Capítulo 30
Abrí el portátil en cuanto terminé de ducharme y vestirme y me sumí en el trabajo, esperando que me distrajera.
Solo que me había pasado un poco menos de una hora mirando fijamente la pantalla y lo único que había hecho fue abrir el correo electrónico de Alice y hacer clic en la primera candidata de la lista.
Miray Kaya.
Treinta y cuatro años. Exgimnasta y actual CEO de Counter Couture, la marca de ropa sostenible, vegana y cruelty-free más importante del país.
Tenía un MBA de Cambridge con especialización en negocios sostenibles, había ganado numerosos premios de innovación y moda ética y era, con toda probabilidad, el ser humano más bello de todo el planeta. Era impresionante.
A ver, que sus fotos no parecían reales, la verdad.
En la sección de notas del consultor, Alice había escrito:
Comparte la opinión del cliente sobre la idealización del amor romántico (aunque en menor medida).
Está mucho más interesada en la compatibilidad que en el amor.
Valoraría un matrimonio abierto si se dieran las circunstancias adecuadas, pero preferiría mantener una relación sexual y dormir en la misma cama que la pareja principal, ya que ambas actividades promueven un fuerte vínculo entre las parejas, lo que fortalece los cimientos para educar y criar de forma conjunta a un futuro hijo.
Conoce bien el tema y le gusta hablar a fondo sobre su base científica.
Una puntuación global de compatibilidad de 90,3 según los datos disponibles.
Se prevé un margen de error mayor de lo habitual debido a la información limitada/no revelada sobre la sección A del cliente: niñez y educación; relaciones interpersonales; estilo de apego; estilo de resolución de conflictos; preferencias sexuales.
En notas privadas, ponía:
Nop, las fotos no están retocadas. Lo creas o no, en realidad no le hacen justicia. Tengo una envidia enorme de su pelo/cara/cuerpo. Creo que ni siquiera el Destripador la rechazaría.
Sentí náuseas, para ser sincera. Sabía que tenía que seguir adelante y abrir el siguiente perfil, pero no me veía capaz de hacerlo.
Justo por eso Charmed (y casi todas las empresas de búsqueda de parejas de cierto renombre) tenían políticas y normas tan estrictas que prohibían a sus consultores cualquier tipo de relación física o romántica con sus clientes.
Lo del conflicto de intereses era muy real. Lo estaba viviendo en ese mismo instante.
Cerré el portátil, me levanté y me puse a caminar de un lado a otro. Solo había dos finales posibles para esa historia con Jackson: que yo aceptara firmar el contrato o que él se casara con otra. No había una tercera opción.
Si yo no firmaba el contrato, nuestra pequeña aventura se terminaría al cabo de un par de semanas.
Si firmaba el contrato, se acabaría al año y yo perdería mi carrera por el camino.
Como he dicho, no había una tercera opción mágica.
No me iba a engañar a mí misma pensando que, en algún momento, Jackson cambiaría su sistema de creencias por completo y me confesaría su amor eterno.
Tampoco me fiaba de que yo no me enamorara de él, y desde luego no me odiaba lo suficiente como para…
Me detuve de golpe cuando me pitó el móvil.
Número desconocido: Allá vamos.
Número desconocido: ¿Lo has conseguido?
Número desconocido: Eso creo.
Número desconocido: ¿Cómo lo sabes?
Número desconocido: Estoy en la habitación
de al lado, Molly. Puedes venir a hablar conmigo.
Molly: Bueno, pero ese no era el plan, ¿no?
Número desconocido: Chitón.
Molly: Todavía no se ha unido.
Número desconocido: Que sí.
Molly: ¿Cómo lo sabes si aún no ha dicho nada?
Número desconocido: Es todo automático, ¿no?
Lo he hecho justo como dijo el hijo de Bensen.
Molly: Creo que no ha funcionado, Mabel.
Nos lo hubiera puesto.
Mabel: Me lo ha puesto.
Molly: Entonces, ¿por qué a mí
no me ha puesto nada?
Mabel: ¿Y yo qué sé?
Molly: Llama otra vez al chico y pregúntale.
Mabel: De acuerdo.
Reprimí una sonrisa y escribí una respuesta.
Jamie: Por si sirve de algo, estoy aquí.
Mabel: Lo sabía.
Molly: Entonces ¿por qué no ha dicho
algo antes, querida?
Jamie: Lo siento. No quería interrumpir.
Pasaron unos cuantos minutos sin respuesta, aunque veía en el chat que Mabel escribía y se paraba, escribía y se paraba.
Y entonces:
Mabel: No pasa nada. Solo queríamos saber si ya
ha tenido oportunidad de visitar la biblioteca.
Jamie: No, todavía no.
Para ser sincera, se me había olvidado que lo habían comentado. Había pasado como un millón de años desde la noche en la que se presentaron por sorpresa en mi suite. Había disfrutado de tantos orgasmos como para dos vidas enteras.
Molly: Vaya, qué pena. ¿Está ocupada ahora?
Jamie: Tenemos nuevas candidatas para
Jackson. Estoy repasando sus perfiles.
Mabel: Bueno, eso puede esperar,
¿no es cierto?
Molly: Estamos un poco indispuestas, ¿sabe?,
y nos preguntábamos si podría hacernos
un par de recados.
En la biblioteca.
Nunca había conocido a dos personas que fueran tan divertidas todo el rato. Les había cogido muchísimo cariño. Antes de que pudiera responder, Mabel empezó a teclear otra vez.
Mabel: Me temo que es un poco urgente.
Tenemos que hacerlo todo mientras
el señorito está distraído.
Un momento. Creía que Jackson estaría en la biblioteca. ¿No era eso lo que habían estado insinuando?
Jamie: Qué está haciendo?
Molly: No hay tiempo para eso ahora, querida.
Lo primero es lo primero. Tiene que coger la llave.
Jamie: ¿Tiene llave? ¿La biblioteca?
Mabel: Jackson empezó a cerrarla con
llave cuando usted llegó a la casa.
Jamie: Lo más probable es que eso signifique que no quiere que entre.
Molly: Bueno, no tiene por qué enterarse,
¿cierto? Iríamos nosotras mismas si no
nos encontráramos tan mal.
Jamie: Sean sinceras. ¿Hasta qué punto
estaré metida en un problema si me pilla?
Molly: No lo tenemos muy claro.
Mabel: Además de Jackson, Molly y yo somos
las dos únicas personas a las que les ha
permitido entrar allí.
Molly: Pero no se preocupe, querida.
Solo nos tiene que coger un par
de libros, nada turbio.
Mabel: Estamos postradas en la cama
y agotadas, ¿no es cierto, Molly?
Molly: Si no acaba conmigo la enfermedad,
lo hará el aburrimiento.
Jamie: Mienten fatal.
Mabel: La llave está escondida debajo
de un jarrón que hay al salir de su suite
a la izquierda. Evite la zona de la cocina
a toda costa.
Luego le daremos más instrucciones.
La llave maestra plateada se encontraba, de hecho, escondida debajo de un jarrón enorme, con pinta de ser irremplazable, a la izquierda de mi suite.
Estaba enganchada en uno de esos collares de cordones de colores que solían hacer los niños en el parvulario.
Los cordones habían perdido ya el color y estaban medio deshilachados.
Había tres nudos en tres lugares diferentes, pero no se habían hecho para remendar el cordón.
En cada nudo había un colgante de plástico de color azul vivo con forma de letra: J, M y M.
Debería habérmelo tomado como una señal.
De verdad que nunca en mi vida había estado menos preparada para algo como lo que había al otro lado de aquella puerta. Por otra parte, si Molly y Mabel hubieran tratado de describírmelo, no las habría creído.
Me quedé quieta un buen rato. Había abierto la puerta, cruzado lo que desde luego tenía que ser un umbral invisible y me había quedado paralizada de golpe.
Era preciosa. En todos los sentidos de la palabra, la biblioteca de Jackson era preciosa de una forma abrumadora e impresionante.
Y no tenía el más mínimo sentido.
Lo único que en cierto modo encajaba eran las estanterías que cubrían tres de las cuatro paredes hasta el techo…
, pero incluso esas estaban pintadas y repletas de dibujos.
Había dibujos y pintura por todas partes.
Había florecillas diminutas y estrellas y bichitos de colores vivos grabados en cada superficie de madera de la habitación.
No se parecía en nada al resto del ático.
Había color por todas partes y mucha más luz.
¿Cómo era posible que por esas ventanas entrara mucha más luz en comparación con el resto de las de la casa?
Era como si hasta entonces hubiera estado arrastrando los pies bajo un cielo siempre gris y no me hubiera dado cuenta hasta encontrarme de golpe con un campo de flores en un día despejado de verano.
Y esa estancia sí que era acogedora. Había una manta roja colocada con descuido sobre un lado de un sofá de piel agrietado y hundido, una taza olvidada encima de la mesita de centro cubierta de dibujos, un montón de libros con las esquinas dobladas desperdigados sin orden alguno.
Incluso la alfombra persa estaba descolorida y curtida por el tiempo.
Me encantaba. Todo. Era acogedor, cálido y precioso, y si hubiera sabido de su existencia, habría pasado un montón de tiempo allí en las dos últimas semanas.
¿Sabía Jackson que un grupo de niños de diferentes edades y diferentes niveles de habilidad en dibujo había vandalizado su biblioteca? Porque de no ser así, iba a montar una gorda cuando lo descubriera.
La persona que dejó la taza ni siquiera se había preocupado de utilizar un posavasos. Menudo desastre.
Jamie: ¿Qué es este sitio?
¿Era una trampa? ¿Me habían enviado allí porque necesitaban a alguien a quien culpar de todo ese desastre? Ria siempre decía que había que tener cuidado con quienes parecían más inocentes.
Molly: Es la biblioteca, querida.
Ya se lo hemos dicho.
Vale, bien, por lo menos ahora sabía de dónde sacaba Jackson ese aspecto tan particular de su sentido del humor.
Jamie: No, me refiero a los dibujos
que hay por todas partes.
Molly: Ah.
Bueno, sí, al señor Sinclair no le hacía ninguna
gracia el interés de Jackson por el arte, así que
tuvimos que ser creativas.
Mabel: Me temo que no nos dejó mucha opción.
Molly: No después de que rompiera todos
os cuadernos de bocetos que le compramos
a Jackson y nos dejara al chiquitín llorando
en nuestros brazos en su quinto cumpleaños.
Miré la pantalla parpadeando.
¿Su padre había hecho eso?
Molly: Y eso no fue todo.
Mabel: Llegó a prohibir los cuadernos,