Un rival inolvidable Capítulo Veintiséis
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Capítulo Veintiséis

ZACHARY

La crisis en el transporte marítimo duró más de lo que había previsto, pero por fin la situación empezó a calmarse dos semanas después, con la confirmación del envío final.

—¡Sí, por fin! —exclamé, levantándome de un salto de mi escritorio.

Miré por la ventana hacia el patio de LeBlanc era justo lo que necesitaba y estaba deseando verla esa noche.

Necesitaba estirar las piernas. Justo cuando me disponía a bajar por un café, escuché mi teléfono vibrar sobre el escritorio.

Como norma general, nunca me llevaba el móvil a los descansos.

Sin embargo, y dado el difícil momento del año, me vi obligado a hacerlo varias veces.

No obstante, esa mañana estaba decidido a dejarlo ahí.

—Joder —me quejé, volviendo a mi mesa—. Como sea otro retraso en una entrega…

Pero el nombre que aparecía en la pantalla me tranquilizó: Gaston . Atendí de inmediato.

—Buenas.

—Hola, Zachary.

—Hace tiempo que no sabía nada de ti.

—Disculpa la demora, hijo. Te llamo porque hemos tomado una decisión… queremos que tú seas nuestro socio inversor. Tu oferta es imbatible y estamos seguros de que todo irá sobre ruedas.

—¡Genial! —exclamé—. Me encargaré de todo el papeleo, incluyendo la aprobación legal; calculo que podré efectuar la transferencia la semana que viene. —Hice una breve pausa y luego pregunté—: ¿Puedo preguntar qué pasó con Grace?

No habíamos hablado del tema de la finca. Esto se debía, en parte, a que ambos estábamos inmersos en el trabajo y, en parte, a que aguardábamos noticias de Gaston y Felicia.

—Grace ya no compite por el proyecto.

Fruncí el ceño y, a pesar de estar en mi descanso, decidí bajar las escaleras con el teléfono en mano mientras continuaba la conversación.

Me sorprendió su respuesta y me pregunté qué la habría llevado a cambiar de opinión.

Había pensado preguntarle esa noche, pues estaba dispuesto a renunciar al proyecto para que ella lo consiguiera.

Pero tal vez llegó a la conclusión de que no era el momento para meterse en otro proyecto empresarial: su propio negocio crecía a pasos agigantados y estaba desbordada.

Además, desde su colaboración con mis abuelas, toda la ciudad quería hacer negocios con Grace.

—Felicia y yo nos preguntábamos si sería posible que pasaras por la finca con todos los contratos y documentos necesarios. Se nos complica mucho ir y volver a Nueva Orleans en el día.

—Claro, no hay problema, iré yo. Pero antes tengo que preparar todo el papeleo.

—Sí, por supuesto —respondió Gaston, completamente distraído.

—Vale, no te entretengo más.

Yo también estaba distraído, pensando en Grace. Parecía tan convencida al principio de invertir en la finca que me extrañaba mucho su repentina pérdida de interés. Me preguntaba qué la habría hecho cambiar de opinión. ¿Estaba agobiada por el trabajo? En tal caso, podía echarle una mano.

Tenía que llegar al fondo del asunto y lo haría durante nuestra cita de esa noche.

GRACE

Suspiré al oler las nuevas muestras de cremas. Mmm, ¡qué bien huelen!

Muchos consumidores tenían la creencia de que una crema sin fragancia era sinónimo de calidad y menor cantidad de conservantes.

Pero mis productos estaban hechos con ingredientes totalmente naturales y los aceites esenciales de primera calidad le daban un delicioso aroma.

La crema que tenía en la mano contenía aceite esencial de lila.

Sí, Isabeau y Celine me sirvieron de inspiración.

Y aunque no aportaba ninguna acción rejuvenecedora o calmante a la loción, su aroma era irresistible.

Cerré los ojos y, por alguna razón, pensé en Zachary.

Se había convertido en parte fundamental de mi vida…

y de mi felicidad. Nunca lo hubiera imaginado, al igual que nunca imaginé que su familia me aceptaría tan abiertamente tras el escándalo de mis hermanos.

Seguía sin dar crédito a que Kyle se hubiese comportado como un capullo con Georgie; era una mujer increíble y no se lo merecía.

Mi hermano se parecía demasiado a mi ex: un completo imbécil.

Abrí los ojos, dejé el frasco de crema y envié un correo electrónico a mi equipo para que enviaran esa muestra a la tienda de Isabeau y Celine.

Había recibido un informe de las ventas actualizadas la semana anterior: las ventas en tiendas físicas no se convertirían en una gran fuente de ingresos, pero era un buen comienzo. Me entusiasmaba ver mis productos en los negocios del casco antiguo.

Justo después de enviar el correo, mi teléfono sonó, y al ver la pantalla, sonreí. Era Gaston. ¡Por fin! Había estado esperando su llamada, y me tenía intranquila.

Pulsé el altavoz y dejé el teléfono en el sofá; tenía crema en las manos y no quería ensuciar la pantalla.

—Hola, Grace.

—Hola, Gaston. Hacía tiempo que no sabía nada de ti.

—Lo sé, lo sé. Te aseguro que no te estaba dando largas. —Y un momento después, añadió—: Grace… no quiero hacerte perder más tiempo.

Se me hizo un nudo en la garganta.

—¿Qué ha pasado?

—Hemos decidido aceptar la oferta de Zachary.

Tragué saliva con dificultad, como si me faltara el aire.

—Claro, claro. —Me aclaré la garganta—. ¿Es una cuestión monetaria? ¿O creeis que él tiene mejor perspectiva de negocio? Porque si es por dinero, puedo mejorar mi oferta.

—Zachary nos dijo que puede superar cualquier oferta que tú nos hagas.

—Ya veo. —No pude evitar sentirme traicionada.

—Lo sentimos mucho. Felicia y yo te hemos cogido mucho cariño, y has establecido una conexión muy bonita con los caballos, pero al fin y al cabo se trata de una decisión empresarial.

—Sí, claro. Lo entiendo.

—Y además, nos recalcaste que no considerarías una inversión conjunta.

Tragué saliva. Es verdad.

—Sabes que eres siempre bienvenida en la finca, y puedes pasar con los caballos todo el tiempo que quieras.

Sonreí:

—Gracias, Gaston. Es muy amable por tu parte. —Me sentía muy desconcertada.

—Bueno… que pases una buena semana.

—Claro. Tú también.

Quería preguntarle sobre Starlight, pero no me atreví. Estaba muy decepcionada.

Tras colgar, me froté las manos hasta que la crema se absorbió. Necesitaba salir de mi apartamento, que estaba abarrotado de muestras. En ese momento, sentí claustrofobia. Con cuidado, cogí el teléfono, abrí la puerta con el codo y bajé directamente las escaleras.

Zachary les había dicho que podía mejorar cualquier oferta que yo hiciera. Era una jugada muy inteligente, y aunque debió haberlo dicho en la primera semana, no podía quitarme esa sensación de traición. Se me venía a la mente mi ex y su obsesión por superarme en todo. Pero esto no era lo mismo.

Me dirigí directamente a la tienda de bagels y donuts .

Dios, no quería decir adiós a la finca. Me había encariñado mucho con Starlight, aunque solo hubiéramos pasado unas horas juntos.

Tenía un don para crear vínculos profundos en poco tiempo con los animales…

y hubo un tiempo en que también me encariñaba rápido con la gente.

Mi exmarido cambió ese rasgo de mi personalidad, y Zachary me había ayudado a reencontrarme con mi antiguo yo.

Ahora me preguntaba si había cometido un error. Mi corazón pesaba como un lastre.

¿Por qué no me dijo que pensaba superar mi oferta? Era obvio que Gaston y Felicia se decantarían por su propuesta, era lo más lógico; yo habría hecho lo mismo. A menos que fuera un imbécil, y Zachary no lo era. Además, era un hombre de negocios inteligente y sería un activo valioso para la finca.

Sin embargo, no entendía por qué nunca lo había mencionado… Me había hecho ilusiones en vano. Hubiera preferido saber desde el principio que no tenía ninguna oportunidad.

Había una cola considerable delante de la panadería, lo que me dio demasiado tiempo para darle vueltas a la cabeza hasta que llegó mi turno.

—¿Qué te pongo, Grace?

—Lo más dulce que tengas.

—Parece que no es un buen día, ¿verdad? Bueno, como sé que te gusta el chocolate y el pistacho, ¿qué tal uno de estos? —preguntó, señalando dos donuts con un perfecto glaseado.

—Genial. Y tienes razón: hoy lo necesito más que nunca.

—Esto te levantará el ánimo —añadió con un guiño, y asentí.

Sin duda sería de gran ayuda. Aunque pensaba devorarlos al instante, dejé que los pusiera en una bonita bolsa de papel y resistí la tentación hasta que salí.

Entonces abrí la bolsa, cogí el primer donut y le di un mordisco.

El azúcar solía mejorar mi estado de ánimo al primer bocado, pero esa vez no funcionó.

Seguía dándole vueltas a todo lo que estaba sucediendo.

¿Había mencionado Zachary el tema de la finca y lo pasé por alto de alguna manera?

No sería la primera vez que me hacía la desentendida para fingir que todo iba bien, pero estaba segura de que ese no era el caso.

La relación con Zachary era diferente en comparación a mi exmarido. Rotundamente diferente.

Cuando me llegó un mensaje al teléfono, fui al banco más cercano y me senté. No quería arriesgarme a que se me cayera el donut que me quedaba. Miré la pantalla y vi que era de Zachary.

Zachary: ¿A qué hora quieres que te recoja?

Ah, es verdad. Tenemos una cita esta noche .

Sentí un vuelco en el estómago. Llevaba toda la semana ilusionada con nuestra cita, pero ahora en ese momento no me apetecía en absoluto.

Me puse una mano en el pecho. Tenía que aceptarlo y ser honesta conmigo misma: me sentía traicionada. Y como tampoco quería hacer esperar a Zachary, le respondí rápidamente.

Grace: No estoy de ánimo para salir esta noche. Me ha llamado Gaston. Enhorabuena por la finca.

Acto seguido, le envié otro mensaje.

Grace: Espero que lo entiendas.

Él respondió de inmediato.

Zachary: Claro, no te preocupes. Saldremos otro día. Voy a aprovechar para quedar con Anthony y Beckett.

Dejé el teléfono y le di un mordisco a mi segundo donut . Cuando terminé, volví a entrar en la panadería: tenía otro antojo y no sentía ninguna culpa por ello.