente los dedos de su hermana—. ¡Está hermoso! ¡Luke se lució! Jandy también sonreía emocionada, secándose una lágrima discreta con una servilleta. Mientras tanto, Vicky hizo un pequeño puchero cómico, mirando al novio.
—Yo quería ver el momento exacto de la propuesta... Mónica abrazó a su madre por el talle.
—Lo sé, mamá. Pero es que estaba tan nervioso que le temblaban las manos... Luke carraspeó, acomodándose el saco del traje, algo avergonzado ante la mirada burlona de los muchachos. —Bueno... solo un poco. Mónica soltó una risita maliciosa, guiñándole un ojo a su madre.
—Tuve que ayudarlo en la camioneta con un poco de... persuasión femenina para que se atreviera a soltar la pregunta. Toda la mesa estalló en una oleada de risas y chiflidos.
—Además... —continuó Mónica, mirando alrededor con calidez—... no quería que ese momento tan íntimo fuera en medio del ruido y frente a todo el mundo, queríamos que fuera algo solo para nosotros dos.
Vicky suspiró, derritiéndose por completo. —Está bien, hija eso lo puedo entender y respetar.
En ese preciso instante, Rosy apareció abriéndose paso entre la gente cargando un enorme y espléndido ramo de rosas rojas. Le entregó el ramo a Luke con una sonrisa cómplice. —Creo que esto todavía hace falta para completar la escena, novio.
Luke lo tomó con una sonrisa agradecida. —Gracias, Rosy. Te debo una grande. Rosy señaló con la cabeza hacia el pequeño escenario donde la banda acababa de terminar su set. —Ahora sí. Ve a hacer el anuncio oficial como se debe.
Luke tragó saliva, sintiendo que los nervios volvían a atacar. —¡¿Ahora mismo?! Rosy asintió con autoridad de dueña de casa. —Ahora mismo.
Christian se acercó y le dio una calurosa palmada en la espalda. —Ve, hermano. Ya sobreviviste a la propuesta y al escrutinio de los suegros. Esto será pan comido. Luke tomó aire, caminó hacia el escenario de madera y subió los tres peldaños.
Tomó el micrófono del parante y le dio tres toques suaves para probar el sonido. Tap, tap, tap.
La música de fondo se detuvo de golpe, las conversaciones en las mesas comenzaron a apagarse rápidamente. El bar entero giró la mirada hacia el escenario. Luke sonrió nervioso, ajustándose el sombrero crema. —Buenas noches a todos...
Algunos vaqueros en las mesas respondieron con aplausos y chiflidos entusiastas.
Luke buscó a Mónica entre la multitud y la encontró de pie junto a su familia, mirándolo con los ojos iluminados, entonces, todo el miedo desapareció.
—Quiero contarles algo importante —dijo levantando el ramo de rosas en el aire—.
La mujer más hermosa, maravillosa e insoportable que conozco...
—miró fijamente a Mónica—... acaba de aceptar casarse conmigo.