Capítulo 26 #3
Eso captó la atención de Jackson. Se puso rígido durante un instante antes de obligarse a relajarse de nuevo.
—No estoy segura de que mi vida amorosa sea un tema de conversación apropiado en una reunión con un cliente —probé a decir.
Otra carta se salió de la baraja. «Sota de espadas», ponía. Pero en la carta no había espadas. Era tan negra como la carta de la muerte y con unas pocas líneas grises garabateadas en la parte de atrás.
—Te interesa escucharlo —dijo—. No hay nada aquí que indique que pensarás en otra cosa cuando se te haya transmitido el mensaje. No canalizo ningún tipo de arrepentimiento. —Volvió a hacer una mueca con la boca—. No por tu parte, al menos.
—Me parece bien. —Minerva se inclinó hacia el borde de su asiento, observando las cartas. Aunque lo más probable es que su interés en que me leyeran las cartas se debiera a que quería obtener una explicación de por qué la presencia de Jackson se había «alentado» tanto.
—Puedes pedirme que pare cuando quieras —dijo Imogen—. Aunque, de nuevo, no veo aquí que eso vaya a ocurrir.
Me moví en la silla. Me empezaba a notar las rodillas sudadas.
—De acuerdo —acepté despacio. La presión de grupo y la curiosidad habían ganado.
Para ser sincera, mientras no revelara mi pequeño, diminuto, para-nada-importante encaprichamiento con Jackson, todo perfecto. Y si aquello del tarot no era un fraude, entonces quizá conseguiría alguna respuesta a por qué había tenido tan mala suerte en…
—Tu suerte ha cambiado, pero no lo ves. —Dio un golpecito en una carta sin título con la uña de color malva.
Representaba a una mujer poniéndose una venda en los ojos—.
El universo trata de darte justo lo que has estado pidiendo, pero lo rechazas porque, de entrada, no es lo que esperabas.
Esto o bien ya ha pasado o está a punto de pasar.
Se me relajaron un poco los hombros. Era lo bastante ambiguo como para activar mi detector de chorradas. Siempre había sospechado que el tarot estaba más relacionado con leer al cliente que con leer las cartas.
Así que asentí con educación y escuché.
—Has conocido a un hombre hace poco —siguió diciendo—. Seguro que en el último mes o así, aunque las cartas me dicen que sabías quién era desde hace bastante.
Eso… era un poco más concreto.
—Te va a hacer una propuesta… o tal vez te la haya hecho ya.
No me queda muy clara la línea de tiempo.
—Inclinó la cabeza hacia un lado, recorriendo las cartas que había frente a ella con esos ojos de color ámbar.
No me había mirado ni una sola vez desde que había empezado, así que, o bien mi teoría sobre lo de leer al cliente era equivocada, o bien su visión periférica era excelente—.
Qué interesante. Casi como si estuvieran siendo ambiguas a propósito.
Lo que se me muestra de forma clara es que este hombre te hará una propuesta de algún tipo y que eso te va a llevar a todo lo que siempre has querido.
Sin embargo, la presentación es… es casi como si el embalaje fuera engañoso y te desvía del camino en el que tenías puestos los ojos.
No se parece a lo que tú quieres, porque no lo es…
, pero te llevará hasta ello. De eso no hay ninguna duda. Las únicas dudas son las tuyas.
Tenía el corazón desbocado. Jackson estaba empezando a girar despacio todo su cuerpo hacia Imogen y juro que incluso se inclinó hacia delante en un momento dado, tratando de echar un vistazo a las cartas con disimulo.
—Si estás confundida sobre quién podría ser o si te gustaría conocer alguna señal que debas buscar cuando lo conozcas, hay un par de cosas…
muy concretas que estoy canalizando. —Volvió a esbozar esa pícara sonrisa cuando me miró a los ojos.
Hizo que se me erizara el vello de la nuca—.
Es alto —dijo, y se me formó un nudo en la garganta—. También oigo un acento…
Debería haberla parado en ese momento. Ahí era justo hacia donde no había querido que fuera.
Pero no dije nada. Me había quedado muda, incapaz de mover la lengua.
—También hay cierto énfasis en la comida…
, en el marisco en concreto. Puede ser sushi o algo muy especializado dentro de ese tipo de cocina que los dos disfrutaréis juntos.
Y estoy viendo una mascota. Una muy querida…
, muy mimada por ese hombre. Podría ser suya o tuya.
—Se detuvo un instante, desviando la mirada a mi izquierda.
Sea lo que sea lo que vio la hizo sonreír de nuevo.
Casi como si aquello fuera un juego para ella—.
Tendrá un montón de tatuajes o puede que algún tipo de cicatriz con una forma extraña. Una docena. Quizá más.
Un momento. ¿Jackson tenía tatuajes? Ni la noche anterior ni esa mañana se había quitado la camisa, así que no estaba segura…
—También veo que la letra D es importante en cuanto a sus iniciales o… hummm, puede que una señal de algún tipo.
Fruncí el ceño. Jackson Parker Sinclair. No había una sola D en su nombre, y estaba convencida de que si hubiera tenido una docena de tatuajes, los habría…
Oh.
«Oooh».
No estaba hablando de Jackson.