Un vaquero Timido Capítulo 2 Recién llegadas
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Capítulo 2 Recién llegadas

La antigua casa de los Morgan crujía con cada ráfaga de viento, el lugar era una construcción de dos plantas, con un enorme porche de madera, ventanas altas y un jardín que llevaba años abandonado, y durante mucho tiempo había permanecido vacía, hasta que las hermanas Carter decidieron convertirla en su nuevo hogar, dentro, las cajas que aún seguían apiladas por toda la sala, Emily Carter cerró una de ellas con cinta adhesiva y se dejó caer en el sofá,

—No puedo creer que mañana empiece, en mi nuevo trabajo —le dijo a su hermana Abigail, que estaba sentada en el suelo armando un librero, y levantó la vista para observarla con detenimiento.

—Estás emocionadísima, —expresó con una gran sonrisa, por lo que Emily le devolvió el gesto con la misma intensidad.

—Claro que sí, es mi primer día en la clínica, pero también es un nuevo comienzo y, por fin, voy a trabajar donde realmente quería después de años de quemarme las pestañas estudiando.

—Sí, sí… como tú digas, Emily. Ni tú te crees ese cuento. Abigail arqueó una ceja con una sonrisa burlona. —Lo que pasa es que estás emocionada por el médico guapo que conociste en la convención y sabes que vas a trabajar directamente con él.

Emily tomó un cojín de la sala y se lo lanzó directamente a la cabeza.

—¡Abby! No digas eso, si alguien te oye, pensará que solo vine aquí para conquistar a un galán guapísimo, que es doctor, es amable, agradable….

Ella lo atrapó entre risas.

—¿Qué? Solo digo la verdad, si no te conociera realmente creería que lo que dices es cierto, pero…. Emily negó divertida.

—Christian es muy amable, profesional y parece una buena persona.

—Sí, ajá como tú digas….

—¿Qué significa ese "ajá"?

—Es que cada vez que pronuncias su nombre sonríes, así que no va muy de acuerdo con tu afirmación…

Emily sintió cómo se le calentaban las mejillas. —No sonrío.

—Claro que sí. Abigail soltó una carcajada. —Es que jamás pensé que un médico de un pueblo perdido en medio de Texas lograría convencerte de mudarte, y que tú me convencerías a mí, de irme contigo.

Emily la miró con expresión divertida. —¿En serio? La verdad... Se cruzó de brazos.

—La que vino convencida por mí, no fui yo,

Abigail dejó de sonreír. Emily continuó. —No te hagas. Hubo un silencio. —No viniste únicamente por acompañarme; lo sabes mejor que nadie. Esto fue una oportunidad para ti, más que para mí.

Abigail bajó la mirada y Emily habló con más suavidad. —Sabes que viniste huyendo de Samuel. El nombre bastó para borrar por completo la sonrisa de Abigail, quien suspiró profundamente.

—Sí, en eso tienes razón. Durante unos segundos, ninguna de las dos habló hasta que Emily rompió el silencio. —Ese hombre daba miedo atroz; no sé cómo lo soportaste tanto tiempo; yo hubiera huido desde la primera semana y ahora viviría en China probablemente. Abigail asintió.

—La verdad es que no entendía la palabra "no", por más que yo le decía que era incómodo…

—Te llamaba veinte veces al día…Recuerdo la vez que habías salido con tus amigas a cenar casi me golpea pensando que te estaba escondiendo

—Y aparecía afuera de la clínica sin avisar, Emily hizo una mueca.

—Hasta cuando cambiaste de horario, lograba encontrarte….

—Era un acosador en toda la regla…Su voz apenas fue un susurro —No me dejaba ni a sol ni a sombra. Emily se acercó y tomó la mano de su hermana, haciéndola responder con la misma intensidad que ella.

—Aquí no te encontrará, estarás segura, te lo prometo —Abigail sonrió con tristeza. —Eso espero —luego miró alrededor de la enorme casa. —Es un pueblo tan pequeño que ni siquiera creo que sepa que existe.

Emily apretó su mano —Y aunque apareciera... sonrió con confianza —Tengo la impresión de que la gente de aquí no dejaría que molestara a nadie. se ven como muy protectores, Abigail soltó una pequeña risa.

—Eso también pensé cuando vi a esos vaqueros caminando por el pueblo, todos saludando, muy atentos y cordiales, nada que ver con la ciudad de Dallas. Emily volvió a acomodarse en el sofá.

—Además... miró a su hermana —También viniste porque aquí podrás ejercer por fin como dentista, sin que un novio celoso mate a alguno de tus pacientes, o sin que te corran del trabajo por no aceptar su presencia las 24 horas del día. Abigail asintió mientras su expresión se volvió más seria.

—Si tienes razón eso me entusiasma también nunca pude hacerlo en la ciudad, Emily conocía la historia, porque después de terminar la universidad, Abigail había conseguido una excelente oportunidad para trabajar en una clínica dental, pero su entonces novio se había opuesto desde el principio, le decía que el trabajo le quitaría tiempo para la relación, después vinieron los celos, las discusiones y las manipulaciones, cuando finalmente terminó con él, su ex Samuel apareció en su vida con aquella obsesión enfermiza que terminó obligándola a empezar de nuevo lejos de todo.

—Esta vez será diferente —dijo Emily.

—Eso quiero creer —se miraron mientras las dos guardaron silencio. Luego Emily recordó algo.

—Por cierto...—¿Qué? respondió, Abby —¿Cuándo llega Sara?

—Creo que mañana por la tarde, si no cambia de planes antes, todavía no entiendo qué fue lo que le pasó con Jordán.

Él sí era encantador, y solo faltaban unos cuantos días para su boda cuando cambió de opinión.

Para todos nosotros, ellos eran la pareja perfecta; tenían más de 7 años juntos.

No entiendo qué pasó. Emily negó con incredulidad.

—Pues sea la razón que sea, la verdad es que todavía no puedo creer que nuestra prima también se haya mudado por nosotras, es una casualidad que cambiase sus planes en el último minuto

—Según su mensaje, estaba cansada de la ciudad, pero sospecho que quiza quería asegurarse de que no incendiáramos la casa tratando de cocinar. Es muy leal y protectora como ninguna.

—Eso también es posible, pero sigo creyendo que hay algo que no ha dicho y que tiene que ver con su precipitada decisión.

Las dos comenzaron a reír, Sara siempre había sido la más responsable de las tres. Desde pequeñas actuaba como la voz de la razón cuando Emily y Abigail hacían alguna locura.

—Me dijo que, ya había conseguido trabajo en este lugar, hizo la solicitud en línea y va a dar clases en la escuela del pueblo —comentó Emily. —Probablemente en dos semanas conocerá a todos los niños por su nombre.

—Y a todos los padres también, —volvieron a sonreír. Abigail se levantó para tomar una botella de agua de la encimera de la cocina y regresó unos segundos después.

—Aunque... Emily la observó.

Abigail dio un trago antes de hablar. —No todo en este pueblo está tan mal.

Emily sonrió con malicia.

—Ah, ¿no? ¿Por qué dices eso?

Abigail intentó parecer indiferente, —Bueno te cuento que, hoy fui a la ferretería porque necesitábamos focos y vi a un vaquero muy guapo, si todos los habitantes de este pueblo tienen la misma pinta, creo que la vista será muy agradable.

Emily cruzó lentamente los brazos.

—Ajá, no puedo creerlo: por primera vez desde que tengo memoria mencionas algo de otros hombres que no sea de tu exnovio...

Abigail soltó una risa. —¡Madre mía! Es que antes no me sentía libre de hablar, pero me acabo de dar cuenta que ahora, aquí estoy sola y puedo hacer y decir lo que quiera sin que pase nada, Emily abrió mucho los ojos, además ese hombre estaba...

para comérselo, aunque no es mi tipo, si debo admitir que era como un dulce para la vista femenina, fuerte, alto musculoso, Emily estalló en carcajadas —¡Abigail!

no puedo creer que seas tú la que está hablando.

—¿Qué? Solo estoy siendo sincera. Abigail hizo memoria mientras decía: «Imagínatelo: era alto y bronceado, barba de dos días, sombrero negro, camisa de mezclilla y una sonrisa ladeada».

Emily seguía escuchando divertida, mientras su hermana se llevó una mano al pecho.

—...de esas que deberían estar prohibidas porque son un peligro para la salud mental de cualquier mujer

Emily ya no podía contener la risa. —¡No llevamos ni dos días aquí! ¿Y ya andas viendo vaqueros?

Abigail levantó un dedo. —No los ando viendo, hizo una pausa —Solo vi uno, que me pareció salido de una revista...

Emily negó con la cabeza —¿y te habló? —¿Te sonrió? entonces, ¿cómo sabes que era tan perfecto?

Abigail se encogió de hombros con una sonrisa traviesa, —Intuición femenina.

Ninguna de las dos podía imaginar que aquel vaquero desconocido pertenecía a la familia más numerosa y escandalosa del pueblo, y que el destino ya había comenzado a entrelazar sus caminos antes de que ellas lo sospecharan. El timbre de la vieja casa sonó de repente.

¡Ding, dong! Abigail dio un pequeño respingo y su rostro perdió el color, miró automáticamente hacia la ventana, como si esperara ver un automóvil conocido, Emily notó el cambio enseguida.

—¿Abby? ¿Qué ocurre? Ella tragó saliva.

—¿Y si es él? Emily negó con firmeza, —¿Y si me encontró? Su respiración comenzó a acelerarse.

Emily caminó hasta ella y sujetó sus manos.

—No puede ser, escúchame dijo con firmeza y esperó a que su hermana levantara la vista, —Ve arriba, escóndete mientras abro la puerta Abigail asintió sin discutir, todavía tenía demasiado reciente el miedo que Samuel había sembrado en ella, quien había sido su novio celoso y acosador durante varios años, él era violento y la golpeo durante la última pelea, ella había terminado herida en el hospital de la ciudad, y aunque intentó que nadie supiera lo que había ocurrido, tuvo que llamar a su hermana para que firmara los papeles ingreso a emergencias en el hospital, así que bajo la vista y subió las escaleras mientras Emily caminaba hacia la puerta, quien antes de abrir, respiró hondo, puso una sonrisa falsa y abrió para encontrarse, del otro lado estaba una mujer mayor, de cabello blanco, vestido floreado y una expresión amable que inspiraba confianza, además sostenía una canasta cubierta con un mantel.

—Buenas noches, querida. Emily, sonrió aliviada. —Soy Margaret Morgan, la antigua dueña de este lugar y la que se encarga del mantenimiento de todo el complejo