Un trato con mi arrogante cliente (Jefes malvados y millonarios 2) Capítulo 30 #2
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Capítulo 30 #2

lápices de colores y todo el material

de dibujo y pintura en toda la casa.

Incluida la zona del personal.

Molly: Pero nunca dijo nada sobre

el tinte para telas, ¿no es cierto?

Mabel: No. Ni tampoco mencionó

la madera ni los muebles ni los libros

ni los pinceles de maquillaje.

Molly: Así que salimos y compramos todo

el tinte que pudimos, le enseñamos

a Jackson a utilizarlo y lo soltamos

en nuestros cuartos.

Mabel: Al señorito siempre se le ha dado

genial guardar secretos. Siempre.

Molly: Seguimos utilizando el bastidor

de cama que pintó, pero el resto de los

muebles se guarda a salvo en la biblioteca.

Mabel: Insistimos en que se los quedara.

Volví a mirar la estancia, prestando más atención. Era cierto, había un par de cómodas embutidas entre las estanterías, una mesita auxiliar y un pequeño tocador en el que no me había fijado cuando entré en la habitación.

Jamie: ¿Jackson hizo todo esto?

Mabel: Maravilloso, ¿no es cierto?

Me acerqué a la estantería más cercana y me arrodillé para observar los dibujos que había abajo del todo. La evolución de Jackson era evidente. Cuanto más subía, más detallados y avanzados eran los diseños.

Era muy muy bonito.

Las enormes flores pintadas con torpeza se iban convirtiendo poco a poco en intrincadas enredaderas que serpenteaban en torno a libélulas y mariposas monarca dibujadas con gran detalle.

Las estrellas gigantes de líneas temblorosas se convertían en vivos retazos de un cielo nocturno estrellado.

Había bosques misteriosos con árboles animados y gnomos que hablaban.

Criaturas del bosque jugando en cascadas bajo la luz de la luna.

Era magnífico. Cada centímetro de madera contaba una historia diferente y perdí la noción del tiempo que me pasé en la habitación, empapándome de todo.

Luego decidí sacar un libro al azar de la estantería y lo abrí. Solté un grito ahogado y me quedé boquiabierta.

En algún momento dado de los años siguientes, Jackson debió de conseguir hacerse con material de arte de verdad, porque no creía que se pudiera dibujar algo con ese nivel de detalle con un lápiz o bolígrafo normal.

Era la hostia de mágico. Castillos y cuervos y leones y flores de lis y barcos pirata y duelos a espada dibujados sobre las letras, interactuando con los capítulos de los libros e ilustrando pasajes subrayados.

Todo lo que había dibujado o pintado en la vida y mucho más se conservaba en esa habitación, grabado en cada cosa o mueble. Nunca había visto nada parecido.

Molly y Mabel habían estado calladas durante los últimos… desde que había entrado allí. Y no por casualidad, sospechaba.

Jamie: ¿Qué libros quieren que les lleve?

Mabel: Ay, jolín. No me acuerdo

del título del mío.

No pude evitar esbozar una sonrisa mientras escribía la respuesta. Claro que no se acordaba.

Jamie: ¿Sabe cómo era la cubierta

o el lomo? ¿O dónde puede estar?

Mabel: Creo que la cubierta era verde oscura.

Mire a ver en la estantería pequeña que hay

junto al piano infantil.

Jamie: ¿Qué piano infantil?

Desde luego, no había visto ninguno.

Mabel: Al bajar las escaleras, querida.

¿Qué escaleras? Volví a dar una vuelta por la habitación y miré debajo de algunos de los muebles más grandes, pero nada. Y justo cuando estaba a punto de preguntar, me llegó una notificación al móvil.

Molly: Pruebe a frotar la lámpara del genio.

De nuevo, ¿qué lámpara del gen…? Ah, vale. Estaba en la estantería de mi izquierda, colocada junto a un ejemplar encuadernado en cuero de Las mil y una noches .

Jamie: La he frotado. Sigo sin ver las escaleras.

Mabel: Inténtelo de nuevo. Frote con fuerza.

Jamie: Nada.

Molly: Puede que tenga que utilizar uno

de sus deseos para que aparezcan.

Se me ensanchó la sonrisa poco a poco.

Jamie: Molly y Mabel Harrison,

¿están intentando tomarme el pelo?

Molly: Ni se nos ocurriría, querida,

¿no es cierto, Mabel?

Mabel: Desde luego.

Molly: Pruebe a abrir la tapa.

Jamie: Hecho. Aún nada.

Mabel: Ahora diga: Ábrete, sésamo.

No había ninguna duda de que me estaban tomando el pelo y la verdad es que no me importaba para nada. Era bastante divertido.

«Ábrete, sésamadremía».

Casi me tropiezo sola cuando la balda se movió, y me llevé una mano al pecho.

Porque, joder, se movió. Retrocedió como un metro y luego giró para revelar un pequeño tramo de escaleras que daba a ¡¡¡una habitación secreta!!!

Hostia puta. ¡ SÍ !

Siempre, siempre, siempre había querido hacer travesuras en una habitación secreta. Era increíble. Ria iba a flipar cuando se lo contara.

Jamie: ¡¡¡¡Madre mía!!!!

Molly: Sí, es toda una fantasía.

Mabel: Nunca fuimos capaces de seguirle

el ritmo a la imaginación de Jackson,

¿no es cierto?

Molly: Hicimos lo que pudimos, Mabel.

Eso es lo que importa.

Jamie: En serio, si me mata por colarme

aquí, díganles a mis padres

que he dicho que mereció la pena.

Mabel: IOI

Molly: Creo que no se dice así, Mabel.

Jamie: lol

Me encantaban esas dos, de verdad. Casi tanto como esa biblioteca mágica.

Me metí el móvil en el bolsillo y bajé los cinco escalones dando saltitos, con el corazón acelerado de pura emoción.

Ahí abajo solo había algunas estanterías.

El resto del espacio estaba salpicado con más muebles repletos de dibujos: sillas, escritorios, mesitas de noche y, sip, ahí estaba…

el piano infantil más adorable. Era monísimo.

Jamie: He encontrado el piano.

Molly: Eso fue un poco más difícil

de ocultar, ¿no es así, Mabel?

Mabel: Ni que lo digas. Tuvimos que

coordinarnos con Mikey.

Jamie: ¿Mikey? ¿Mikey, el chófer de Jackson?

Mabel: El mismo. Aunque en aquel

entonces era el chófer de Richard.

Molly: Solo podíamos dejar que

el señorito practicara cuando su

padre no estaba en casa.

Mikey nos pasaba la información.

Mabel: De no ser así, Richard nos hubiera

matado. Estaba convencido de que

la música y el arte harían del chico

un «blando», tal y como dijo él mismo.

Jamie: ¿Quién le enseñó a Jackson

a tocar el piano?

Mabel: Bensen al principio.

Luego, cuando despidieron a Bensen,

se encargó la nuera de Rahul.

Es el peluquero, querida.

Supongo que a estas alturas

ya lo ha conocido.

Algo muy desagradable se me enredó en el pecho.

El motivo por el que Jackson tenía tanto personal, el motivo por el que tenía «una persona» para cada cosa, no era porque él fuera un inútil o incapaz de ser autónomo.

Era porque esas personas eran «su gente».

Su familia. Los tenía cerca por amor, no por necesidad.

Sentí que el corazón no me cabía en el pecho y que se me formaba un nudo esponjoso en la garganta. Viéndolo en ese momento, entendía por qué habían insistido tanto en lo de que lo había juzgado mal.

Jamie: ¿Por qué despidieron a Bensen?

Supuse que Jackson lo volvió a contratar en un momento dado, lo más seguro que cuando tuvo la edad suficiente como para vivir por su cuenta.

No me respondieron al momento, lo que me concedió tiempo para pasearme y fijarme en más cosas.

Como en la foto enmarcada que Jackson guardaba en un viejo escritorio apartado en un rincón.

Debía de tener doce o trece años entonces, llevaba un gorro de Papá Noel y aparato en la boca.

Molly y Mabel lo abrazaban y el Grinch con sonrisa diabólica que había detrás era…

un Bensen mucho más joven, estaba casi segura.

Era un auténtico tesoro y la verdad es que no me ayudaba para nada con lo del nudo en la garganta.

Molly: ¿Ve una mesita de noche

con un cactus enorme dibujado

en un lado?

Jamie: Sí.

Molly: El libro que quiero está ahí.

En el segundo cajón.

Vale, así que no me iban a contar por qué habían despedido a Bensen y, claro, eso solo despertó aún más mi curiosidad. Abrí el cajón que había mencionado, pero no contenía libro alguno. No obstante, había un diario.

Tenía muchas páginas marcadas.

Jamie: Si eso es el diario de Jackson

no lo voy a tocar ni con un palo.

No pensaba leer los pensamientos más privados de otra persona sin su consentimiento explícito. Y tampoco quería robarlo para que lo hiciera Molly.

Molly: No es suyo, querida. Es mío.

Ah. Vale. Entonces sí.

Jamie: Vale. Ya lo tengo. Ahora

voy a buscar su libro verde, Mabel.

Molly: En realidad, ¿puede comprobar

antes un par de cosas? Quiero asegurarme

de que sea el diario correcto.

Jamie: Vale. ¿Qué quiere que compruebe?

Molly: ¿Por qué no abre la primera

página marcada?

Pero eso sí, querida, la aviso…