Un trato con mi arrogante cliente (Jefes malvados y millonarios 2) Capítulo 38 #3
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Capítulo 38 #3

—Se lo dejé bien clarito. Si no eres tú, no será nadie. Supongo que a partir de ahora hará lo que sea para que estés contenta. Ya es oficial: eres la única esperanza que le queda para garantizar un heredero para el trono Sinclair. Tanto si es ahora como dentro de diez años.

Tenía tantas preguntas.

—¿Y si no quiero tener hijos? ¿Y si no podemos tenerlos?

Volvió a encogerse de hombros como si no tuviera importancia.

—Tendrá que aceptarlo.

—¿Y qué pasa con tu trabajo? ¿Con la empresa? ¿Te va a devolver las acciones?

—No, el acuerdo original sigue en pie. Si no me caso, perderé las acciones y me despedirá.

Lo dijo con demasiada indiferencia.

—Jackson…

—Ten una cita conmigo. Una de verdad.

Me invadió una oleada de nervios.

—¿Te vas a dar por vencido? ¿Después de todo? ¿Por qué?

—Yo le pregunté lo mismo.

Desvié de golpe la mirada hacia Minerva, que entraba en la sala, sola. Ladeó la cabeza y me estudió al tiempo que se dejaba caer en una silla.

—Toda una sorpresa, ¿verdad?

Se me encendieron las mejillas y me puse recta. También yo tenía que aclarar algunas cosas con Minerva Sinclair.

—Para que quede claro, de haber estado al tanto de que se estaba chantajeando a Jackson para aceptar una relación que no quería, de haber sabido una mínima parte de lo que sé ahora, nunca hubiera estado dispuesta a participar en toda esta historia.

La reacción que me gané no fue para la que me había preparado. En vez de parecer ofendida por mi afirmación, Minerva parecía… satisfecha.

—Bien —dijo.

Estaba claro que no me había entendido bien.

—No estoy de acuerdo con lo que estás haciendo. Creo que es del todo cruel y manipulador. Jackson no se merece eso.

Despacio, la sonrisa le llegó a la comisura de los ojos, haciéndolos brillar.

—¿Qué más? Sé sincera conmigo, no me lo suavices.

¿Estaba escuchando lo que le estaba diciendo?

—Debería darte vergüenza haberlo obligado a pasar por todo esto. Tiene todo el derecho del mundo a estar enfadado y no lo culpo por tratar de boicotear mi trabajo antes de que lo arrinconaras de nuevo. Yo hubiera reaccionado del mismo modo.

Minerva asintió con lo que solo se podía interpretar como un gesto encantado de aprobación.

—Estoy de acuerdo.

¿Qué?

—Entonces ¿le darás las acciones?

—Ah, no. Eso no pasará a menos que se case antes de que se acabe el mes que viene.

La ira me corroía por la parte alta de la espalda, impulsándome hacia delante.

—¿Por qué? Si estás de acuerdo conmigo, entonces ¿por qué lo sigues obligando a aceptar un matrimonio que no quiere?

—No se trata solo de él, ni tampoco de mí. Tengo un legado que proteger, señorita Paquin. Y las cartas dejaron el mensaje bien clarito: Jackson debe casarse…

—¡¿Y las cree?! ¿Está jugando con su vida por lo que una persona ha interpretado como un mensaje espiritual transmitido por un montón de cartas?

Empezaba a comprender por qué a Jackson le repugnaba tanto que Charmed incluyera el tarot en su programa. Eso había sido lo que lo había metido en ese puñetero lío para empezar.

—Imogen siempre ha acertado cuando me ha leído las cartas. No tengo motivos para dudar de ella en este caso.

La miré con cautela, pensando.

—¿Hay algo que pueda decir para que cambies de opinión?

—Me temo que no. —Su tono no admitía discusión—. Sin embargo, si te hace sentir un poco mejor, he despedido a Charmed. Ya no tendrá que asistir a más citas a ciegas.

—No te quedaba más remedio —intervino Jackson con delicadeza—. No me habría presentado de todos modos.

«O ella o nadie».

La suave piel que rodeaba los ojos de Minerva se arrugó de nuevo y se le dibujó una sonrisa.

—En cualquier caso —dijo—, también me siento obligada a pedirte una disculpa, señorita Paquin.

Entiendo cómo ha afectado esta experiencia a tu carrera y me gustaría que supieras que si no acabas bien con Charmed, Oscar Mijares quiere ampliar su equipo y estaría encantado de hablar contigo sobre tu posible incorporación a RUMI .

—Sacó una tarjeta de visita de color azul celeste claro del bolso y me la tendió—.

Llámalo cuando estés lista. Creo que te gustará escuchar lo que te quiere ofrecer.

Me quedé boquiabierta, como no podía ser de otra forma.

RUMI era una empresa pequeña, pero estaba creciendo muy rápido.

Con toda probabilidad encabezaba la lista de los futuros rivales de Charmed.

Y lo que era mejor, se comentaba que Oscar apostaba fuerte por la cultura empresarial y era un jefe fantástico.

Varios compañeros con gran talento ya se habían ido con él en el último año, y no solo de nuestra empresa.

En lo que respectaba a un trabajo nuevo… no podía ser mejor. Aun así, no cogí la tarjeta de inmediato. No quería que creyese que con eso se ganaría mi perdón. Porque no era así.

—Vivian está hablando ahora mismo con Miray. Volverá enseguida para hablar contigo. Ha dicho que no tardaría más de quince minutos. —Levantó la mirada hacia Jackson.

Él me apretó la mano una última vez antes de soltarla.

—Escríbeme cuando termines, ¿vale?

—Vale.

Lo bueno de que Vivian rompiera la promesa de no tardar más de quince minutos y de que me dejara sola en la sala de reuniones durante casi tres horas fue que me regaló tiempo de sobra para pensar.

Un montón de tiempo para pensar.