Un vaquero Timido Capítulo 16 Preparación
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Capítulo 16 Preparación

El sábado llegó mucho más rápido de lo que cualquiera esperaba desde muy temprano, el rancho Bulls Cowboys vibraba con un movimiento inusual, los chicos lavaron sus respectivas camionetas a manguerazo puro hasta que las hicieron brillar bajo el sol texano.

Todos se prepararon con ahico dejando los sombreros de fieltro impecables después de ser cepillados con esmero para quitarles hasta el último rastro de polvo del camino, luego lustraron sus botas de cuero para que brillaran como espejos después de varias pasadas de grasa y trapo.

Y, por primera vez en mucho tiempo, nadie llevaba prisa por terminar el trabajo de campo, estaban tranquilos y felices, porque aquella noche era especial, y toda la familia lo sabía.

En la habitación del segundo piso, Diana permanecía sentada frente al espejo del tocador mientras Jandy acomodaba con infinita paciencia su largo cabello castaño. —Quédate quieta niña te vas a quedar sin cabello si te sigues moviendo.

—Ya estoy quieta, mamá, pero no puedo evitarlo estoy muy emocionada por esta noche.

—Pues no estas lo suficiente quieta para evitar que te jale el cabello, y no sé porque estas tan emocionada, si tú no eres la futura novia es tu prima… —reclamó Jandy, ajustando una horquilla.

Diana hizo un pequeño puchero, mirando su reflejo. —Hay… nunca pensé que peinarse doliera tanto… Jandy sonrió mientras terminaba una elegante trenza lateral que dejaba caer algunos rizos bien definidos sobre sus hombros.

—La belleza requiere paciencia, hija, ahora si ya está preciosa...

Diana observó su reflejo, llevaba un precioso vestido azul marino que le llegaba hasta las rodillas y unas botas vaqueras color miel con bordados artesanales que su padre le había regalado en su último cumpleaños.

Sonrió emocionada y le preguntó a su tía Vicky, que terminaba de retocarse el labial a un lado: —¿De verdad me veo bien? Quiero verme hermosa esta noche… tengo una cita, aunque sea con Adam creo que una chica debe verse bien si va a ir de fiesta …

Vicky se acercó con afecto y le acomodó un mechón rebelde detrás de la oreja. —Te ves preciosa, mi amor.

La muchacha suspiró, jugando con el dobladillo de su vestido. —Es la primera vez que voy a entrar a un bar.

Su madre soltó una pequeña risa, mirándola por el espejo. —Y vas a entrar únicamente porque estarán tus padres y toda la familia ahí custodiándote.

—Eso le quita toda la diversión al asunto —protestó Diana las tres comenzaron a reírse.

—Además... —Diana sonrió con picardía, mirando a su tía—. Es emocionante porque Adam va a pasar por mí, como si fuera adulta...

Vicky arqueó una ceja con curiosa intriga. —¿El nieto de la señora Morgan?

—Sí. Nos conocemos desde niños —se encogió de hombros, disimulando el entusiasmo—.

Siempre ha sido mi defensor en la escuela.

—Recordó algo y soltó una risita divertida—.

Aunque a Selena nunca le cayó bien dice que tiene cara de amargado, pero a mí siempre me trata bien, le gusta escuchar mis chistes, y a mí me gusta conversar con él, además es guapo y muy atractivo, aunque demasiado serio para mi gusto.

Jandy negó divertida, sacudiendo la cabeza. —Adam siempre ha sido un muchacho muy educado y atento, a mí me parece encantador.

Antes de que Diana pudiera responder, la voz firme de Tim resonó desde el marco de la puerta.

—Y encantador o no... Las tres giraron la cabeza al mismo tiempo.

Tim apareció ya vestido impecablemente con pantalón de mezclilla oscuro, camisa blanca a rayas azul marino, botas negras relucientes y un sombrero de copa alta color chocolate.

—Recuerda una cosa, jovencita eres menor de edad todavía, así que no puedes hacer nada que no sea apropiado a tu edad, permití que Adam venga por ti porque me prometió cuidarte, y confió en que lo haga, es un chico responsable, y si te incomoda, de cualquier manera, debes decírmelo porque conozco a su abuela desde que yo era niño...

Diana suspiró con dramatismo, dejándose caer contra el respaldo. —Ya empezó...

Tim cruzó los brazos sobre el pecho, adoptando su postura oficial de padre sobreprotector. —Te dejamos entrar al bar porque toda la familia estará ahí reunida. —La señaló con un dedo admonitorio—. Pero ni una sola gota de alcohol por el momento solo refresco.

Diana protestó con un puchero: —Papá... solo una cerveza ¿sí?...

—Ni cerveza, ni ninguna otra cosa que tenga alcohol, no puedes probarla, ni siquiera olerla…—sentenció Tim.

Ella infló las mejillas, resignada.

—Qué exagerado eres, papá. Los chicos del instituto ya toman cerveza y mi hermano también lo hace. Yo lo he visto…

Tim sonrió, manteniendo la compostura. —Pues tú no tomarás nada, y tu hermano lo hace porque es un adulto de 30 años, por si se te olvidó; si descubro que hiciste cualquier travesura… —hizo una pausa dramática—… te regreso al rancho antes de las diez de la noche, ¿quedó claro?

Diana levantó ambas manos en gesto de paz. —Está bien, me rindo; solo tomaré refresco, lo prometo.

Tim se acercó, se inclinó y besó la frente de su hija con inmenso cariño. —Así me gusta.

Al otro lado de la casa principal, Christian terminaba de ajustar el cinturón de cuero negro con una enorme hebilla plateada grabada a fuego.

Ray y John ya lo esperaban en el porche, impacientes, los tres vaqueros parecían verdaderos modelos salidos de una revista western.

John vestía una camisa negra que resaltaba de inmediato el tono claro de sus ojos, su hermano Ray llevaba una camisa azul oscuro que hacía un contraste espectacular con el color de su sombrero Stetson negro ambos lucían cinturones con grandes hebillas de plata grabadas con el emblema oficial del rancho y botas de cuero recién lustradas.

Christian, por su parte, llevaba una camisa azul cielo, con las mangas arremangadas hasta los antebrazos, y un sombrero de color natural bien calado en la cabeza. —¿Listos? —preguntó acomodándose el reloj.

John se acomodó el sombrero de medio lado. —Desde hace media hora, pero aquí todo el mundo se tarda demasiado en arreglarse.

Ray sonrió de lado, apoyándose en la barandilla. —Tú eres el único que demora hermanito, yo termine hace 15 minutos, pero como nadie salía fui a revisar a mi caballo, porque se escuchaba relinchando…

Christian negó divertido, bajando los escalones. —Ustedes siempre discutiendo, yo mejor me voy a centrar en lo que me interesa, así que Voy a recoger a Emily de una vez ….

John asintió, cuadrándose los hombros. —Tienes razón prima, así que nosotros iremos por Abby y Sara.

Ray señaló hacia la entrada del camino con las llaves entre los dedos. —Como no cabemos todos en un solo vehículo, llevaré mi camioneta.

—Me parece perfecto —dijo John—. Y como le hacemos si quieres Sara viene conmigo en mi camioneta... luego observó como Ray frunció el entrecejo y agregó — o bueno, mejor Sara se va contigo, y yo me llevo a la dentista, para no hacerle mosca a Cris con su Emily.

—Así es —sonrió Ray—. Sara viene conmigo.

John sonrió de inmediato con picardía: Aprovechando conoceré un poco más a Abby que se vendrá conmigo. Ray lo miró con una sonrisa socarrona. —Qué casualidad más conveniente.

John fingió ignorancia haciendo que Christian soltara una risa limpia, abriendo la puerta de su vehículo. —Mejor ni lo molestes, Ray porque nunca admitiría que se siente atraído como abejas a la miel.

En ese preciso momento, la pesada puerta principal de la casa volvió a abrirse, todos giraron la cabeza por instinto.

Luke apareció en lo alto de la escalera de madera.

Y, por primera vez desde que lo conocían, no llevaba su típica ropa de mezclilla ni su camisa de trabajo, vestía un elegante traje negro perfectamente ajustado a su figura atlética, camisa blanca impecable, corbata oscura y botas negras pulidas de gala.

El sombrero color crema completaba el conjunto de forma magistral.

John abrió mucho los ojos, totalmente impresionado. —Mírate nada más...

Ray soltó un silbido largo y sonoro. —Parece que vas a casarte hoy mismo.

Luke sonrió nervioso, acomodándose el cuello de la camisa.

—Pues Casi porque de la respuesta que me dé hoy dependerá que eso pase realmente.

Christian se acercó y le dio una calurosa palmada en el hombro, transmitiéndole seguridad.

—Tranquilo, hermano, todo saldrá bien.

Luke respiró profundamente, soltando el aire despacio —Eso espero.

Entonces... la madera de la escalera volvió a crujir suavemente, todos levantaron la vista de golpe.

Mónica descendía lentamente por los peldaños, llevaba un vestido color marfil de corte elegante que se movía suavemente con cada uno de sus pasos, dejando al descubierto sus largas y estilizadas piernas, su cabello oscuro caía en suaves ondas sobre los hombros y unas discretas arracadas plateadas brillaban con coquetería bajo la luz cálida de la lámpara del recibidor.

Luke se quedó completamente inmóvil, mudo, la contempló como si el resto del universo entero hubiera desaparecido en un segundo.

Cuando ella llegó al último escalón, él no pudo evitar soltar un silbido lleno de sincera admiración.

—¡Uf! —Una enorme sonrisa, entre atontada y orgullosa, apareció en su rostro—.

Estás... —no encontró palabras suficientes para describirla.

Mónica bajó la mirada, ligeramente sonrojada pero encantada con el efecto. —¿Te gusta?

Luke dio un paso decidido hacia ella, sin quitarle los ojos de encima. —Nena, me dejaste sin respiración.

Desde el pasillo que daba a la cocina se escuchó inmediatamente la voz firme de Vicky: —¡Luke! Cuidadito con las manos…

Todos voltearon sonriéndose entre sí, y la madre de Mónica, Vicky apareció colocándose el último arete mientras caminaba a paso firme hacia la sala ella llevaba una falda vaquera larga de corte impecable, botas de cuero artesanal y una elegante blusa color vino, los observó con una sonrisa cargada de diversión.

—¡Contrólate! Con mi niña... Luke levantó inmediatamente ambas manos con gesto de total inocencia. —¡Si no hice nada!

Vicky arqueó una ceja, lanzándole una mirada inquisitiva. —Todavía, pero se te ve a leguas lo que piensas… Toda la familia soltó una sonora carcajada compartida.

Mónica terminó de bajar el último escalón y tomó discretamente la mano de Luke. Él entrelazó sus dedos con los de ella de inmediato, apretándola con ternura y sin apartar la vista de su rostro iluminado.

Frank apareció detrás de Vicky, ajustándose el sombrero sobre las sienes, y miró a Luke en silencio durante unos segundos y luego sonrió para sí con profunda satisfacción, conocía perfectamente esa expresión en el rostro del muchacho: era la mirada de un hombre que había tomado la decisión más importante y valiosa de su vida.

El corazón del chico palpitaba con rapidez, pues sabía que, dentro del bolsillo interior de aquel elegante saco negro, llevaba celosamente guardada una pequeña caja de terciopelo que cambiaría para siempre el destino de ambos cuando llegara el momento indicado aquella noche.