Un vaquero Timido Capítulo 18 Conociéndonos
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Capítulo 18 Conociéndonos

Al otro lado de la mesa, John aprovechó el momento de calma para inclinarse hacia la joven odontóloga.

—¿Cómo estuvo tu primera semana en el consultorio?

Abigail dejó el menú de bebidas sobre la mesa, mirándolo a los ojos con calidez.

—Mucho mejor de lo que esperaba —El doctor Flanagan tiene muchísimos pacientes, no para en todo el día.

John sonrió con picardía. —Eso significa que no te aburrirás para nada.

—Definitivamente no. La conversación entre ambos comenzó a fluir con sorprendente facilidad y soltura Hablaron del ritmo tranquilo del pueblo, de la ruidosa vida en la antigua casa Morgan y de las marcadas diferencias entre vivir en la agitada ciudad y en una comunidad pequeña donde todos se conocen.

Mientras tanto, Christian decidió aprovechar que Emily estaba sentada justo a su lado, compartiendo el espacio de la banca.

La observó en silencio unos segundos antes de hablar, admirando lo bien que le sentaba el vestido azul claro. —Ahora que no estamos trabajando... Ella sonrió, girándose un poco para mirarlo de frente. —Me di cuenta de que realmente no sé mucho de ti.

Emily apoyó los codos sobre la mesa, sosteniendo su barbilla con las manos en un gesto divertido. —¿Qué quieres saber?

Christian pensó unos segundos, manteniendo una mirada profunda. —Todo lo que quieras contarme.

Ella soltó una pequeña risa encantadora. —Eso es demasiado. Emily jugueteó con el borde de su vaso de agua, organizando sus ideas.

—Bueno... Nací en Dallas, y siempre quise estudiar enfermería pediátrica, me gustan mucho los niños, me fui de casa a los 18 años, y trabaje en 2 trabajos diarios para pagarme la escuela, afortunadamente termine con honores, y me ofrecieron trabajo en un gran hospital, pero no me gustó mucho el ambiente prefiero lugares más pequeños…

Christian sonrió, recordando cómo atendía a los pequeños en la clínica. —Eso ya lo noté, todos los pequeños pacientes te adoran desde el primer día.

Emily bajó la mirada con timidez, sintiendo un leve rubor en las mejillas. —Supongo que me entienden mejor que los adultos.

Christian rio suavemente, fascinado por su franqueza. —¿Y qué haces cuando no trabajas? ¿Tienes algún novio escondido del que deba estar enterado?

Emily lo pensó unos segundos, repasando sus pasatiempos.

—No hay nadie por el momento en mi vida, mi tiempo libre lo dedico a leer o cocinar...

aunque Abby dice que todavía me falta bastante práctica no es lo mío, pero sigo intentándolo en cada comida…

Los dos rieron con ganas. —También me gusta salir a caminar —añadió ella, después lo miró con curiosidad brillante—. Ahora te toca a ti.

Christian apoyó la espalda en el respaldo de la silla, cómodo.

—Nací prácticamente en el rancho de mi familia nunca imaginé vivir en otro lugar que no fuera este, pero estudié medicina porque no me encantaba trabajar de vaquero, así que me esforcé porque quería regresar y ayudar a la gente de aquí, si te das cuenta sigo trabajando en ello.

Emily lo observó con sincero interés y admiración. —Pudiste trabajar en una ciudad grande con un gran sueldo.

Él asintió con calma. —Sí, lo sé, pero este pueblo siempre ha sido mi hogar.

Para mí, la familia es muy importante. Ahora mi meta es formar una propia, para que en un futuro puedan disfrutar de lo que yo viví cuando era niño.

Durante unos segundos permanecieron en un silencio cómodo, mirándose a los ojos con una tranquilidad y una conexión que ninguno de los dos había sentido en mucho tiempo.

Aprovechando que la música suave del bar llenaba el ambiente y que el resto de la mesa estaba distraído con las bromas de los muchachos, Christian acercó un poco más su silla a la de Emily.

La observó fijamente, con esa mirada tranquila de médico que parece leerlo todo, pero con un toque de picardía que rara vez mostraba en la clínica.

—Tengo que hacerte una consulta formal —dijo Christian en tono confidencial, inclinándose lo suficiente para que solo ella pudiera escucharlo. Emily arqueó una ceja, divertida, sosteniendo su vaso de agua con ambas manos.

—A ver, doctor... ¿cuál es? Espero que no sea nada grave.

—Depende de cómo lo veas —Christian sonrió de lado, apoyando un codo sobre la mesa—.

Presento síntomas de aceleración cardíaca injustificada desde que salimos de la casa.

Y me temo que la causa está sentada justo a mi lado con un vestido tan sexy.

Emily sintió un calorcito traicionero subirle por el cuello, pero no dio su brazo a torcer, le sostuvo la mirada con una sonrisa coqueta.

—Vaya... qué diagnóstico tan preciso. ¿Y qué remedio sugiere el renombrado doctor del pueblo?

—Bueno —Christian bajó aún más la voz, con un tono pausado y envolvente—, los libros de medicina sugieren terapia de contacto, si estás de acuerdo por ejemplo... que aceptes bailar conmigo la siguiente canción sin poner pretextos de trabajo.

Emily soltó una risita suave y se inclinó un poco hacia él, desafiándolo con los ojos. —¿Y si me niego, doctor? ¿Me va a recetar reposo obligatorio?

—Si te niegas, tendré que aplicar un tratamiento más riguroso —respondió Christian sin pestañear, dibujando una sonrisa maliciosa—.

Tendré que quedarme aquí toda la noche asegurándome de que no le sonrías a ningún otro vaquero del lugar.

Por pura ética profesional, claro. Emily dejó salir una carcajada contenida y sacudió la cabeza, fascinada por la soltura del médico.

—Doctor Christian... usted es un peligro para la salud pública, y se veía tan serio en la conferencia donde lo conocí.

—Solo soy así con las pacientes adecuadas, Emily solo con las que yo elijo.

Desde el otro extremo de la mesa, Ray observó de reojo a su primo y sonrió para sí, dándole un trago a su bebida.

Tal vez John tenía toda la razón del mundo: Christian no solo había invitado a Emily por simple cortesía profesional, sino que la forma en que la escuchaba, la hacía reír y buscaba cualquier excusa para seguir conociéndola, decía mucho más que cualquier confesión explícita.

Y aquella noche, entre música country y miradas cómplices, apenas estaba comenzando.