Un vaquero Timido Capítulo 11 Conociendo a las chicas #3
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Capítulo 11 Conociendo a las chicas #3

—Encantada de conocerlos —dijo Sara con dulzura, permitiendo que Christian, el doctor que comenzó las presentaciones formales desde el otro lado de la mesa, continuara.

—Ellos son mis primos, Ray y John Petersen.

Los hermanos se acomodaron la ropa; Ray estrechó primero la mano de Sara, sosteniéndosela un par de segundos más de lo estrictamente necesario.

—Bienvenida al pueblo le dijo evocando una sonrisa que podría resultar adictiva para cualquier mujer con sangre en las venas,

—Gracias —respondió la pelirroja con voz aterciopelada, midiéndolo de arriba abajo.

Después, Ray saludó a Abigail con una inclinación respetuosa.

—Espero que se estén adaptando bien al clima y al encierro.

—Poco a poco —respondió ella con elegancia.

John hizo lo mismo, dando un paso al frente para tomar la mano de Sara, y se detuvo cuando saludo a Abby dedicándole su sonrisa más encantadora, su mente recibió al instante un chispazo de pura picardía que se encendió descontroladamente, él era un tipo observador, astuto y seguro de sí mismo, y había notado esa mirada curiosa y contenida que Abigail había lanzado hacia él, en la clínica, mientras le sostenía la mano con firmeza y elegancia, inclinando la cabeza y dedicándole su sonrisa más magnética, John inició un monólogo interno cargado de coquetería:

«Así que tú eres la famosa hermana odontóloga», se dijo a sí mismo, apretando el agarre lo justo para hacerse notar sin perder los modales.

«Creo que no pudiste aguantar las ganas de echarme un ojo, ¿verdad, preciosa?

Descuida, no te culpo para nada; si yo fuera tú, tampoco le quitaría la mirada de encima a un espécimen como yo, jajajaja seguramente», sostuvo los ojos de Abigail sin pestañear un solo segundo, disfrutando del sutil rubor que amenazaba con asomar en las mejillas de la joven.

«Mírala nada más... Qué peligro de mujer», continuó pensando con una sonrisa de lado.

«Se ve tan profesional, tan seria con esa elegancia, pero esos ojos delatan que tiene su carácter bien guardado.

Y esa blusa color vino... uff, le queda absurdamente bien.

Creíste que ibas a disimular esa miradita coqueta que me lanzaste, ¿eh, doctora?

Pero a John Petersen no se le escapa nada, mi vida».

«Más que sacar dientes ardientes, vas a andar sacando suspiros en este pueblo», se burló internamente de la situación, sintiéndose el hombre más afortunado del restaurante.

«Te ves muy seria, Abigail Carter, pero necesitas a alguien que te enseñe a relajarte y a disfrutar del campo. Así que prepárate… porque si esa mirada tuya era una invitación a conocerte, ten por seguro que acabo de aceptar el reto».

Con esa firme convicción y un destello de desafío en la mirada, John le dedicó una pequeña inclinación de cabeza, listo para desplegar todo su encanto durante el almuerzo. —Si necesitan cualquier cosa... lo que sea, pueden avisarnos sin dudarlo.

Sara levantó una ceja delineada, lanzando un dardo cargado de diversión. —¿Eso incluye ayuda para reparar una casa que parece estar a punto de desarmarse sola? Ray soltó una carcajada franca.

—¿Hablas de la antigua casa de los Morgan? Las tres hermanas asintieron al mismo tiempo.

—Entonces sí, porque esa casa está a punto de colapsar, no sé cómo la señora Morgan se atrevió a venderla, pero sobre todo no sé cómo Emily se decidió a comprarla sin verla antes —aseguró Ray.

John sonrió de medio lado, entrando al juego sin dudarlo. —Oh, no está tan mal, porque seguramente ya descubrieron que cada puerta de esa propiedad tiene su propia personalidad histórica; si esas paredes pudieran hablar, contarían más chismes que todo el pueblo junto.

Sara comenzó a reírse con ganas, rompiendo por completo cualquier hielo inicial —¡Exactamente! Es lo que pensé cuando entré por primera vez, pero no hay de otra: tendremos que adecuarnos a lo que hay …

—Y tiene una cama en particular que intentó asesinar a Emily anoche; yo preferí dormir en el suelo a escuchar el ruido que hace cada vez que se mueve —añadió Abigail con total seriedad, aprovechando para delatar las miserias del colchón. Toda la mesa estalló en una oleada de carcajadas compartidas.

—La verdad no exageran: dormí peor que en un campamento militar sin tienda, por eso vamos a ir hoy mismo a comprar otra, por lo menos para poder dormir tranquilas —protestó Emily con un puchero cómico.

Ray negó divertido, frotándose las manos como si acabara de recibir el mejor trabajo de la historia. —Entonces tenemos trabajo urgente este fin de semana en que ayudarlas si necesitan ayuda.

John lo miró de reojo, disfrutando de la iniciativa de su hermano. —¿Y tú ya estás haciendo planes para el grupo? Acaso no recuerdas que vamos a ir al bar este fin de semana con Rosy, Grant, Luke y los demás…

—Solo digo que tres damas en apuros necesitan un equipo de carpintería profesional... o al menos a dos vaqueros que sepan usar un martillo.

Sara observó a los dos hermanos con una sonrisa radiante y curiosa. Emily había tenido toda la razón del mundo al describirlos.

La familia Petersen era ruidosa, descaradamente bromista y hablaba como si conociera a todo el mundo desde el día en que nacieron.