Un trato con mi arrogante cliente (Jefes malvados y millonarios 2) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

—¡Jackson! —le solté cuando se acercó con la boca a mi mandíbula.

A ver, me hizo poner los ojos en blanco hasta que casi se me dieron la vuelta, pero solo un momento…

hasta que me dio un lametazo justo en ese punto que hay debajo del lóbulo de la oreja.

En ese momento noté que algo se quebraba en mí—.

Jackson, deberíamos, eh, tengo que… Deberíamos parar. Hay… gente ahí.

Eso fue toda la coherencia que logré reunir mientras me mordisqueaba el lóbulo de aquella manera.

Solo me abrazó con más fuerza.

—Fuera —gruñó nada contento, aunque yo estaba bastante segura de que las hermanas ya se habían ido—. Estamos ocupados.

Sonó muy ronco y un poco embriagado.

—Jackson. —Volví a intentarlo. Que hubiera sido capaz de formar la palabra ya era todo un milagro. Era muy muy muy muy bueno con la lengua. Excelente.

—Sabes a melocotón.

—Eso es… anatómicamente… imposible —dije entre jadeos.

—Díselo a tu piel —replicó antes de volver a lamerme la mandíbula.

Me contraje por dentro, con el centro de mi ser ardiendo.

—Jackson… mírame… por… favor.

A regañadientes, apartó la boca de mi cuello y me miró con esos ojos azules vidriosos. Hacía un puchero.

—Molly y Mabel… nos han visto —le expliqué, todavía tratando de recuperar el aliento.

—Vale. —Volvió a clavar los ojos en mis labios y se inclinó hacia delante.

Le tapé la boca con la mano antes de que pudiera besarme, lo que le hizo arrugar el entrecejo. Como si de verdad no entendiera cuál era el problema.

—¿Qué estás…? —Seguía jadeando, pero parecía que el oxígeno no me llegaba al cerebro—. Me has besado. ¿Por qué has hecho eso?

Ladeó la cabeza y enarcó una ceja. Yo seguía con la palma de la mano en su boca.

Poco a poco, fui asimilando lo que acababa de pasar.

Poco a poco, comencé a entrar en pánico.

—¿Por qué has…? —¿Se hacía una idea de lo que acababa de hacer? ¿Cómo algo así podría afectar a mi carrera?—. ¡Se supone que somos amigos!

Frunció el ceño al oír eso y luego me mordisqueó los dedos. Los mantuve firmes en su boca, entornando los ojos. Iba recuperando el juicio poco a poco, moviendo con pesadez los engranajes de mi cabeza.

—Bájame.

Me apretó con los brazos durante un instante de obstinación antes de dejarme con delicadeza de nuevo en la alfombra. No parecía muy contento al respecto.

—Escúchame con atención —dije, sin retirar la mano todavía. Estaba pasando muy rápido del estado de confusión inicial a uno de pánico puro y duro, que me iba calando en la piel.

—Esto, lo que sea que haya sido, no ha pasado nunca, ¿de acuerdo? Me voy a ir a mi cuarto a terminar de preparar la entrevista de mañana y tú te vas a ir a explicarles a Molly y a Mabel que solo ha sido un malentendido y luego no vamos a volver a hablar de esto en la vida.

Después cometí el error de retirar la mano.

—No.

Me clavé los dedos en las palmas.

—No te lo estaba pidiendo.

—No voy a fingir que no nos acabamos de besar —dijo—. ¿Sabes lo que deberíamos hacer en vez de eso? Hablarlo.

—Eso me parece lo peor que podríamos hacer.

—La buena comunicación es la piedra angular de cualquier relación sana —señaló.

Me ardían las puntas de las orejas. Estaba en un lío la hostia de gordo.

—Tú y yo no tenemos una relación.

Chasqueó la lengua.

—Tenemos una relación profesional, por no mencionar una amistad que hay que cultivar y…

—Jackson.

—Me has devuelto el beso.

Me quedé callada de golpe. Con un nudo en la garganta.

Dio un paso adelante, buscando mis ojos con los suyos.

—No me has apartado, no te has retirado.

Se me trabó la lengua por un segundo como una tonta.

—No puedo… No tienes ni idea de…

Ya no solo se trataba de perder mi trabajo en Charmed. Si se corría la voz de que había besado a Jackson Sinclair, mi reputación profesional quedaría arruinada. Entraría en la lista negra.

En el sector no se bromeaba con esas cosas. Involucrarse de forma romántica con un cliente suponía un enorme conflicto de interés. Solo sabía de dos personas a las que hubieran pillado haciendo algo así y ninguna volvió a trabajar en el sector.

Por no hablar de los cotilleos, los rumores, las etiquetas desagradables y la vergüenza general que tuvieron que soportar…

—¿Qué? —preguntó Jackson cuando me quedé callada.

Pero no podía decírselo, ¿no? Si supiera lo grave que era, le daría un montón de ventaja para utilizarla contra mí si todo eso de la amistad no funcionaba.

El protocolo decía que yo debía informar del incidente a Recursos Humanos y apartarme de la situación de inmediato. Solo que así también cabrearía a mi jefa hasta límites insospechados, y ella era un auténtico as de las relaciones públicas. También podría utilizar esto perfectamente contra mí.

No tenía ni idea de lo que hacer.

—¿Por qué… solo por qué? —¿Por qué me había besado? Habíamos avanzado tanto. No lo entendía.

—A juzgar por tu reacción, no estoy seguro de que sea el momento de…

—¡Solo dímelo! ¿En qué narices estabas pensando? —Era imposible que le gustara. No estaba segura de si le podía gustar alguien, según las conversaciones que habíamos mantenido sobre el amor y las relaciones románticas.

¿Solo era atracción? De ser así, ¿por qué narices había dado el paso, sabiendo que aún nos quedaban otras tres semanas atrapados allí juntos? ¿No se le había pasado por la cabeza lo incómodo que iba a ser?

—Vale, supongo que entonces te lo diré. —Y entonces, Jackson Sinclair, el absoluto azote de mi existencia durante los últimos ocho meses, me miró fijamente a los ojos y me dijo:

—Estaba pensando que tú y yo deberíamos casarnos.