Un vaquero Timido Capítulo 5 Mi primer dia
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Capítulo 5 Mi primer dia

Emily respiró antes de bajar de su automóvil. Frente a ella se encontraba la pequeña clínica del pueblo, era un edificio sencillo de ladrillo rojo, con un jardín bien cuidado y un letrero blanco donde podía leerse: Clínica Rural del Condado.

Sonrió para darse ánimos a sí misma —Primer día... —Tú puedes.

La puerta principal ya estaba abierta, así que entró despacio. El lugar olía a desinfectante. Se escuchaba el zumbido de una copiadora funcionando. Emily caminó por el pasillo hasta encontrar la recepción. Y entonces lo vio.

Christian Petersen estaba de pie junto a la copiadora, vestido con pantalón oscuro, camisa azul claro y una impecable bata blanca, llevaba un expediente en una mano mientras revisaba unas hojas con la otra, era tan guapo…

musculoso, guapo y seguro de sí mismo todo lo que una chica podría soñar…

pero los médicos pocas veces tomaban en serio a las enfermeras, en el hospital de Washington donde trabajaba antes de mudarse, los médicos solo veían a las enfermeras como personas que hacían lo que ellos no querían hacer, y el utilizarlas a su antojo era parte de sus actividades diarias, pero ese hombre era imposible no ser admirado aunque fuera desde lejos, "Dios mío...

", pensó."Se ve todavía más guapo que en la convención. "

Frente a él se encontraba una joven rubia de unos veinte años.

—Doctor —decía mientras le entregaba unos documentos—. Aquí está el informe de la señora Johnson y llegaron sus análisis para que los pueda revisar antes de que venga a su cita. Los puse completos sobre su escritorio, pero aquí está el resumen. Christian revisó las hojas.

—Perfecto, Kim, muchas gracias; me has ahorrado mucho tiempo en el archivo. La muchacha sonrió con evidente coquetería.

—Lo que sea para apoyarlo, doctor, y hablando de compañerismo ¿va a desayunar conmigo después de la consulta? Se hace mucho del rogar, doctor… Christian levantó la vista de los papeles y sonrió.

—Kim... Ella ya conocía ese tono: —Sabes que no tenemos la misma edad; no sé por qué no te das por vencida. Tus intereses y los míos son muy distintos; búscate un chico de tu edad, con el que te lleve a esos lugares de música estridente que tanto te gustan…

La joven hizo un puchero exagerado —Pero, doc…. solo son ocho años… algún día dirá que sí.

Christian soltó una pequeña risa.

—Y además eres demasiado insistente, y a mí me gusta ser yo quien lleve la iniciativa…—Y sobre decir que sí… lo dudo mucho, así que mejor seamos solo amigos… qué opinas

Kim cruzó los brazos. —Bueno…. pero nunca se sabe. En ese momento Christian giró la cabeza; sus ojos encontraron a Emily, quien estaba de pie en la entrada del consultorio, observando sin pronunciar ni una palabra. Durante un segundo, ambos se quedaron inmóviles hasta que él sonrió.

—Buenos días, Emily, bienvenida; no sabía que ya habías llegado…

Emily reaccionó de inmediato.

—Buenos días, doctor —Christian caminó hacia ella saludándola con la mano extendida—. Me alegra que hayas llegado; luego se giró y miró a la joven rubia.

—Kim… Ella suspiró resignada. —Quiero presentarte a nuestra nueva enfermera. La joven extendió inmediatamente la mano diciendo: —Mucho gusto.

—Hola soy Emily Carter encantada de conocerte

—Hola, soy Kim Sanders. Las dos sonrieron, Christian habló caminando por el pasillo.

—Emily trabajará principalmente como enfermera pediátrica. Acompáñame para mostrarte tu consultorio. Ella asintió con entusiasmo.

Christian abrió la puerta de una oficina.

—Este será tu espacio, ella observó alrededor con aprobación, la habitación era sencilla pero acogedora, había un escritorio, dos archiveros, una computadora y una pequeña área de exploración para niños pequeños, al lado de un área para registrar el peso y talla de los infantes, sobre una de las paredes había dibujos de animales y globos de colores, por lo que no pudo evitar sonreír diciendo: —Es precioso.

Christian apoyó unos expedientes sobre el escritorio. —Creo que te sentirás cómoda aquí. Mande pedir algún instrumental para tu uso particular, pero todavía viene en camino.

Espero que el repartidor llegue hoy o mañana a más tardar, pero si necesitas algo antes de que llegue, con toda confianza ve a mi consultorio y toma lo que necesites. Emily tomó la carpeta.

—Bueno, y aquí hay… ¿Mucho trabajo? Christian soltó una breve risa.

—Pues no te vas a tener tiempo de aburrirte porque, digamos que este pueblo tiene mucha vida por llegar; aquí la gente sigue las viejas costumbres y hay niños en todos lados, a diferencia de la ciudad, donde son más limitados. Ella levantó una ceja.

—¿Cómo así?

—Tenemos bastantes mujeres embarazadas, y cada vez son más requeridos servicios especializados en niños. Tomó otro expediente.

—Además cuando nazcan esos bebés de nuestras pacientes...—Gran parte del trabajo será tuyo.

Emily abrió uno de los archivos y observo que había controles prenatales, calendarios de vacunación y expedientes pediátricos organizados.

—Me encanta. en mi trabajo anterior casi no me permitían interactuar con pacientes; era como una recepcionista con especialidad, así que esto es lo que estaba buscando obtener en este lugar.

Christian sonrió.

—Eso esperaba escuchar. Además, aquí todo el pueblo aprecia mucho las atenciones que tenemos con ellos. Ya los vas a ir conociendo poco a poco. Mi familia es un ejemplo de ellos y seguramente los conocerás pronto porque los Petersen solemos tener familias grandes, y no somos los únicos….

Emily soltó una pequeña risa. —Eso ya me lo imaginaba. —Aquí casi todos se conocen desde hace generaciones; debe ser como atender a tu propia familia, —hizo una breve pausa.

—Así es, así que prepárate para aprender muchos nombres; espero que tengas buena memoria porque la vas a necesitar…Él dio un paso hacia atrás.

—Bueno… miró el reloj. —Tengo consulta en cinco minutos —le señaló los expedientes.

—Revísalos con calma; luego volvió a dedicarle una sonrisa. —Buena suerte en tu primer día, Emily.

—Gracias, doctor, él salió de la oficina; la chica lo siguió con la mirada hasta verlo desaparecer al final del pasillo y dejó escapar el aire que había estado conteniendo: "¡Qué hombre tan atractivo…” Negó con la cabeza!

—Concéntrate —se dijo a sí misma—. Luego se dio una pequeña palmada en la frente.

—Viniste a trabajar, no a buscar una relación.

Luego se quitó la chaqueta y la colgó detrás de la puerta. Empezó a ordenar su escritorio, donde acomodó los expedientes por fecha, colocó bolígrafos en un portalápiz, encendió la computadora y revisó el material médico disponible.

Se dio cuenta de que cada movimiento aumentaba su entusiasmo, porque por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba donde debía estar, sonrió mientras colocaba una pequeña fotografía de ella con Abigail y Sara sobre el escritorio.

—Este es un nuevo comienzo. Y, aunque no lo sabía, también era el inicio de una historia que cambiaría por completo su vida, mucho más allá de aquella pequeña clínica.