Un trato con mi arrogante cliente (Jefes malvados y millonarios 2) Capítulo 38
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Capítulo 38

De nuevo, sabía lo que iba a pasar. Y, de nuevo otra vez, me encogí cuando la carpeta de cuero de color carmesí cayó de golpe en la mesa de roble.

Nunca me acostumbraría a ello.

—Ábrela.

Seguí con la barbilla gacha al hacerlo y no me sorprendió para nada encontrarme la foto de la noche anterior en la que aparecíamos Jackson y yo.

La prueba era irrefutable y demoledora. No tenía forma de explicar por qué estábamos tan cerca el uno del otro ni por qué lo miraba con tanto amor y aflicción y pena.

Era tan obvio que hasta dolía. Se había cruzado un límite claro entre Jackson y yo, y Vivian me iba a desollar viva por ello. No dejaba de caminar de arriba abajo, hirviendo por dentro en silencio mientras planeaba su venganza.

No la culpaba.

Si Miray cumplía sus amenazas, entonces, para el mediodía de ese mismo día esa foto ya estaría circulando entre toda la alta sociedad, y las consecuencias serían bastante feas.

Involucrarse de forma física o emocional con un cliente era un sacrilegio; en materia de relaciones públicas, Vivian tenía entre manos una auténtica pesadilla y era todo culpa mía.

Ah, y como mis acciones quebrantaban de forma directa mi contrato laboral, había grandes posibilidades de que me demandaran. Tal vez por eso no decía nada. Tal vez se lo había recomendado su abogado.

Yo había tomado una mala decisión tras otra y ahora había llegado el momento de pagar las consecuencias.

Cuando por fin dejó de pasearse de un lado a otro y se dio la vuelta para lanzarme una mirada asesina, me preparé para lo que se avecinaba. Pero antes de que pudiera empezar a jurar y a gritar y a echarme la bronca, su asistente llamó a la puerta.

Habían llegado los Sinclair.

Mantuve la mirada gacha cuando Minerva entró en la sala taconeando.

La bajé aún más cuando Jackson entró detrás de ella.

No habíamos hablado mucho la noche anterior después de…

todo. Él lo había intentado, pero yo no podía.

Sabía que estaba a punto de perderlo todo, él seguía borracho y yo solo quería llorar y entrar en mi bucle de negatividad en paz.

Así que me fui del restaurante y me subí a un taxi para ir a mi casa.

También puede que hubiera ignorado todas sus llamadas. Y mensajes. Y correos electrónicos. Me seguían llegando de forma regular cuando me entró el correo electrónico de Vivian a las 4:49 de la madrugada.

Había llegado a la oficina a las 5:30, tal y como me había pedido, y luego había tenido que esperar más de cuatro horas hasta que llegó hecha una furia con la carpeta.

Según los mensajes que Alice me había enviado a escondidas, Vivian había tenido reuniones con los jefes de Relaciones Públicas, Recursos Humanos y el departamento legal, una tras otra.

Por lo visto, también había tratado de reunirse con los Sinclair en privado antes de hablar conmigo, pero Minerva había insistido en que yo estuviera presente.

No habían pasado cinco minutos desde que Alice me había enviado el último mensaje para ponerme al día cuando Jackson me volvió a escribir.

Jackson: No digas nada a nadie,

sobre todo si hay abogados.

Espérame. Voy de camino.

No le había respondido entonces y ahora no era capaz de mirarlo. Si lo hacía, era muy probable que me echara a llorar de nuevo. Estaba hecha un puto lío.

—Minerva, Jackson. —El tono de Vivian era seco, profesional, y estaba cargado de rabia—. Me alegro de que hayáis podido venir. Por favor, sentaos.

Había ocho sillas repartidas en torno a la mesa, pero Jackson eligió la que había a mi izquierda, la arrimó un poco más de lo necesario y se sentó a mi lado. Me puse tensa: hombros, espalda, corazón, todo.

Notaba cómo la ira de Vivian me taladraba la cara. Como si hubiera sido yo la que había elegido el sitio de Jackson.

Se aclaró la garganta y sacó su silla.

—En primer lugar, me gustaría disculparme de corazón por todo lo que ha ocurrido.

—Tenía los dedos entrelazados sobre la mesa y los labios apretados formando una fina línea de decepción—.

Me avergüenza la falta de profesionalidad que han demostrado algunas personas de mi equipo y quiero garantizaros que se van a tomar las medidas apropiadas para pedir cuentas a las partes involucradas.

Vale, así que tenía previsto hablar sobre mí como si no estuviera presente. Entendido.

—De acuerdo con las acusaciones más recientes, se está llevando a cabo una investigación interna en estos momentos. Después de esta reunión, Jamie se reunirá con Recursos Humanos, así como…

—¿Qué acusaciones? —interrumpió Jackson con frialdad.

No dejaba de rozarme la rodilla con la suya bajo la mesa como si tratara de comunicarse conmigo en código morse, y cada vez que yo intentaba apartar la pierna, lo arreglaba acercándose.

A ese ritmo, iba a acabar totalmente pegado a mí antes de que terminara la reunión.

Vivian vaciló, pero Jackson no quería dejarlo pasar.

—¿De qué se la acusa, exactamente?

Ese tonito protector no me hacía ningún favor.

Le apreté el muslo con los nudillos a modo de advertencia en silencio, pero me salió el tiro por la culata de una forma catastrófica.

En cuanto tuvo la oportunidad, me agarró de la mano, entrelazó sus dedos con los míos y me dio un apretón para consolarme antes de aflojar la mano.

Si hubiera querido, podría haber apartado la mano con facilidad. En vez de eso, la dejé allí. Estaba exhausta a nivel emocional, estresada como nunca y me sentía… La verdad, me calmaba un montón. Casi como si estuviéramos en eso juntos. Un equipo.

Le devolví el apretón y, como respuesta, me acarició la piel con el pulgar.

Vivian torció el gesto cuando miró a Jackson.

—Miray me envió una foto de los dos anoche en Rouge.

—Lo sé —dijo Jackson—. Lo que me gustaría saber es de qué, exactamente, se está acusando a la señorita Paquin.

—¿Es esto? —Minerva cogió la carpeta de cuero abierta frente a nosotros, con cuidado de no molestar a Harry, que dormía todo tranquilo en su otro brazo—. Yo tampoco tengo claro qué es lo que está haciendo mal.

Vivian tartamudeó, sin duda alguna desconcertada.

—Tenemos unas políticas muy estrictas y claras sobre el hecho de que nuestros consultores establezcan cualquier tipo de comportamiento inapropiado con nuestros clientes, y Jamie…

—Ni siquiera lo está tocando —señaló Minerva antes de apartar la carpeta a un lado.

A ver, sí…, tenía los brazos caídos a ambos lados del cuerpo, en una postura de derrota y pena, pero él me agarraba la cara con las dos manos como si fuera algo valioso.

Todo en nuestro lenguaje corporal y en la forma en que nos mirábamos decía a gritos «conducta inadecuada en el lugar de trabajo». No había forma de defenderlo.

—Eso es porque mi afecto por Jamie no es correspondido —dijo Jackson—. Lo más probable es que en la foto esté rechazando de nuevo otra de mis propuestas. No me acuerdo muy bien. Le he pedido tantas veces que se case conmigo que me cuesta llevar la cuenta.

¿ QUÉ ?

Vivian se puso pálida.

—¿Dis… disculpe?

Siguió sin inmutarse.

—Me ha rechazado siempre. Una experiencia muy desagradable. La verdad es que me ha dejado bastante tocado.

Lo miré boquiabierto. ¿De verdad estaba haciendo eso?

La sorpresa inicial de Vivian enseguida se transformó en incredulidad.

—Señor Sinclair, por muy admirable que sea que quiera proteger a Jamie, no puedo pasar esto por alto. Debería haber informado de la situación a Recursos Humanos…

—Por mi experiencia, los empleados suelen evitar informar a Recursos Humanos sobre asuntos que podrían volverse en su contra, máxime si sospechan que la dirección está buscando una excusa para despedirlos.

—Denunciar el incumplimiento de nuestras normas sobre la relación de una consultora con su cliente no es opcional, señor Sinclair.

—Vivian no iba a dar marcha atrás—. El contrato laboral que Jamie firmó lo deja bien claro.

Un escándalo de este calibre podría hundir la reputación de una empresa en este sector.

Independientemente de si Jamie cruzó o no cruzó alguna línea, se debería haber tratado la situación de forma interna para evitar justo este resultado.

Tenía razón. Y no me gustaba nada que Jackson rebajara mi nivel de participación en todo aquello. Pero antes de poder meterme o descubrir cómo pedirle en silencio que lo dejara, Vivian dijo:

—No obstante, hay una forma de hacer… desaparecer el problema.

Algo en cómo lo dijo me chirrió en el alma como si fuera una garra en una pizarra. Entrecerré los ojos.

—¿Y cuál es? —preguntó Minerva.

—La señorita Kaya ha aceptado no hacer pública la foto… si Jackson acepta el acuerdo del que hablaron anoche en la cena.

Silencio.

Aunque vi cómo Minerva movía la boca, solo oía el silencio y el crepitar del fuego que me ardía en el pecho.

Otra vez. Lo volvían a chantajear para aceptar una relación que no quería, otra vez.

¿Qué cojones le pasaba a esa gente? ¿Qué tenían el dinero y el poder que les pudría el alma? Tenía los dedos entumecidos, o bien porque estaba apretando la mano de Jackson como si fuera mi tabla de salvación, o bien porque él estaba apretando la mía como si yo fuera la suya.

—Miray no cumplirá ninguna de sus amenazas —dijo con calma—. Lo he solucionado.

Vivian alzó las cejas.

—Acabo de hablar con ella hace menos de una hora.

—Y yo he hablado con ella por teléfono justo un poco antes de llegar. No hará nada con la foto, porque si lo hace, yo filtraré esto.

Minerva dejó su móvil en la mesa, activó la pantalla y volvió a sentarse en la silla. Harry solo se movió un poco en sus brazos. Tuve que entrecerrar los ojos para enfocar un segundo y asegurarme de que seguía respirando.

Y entonces, sucedió.