Un vaquero Timido Capítulo 14 Desesperación
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Capítulo 14 Desesperación

La camioneta de Luke levantó una densa nube de polvo rojizo al recorrer el camino principal del rancho Bulls Cowboys.

Cuando el vehículo se detuvo frente a la imponente casa grande, Ray fue el primero en abrir la puerta para bajarse, su hermano John hizo exactamente lo mismo por el lado del copiloto, posteriormente ambos caminaron hacia la entrada antes de escuchar unas risitas ahogadas a sus espaldas.

Ray se volvió con el ceño fruncido mientras volteaba a ver el vehículo que acababa de aparcar al lado del estacionamiento, Luke estaba frente al volante, susurrando algo al oído de su hermana Mónica quien ocupaba el asiento del copiloto sonrojada, ninguno de los dos parecía tener la más mínima intención de bajarse, en ese momento su cuñado le acomodaba un mechón rebelde detrás de la oreja mientras ella lo miraba sonriente, completamente embobada.

Ray hizo una mueca de auténtica desesperación. — ¿En serio? Espero que se comprometan pronto, si no, Mónica estará embarazada sin planearlo. Esta situación es demasiado incómoda para mí.

John giró la vista hacia el interior de la cabina y dijo: —Otra vez… esto de cuidar a las hermanas es muy agotador, por muy bien que me caiga Luke, a veces quisiera bajarlo del auto de una trompada…

Luke ni siquiera los registraba en su radar; estaba embelesado con Mónica que le dio un pequeño beso en la mejilla, seguido inmediatamente por otro en los labios, para terminar, envolviéndolo en un abrazo apretado.

Ray levantó ambas manos hacia el cielo en gesto de drama puro. —¡Por Dios! El problema no es solo él, ella tampoco lo deja en paz…

John comenzó a reírse, negando con la cabeza. —Es demasiado incómodo traer a estos dos con nosotros, no se quitan las manos de encima ni un segundo —reprochó

Luke bajó apenas un par de centímetros la ventanilla, asomando la mirada. —¡Los estoy escuchando! Cuñados. son unos envidiosos, ya quisieran que alguien los mimara como lo hace su hermana conmigo…

John respondió a viva voz: —¡Esa era la idea, genio! Para que se separaran ustedes solos, y no tener que darte una trompada para bajarte…o peor aún que fuera mi padre quien lo hiciera con un disparo…

Mónica soltó una carcajada dentro del vehículo, sacando la cabeza para sacarles la lengua, —¡Qué exagerados son! Solo son unos besitos inocentes….

Ray dio media vuelta y siguió caminando hacia la zona de establos. —Nos vemos cuando terminen su luna de miel dentro de la camioneta, lo cual espero que sea pronto, porque mi padre regresará en cualquier momento…

Luke levantó una mano en un saludo vago, sin despegar la vista de su novia —¡Adiós! Cuñaditos…

John negó divertido, apretando el paso junto a su hermano.

—Están completamente perdidos, creo que ya lo mejor es darse por vencido con ellos, sino queremos perder la cordura, y que terminemos siendo los villanos de esta historia cuando es Mónica la única culpable de que estén tan acaramelados todo el tiempo.

Los dos continuaron a paso firme por el sendero de tierra batida que conducía hacia los corrales. Durante unos segundos, solo los acompañó el crujido de sus botas y el viento suave del atardecer.

Hasta que John rompió el silencio. —Entonces... —Miró de reojo a Ray, tanteando el terreno. —¿Qué te parecieron las chicas?

Ray sonrió de lado, ajustándose el sombrero, luego se tomó unos segundos para medir sus palabras antes de responder.

—Me cayeron muy bien parecen ser chicas sencillas, no presuntuosas de ciudad como algunas que nos ha tocado conocer en los últimos años.

John asintió. —A mí también me cayeron bien, —De pronto, su rostro se iluminó con una chispa de picardía—. Aunque creo que ya descubrí algo importante, Abby puso mucho interés en darme una repasada, y la verdad a mí me parece preciosa, aunque también estuve observando a mi primo un buen rato…

Ray levantó una ceja, intrigado. —¿Qué cosa observaste?

—A Chris le gusta Emily, eso es por demás evidente, por ese motivo la invito a trabajar en la clínica con él…no fue porque necesitara ayuda, fue por su propio interés…

Ray soltó una risita contenida. —Yo también lo noté. Si no fuera así... —señaló con la cabeza en dirección al pueblo— ...jamás la habría invitado a comer con nosotros, es muy fácil predecir el interés de mi primo, porque, aunque es una eminencia médica es muy tímido con las mujeres.

John adoptó una postura solemnemente falsa. —Entonces queda oficialmente claro, que Emily es intocable para nosotros…

Ray soltó una carcajada franca. —Sí ni se nos ocurra meternos ahí.

John hizo un gesto de rendición con las manos. —Jamás competiría con nuestro primo creo que el que sea médico le da un plus ante las chicas que tú y yo no tenemos…además lo quiero demasiado pelearnos por una mujer.

Caminaron unos metros más bordeando la valla de madera, luego, John soltó con total naturalidad: —A mí me gusta Abby cuando nuestras miradas se cruzaron sentí algo distinto, me parece increíble su naturalidad, aunque creo que algo oculta.

Ray sonrió sin el menor rastro de sorpresa.

—Ya sabía que te gustaba ella, no hay que ser un genio para deducirlo, es totalmente tu tipo de Mujer alta, buen cuerpo ojos intensos, cabello castaño hasta la cintura rizado y piel blanca como la nieve, por eso no te dije como era cuando la vi porque sabía que irías corriendo a verla jajaja.

John abrió los ojos de par en par, deteniendo un segundo el paso.

—Además querido hermano... —Ray comenzó a reírse—. Llevabas toda la comida buscándole conversación y mirándola como bobo.

—¿Tanto se notó? Según yo disimule bastante bien.

—Hasta Christian se dio cuenta, se reía cuando le sacabas platica, y eso que es un poco lento para entender cómo funciona tu forma de ser…

John se llevó una mano a la frente, avergonzado pero divertido. —Qué vergüenza, no lo hice a propósito

Ray le dio una calurosa palmada en el hombro. —Pero. No te fue nada mal porque ella tenía la misma mirada de entusiasmo que tú.

—¿Tú crees?

—Claro. John sonrió con satisfacción. Después, sin perder tiempo, le devolvió el golpe. —¿Y tú? ¿Qué opinas de Sara? Ray permaneció callado unos instantes, contemplando la tierra.

Finalmente respondió con honestidad: —Es preciosa, demasiado para mi salud mental, me quedé impactado cuando la vi entrar, pero parece una buena chica.

John sonrió, escuchándolo con atención. —Ese cabello rojo... —Ray negó lentamente con la cabeza, como si rememorara un hechizo—. Es imposible no verla, llama la atención dondequiera que esté, pero definitivamente no es mi tipo, a mí me gustan más sutiles.

Miró hacia el horizonte, que empezaba a teñirse de dorado, y luego soltó una pequeña risa amarga. —Pero estoy un poco desanimado porque chicas así... —se encogió de hombros con desánimo— ...no se fijan en un paleto como yo.

John se detuvo de golpe en medio del sendero. —No vuelvas a decir eso, ni a insinuar que eres menos que otro, cualquier mujer en su sano juicio seria afortunada de tener una relación con un hombre como tú.

Ray también se frenó, sorprendido por la firmeza en la voz de su hermano e intentó restarle importancia con un ademán evasivo.

—Solo digo la verdad, John, que podría ofrecerle yo, a mujeres de ciudad que generalmente están acostumbradas a ser cortejadas en lugares finos, y de mucha categoría.

—No —negó John con rotundidad, señalándolo directamente con el índice—. Eres el mejor veterinario de toda esta zona, y eso tiene mucho mérito, sino fuera por ti la mitad de los animales de los vecinos habrían muerto, y más si consideras que a casi ninguno le cobras por tus servicios...

Ray bajó la mirada, incómodo. —Eso es solo trabajo, además lo hago por gusto, los animales no tienen quien los proteja, son inocentes, leales, y merecen ser protegidos.

—También eres inteligente —insistió John—. Responsable, trabajador y una gran persona.

Ray sonrió con modestia. —Dices eso porque eres mi hermano.

—No —lo atajó John sin vacilar—. Lo digo porque es la verdad.

—Hizo una breve pausa—. ¿Sabes cuántas chicas preguntan por ti cada vez que van al pueblo?

Pero te sientes así desde que Kenia fue tu novia y te hizo creer todo lo que estás diciendo, nunca le he deseado el mal a nadie, pero cuando pienso en ella, le deseo que reciba lo que se merece algún día.

Ray soltó una risa totalmente incrédula. —No exageres, no es por ella que pienso así además nunca me habías dicho que te preguntaran por mí, pero veo que nunca me entero de nada…

—Lo dicen ellas, no yo…. Y si no te enteras de nada es ¡Porque siempre estás metido entre vacas, caballos o perros!

Ray rompió a reír con ganas. —Bueno, eso sí es cierto.

John recuperó el tono serio, mirándolo fijamente a los ojos.

—Escúchame bien. —Esperó a que Ray sostuviera su mirada—.

No quiero volver a oírte decir que vales menos que cualquier otro hombre, no tienes que parecerte a nadie, ni tienes que ser el más fiestero, ni el más hablador, ni el más presumido simplemente debes ser tú mismo.

Le dio un pequeño golpe amistoso en el brazo. Ray sonrió con sinceridad, conmovido por las palabras. —Gracias, hermano.

John le devolvió una sonrisa, mientras el veterinario respiró profundamente, dejando ir la tensión mientras contemplaba los corrales a lo lejos.

—La verdad... nunca me ha gustado tanto salir de fiesta como a ti.

Prefiero quedarme leyendo o trabajando tranquilo con los animales —confesó Ray—. Y creo que eso espanta a muchas chicas.

John río suavemente. —Eso ya lo sabemos todos, y si espantara a las equivocadas, quizá —reflexionó John—. Pero no a la correcta que será aquella que te aprecie de verdad por lo que eres y no por lo que tienes en el banco.

Ray meditó las palabras unos instantes, una pequeña y renovada sonrisa asomó en su rostro. —Bueno... —se encogió de hombros—. Supongo que intentar no cuesta nada.

John sonrió ampliamente, dándole un codazo. —¡Ese es mi hermano! Además... —miró de reojo a con su hermano con picardía— ...ya quedamos en ir al bar el próximo sábado, quizá de ese día sale algo bueno. Levantó un puño en señal de victoria.

Ray soltó una carcajada. —Será la oportunidad perfecta para conocerlas mejor, y para que tú sigas intentando conquistar a Abby, lo único que espero es que no se presenten la otra docena de chicas con las que ha salido en el pueblo antes, porque a ti te adoran, pero cuando las dejas…

se desquitan conmigo cada vez que me ven caminar...

John fingió indignación. —¿Yo? No sé de qué me hablas, por el momento Abby solo es una amiga que quiero conocer… y las otras chicas también lo son.

Los dos continuaron su camino entre bromas y risas compartidas, mientras el sol comenzaba a ocultarse tras las colinas, tiñendo los campos del rancho de un cálido tono dorado.