Un rival inolvidable Capítulo Veinticuatro
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Capítulo Veinticuatro

ZACHARY

A la semana siguiente, por fin recibí los dichosos informes financieros de Felicia y Gaston: el listado actualizado de ingresos y gastos, así como una estimación de la inversión necesaria para realizar la reforma.

Los números tenían buena pinta; había previsto pedirle a Xander que le echara un vistazo, pero no era necesario. Estaba bastante claro.

Una hora más tarde, respondí al correo electrónico de Gaston y le envié mi propuesta. Una vez finiquitado el asunto, me aboqué a mi trabajo; estábamos en pleno caos solucionando los retrasos en los envíos. La otra prioridad que tenía en mente era avisar a mi familia que quería presentarles a Grace.

Quizás a mis padres les pillara por sorpresa; a mis abuelas, desde luego, no.

Y me atrevía a apostar que mis abuelos ya estaban al tanto, al igual que mis hermanos.

Como mis padres solían mantenerse al margen de los cotilleos familiares, decidí llamar a mi madre el martes, a la hora del almuerzo.

Sabía que tenía un evento en la galería esa noche, pero esperaba que tuviese unos minutos para hablar conmigo.

—Hola, hijo —respondió—. Qué sorpresa.

No solía llamarla muy a menudo. Normalmente le enviaba mensajes.

—¿Cómo estás, mamá?

—Ocupada, pero en el buen sentido. ¿Y tú qué tal? ¿Sobreviviendo a la temporada?

Me reí porque mi madre sabía perfectamente los picos de actividad en mi sector.

—Sí, pero nada que no pueda manejar.

—No lo dudo —respondió—. Entonces, ¿a qué debo el placer?

—Me gustaría llevar a alguien al brunch del sábado —dije sin más rodeos.

—¿Esa persona es Grace Deveraux?

Abrí los ojos con sorpresa:

—Sí… ¿cómo lo sabes?

—Ya conoces a nuestra familia. Oí una cosa por aquí, otra por allá, y deduje que pasaba algo entre vosotros dos.

Tenía que rectificar lo que pensaba sobre mis padres; estaba claro que ellos también cotilleaban al igual que los demás.

—Sí, me gustaría presentarla oficialmente a la familia. Ya conoce a Anthony y a Beckett, además de a las abuelas.

—Entonces, vas en serio con ella —concluyó.

—Sí —respondí, y me aclaré la garganta—. Grace me gusta mucho.

—¡No sabes lo contenta que estoy! Lo único que quiero es la felicidad de mis hijos. Enamorarse y estar en pareja son unas de las mayores alegrías de la vida. Yo me encargo de avisar a todos que la vas a llevar al brunch .

—Gracias. ¿Cómo sabías que iba a pedirte eso?

—Porque tengo un sexto sentido y sé cuándo mis hijos necesitan algo de mí. Aunque no ocurra muy a menudo… Sois todos muy independientes, quizá demasiado.

—Gracias, mamá.

—De nada. Tengo que dejarte porque quiero explorar una tienda nueva, bastante peculiar, que ha abierto al lado de la galería. Llevo tiempo con ganas de echarle un vistazo.

—Claro. Que todo vaya bien.

Colgué y me reí. Mi familia era, sin duda, muy particular.

Estaba feliz de haber invitado a Grace. Sabía que podría ser abrumador para ella, pero contaba con la ventaja de que ya había conocido a algunos miembros del clan. Estaba ansioso porque llegara el sábado.

Sin embargo, a medida que pasaba el día, me di cuenta de que no quería esperar tanto para volver a verla. Así que, a las cinco de la tarde, le envié un mensaje.

Zachary: ¿Has terminado de trabajar?

Grace: Qué va. Otra semana que tendré que cenar en la oficina.

Zachary: Deja que yo me encargue.

Estaba a punto de pedirle a LeBlanc sabía que se exigía más a sí misma que a su equipo.

—¡Estoy aquí! —gritó en voz alta—. Como la última vez.

Caminé hacia allí con pasos rápidos y me detuve en su puerta.

—Un momento… ¿Zachary? —preguntó al verme entrar—. ¿Me dijiste que vendrías y no me he acordado?

—No, quería darte una sorpresa.

Ella sonrió y apartó su portátil a un lado. Un segundo después, se levantó y se acercó:

—¿Qué cosas ricas me has traído?

Me aproximé al escritorio y dejé la bolsa:

— Jambalaya . Pero primero, exijo un beso.

—Ah, ya veo. No eres ninguna alma caritativa, ¿eh? —murmuró—. ¿Tengo que darte una recompensa?

—Una gran recompensa.

La besé con tanta pasión que la arrinconé contra el escritorio. Llevado por el deseo y sin dejar de explorarla, la levanté para sentarla sobre la mesa. Ella dejó escapar un gemido cuando intenté separarle las piernas.

Grace puso una mano en mi pecho y echó la cabeza hacia atrás.

—Zachary —susurró—. La falda es demasiado ajustada. La vas a romper.

—Pues quítatela —gruñí.

—Qué malo eres. ¿Quieres que me quite la ropa aquí mismo, en medio de mi oficina?

Respiré hondo y retrocedí:

—Tienes razón, joder. Se me ha ido la olla.

Grace soltó una carcajada, y me incliné para besarle el cuello y bajar hasta su clavícula. Llevaba una camiseta sin mangas con escote en V que me atraía como un imán. Antes de darme cuenta, recorrí todo su escote. Grace volvió a jadear y me enderecé.

Joder, esto es mala idea .

—No entiendo por qué no puedo controlarme.

—Tengo una idea —dijo ella—. Apártate, por favor.

Di unos pasos hacia atrás mientras ella daba la vuelta a su escritorio y se sentaba en la silla.

—¿Qué te parece? —preguntó—. Ahora estamos separados por el escritorio.

“¿Piensas que eso podrá detenerme?” estuve a punto de decir, pero me quedé callado.

—Ahora, a comer.

Esa sí era una buena distracción.

Comimos directamente de los recipientes con los tenedores de plástico.

—No creo que pueda cansarme nunca de esta jambalaya .

—Puedes decírselo a las abuelas el sábado. Se volverán más locas por ti de lo que ya están.

—¿Cómo se lo tomó tu familia? —preguntó Grace, levantando la vista de su comida.

—Se lo conté a mi madre y le pedí que se encargara de comunicarlo al resto.

—Vaya, qué curioso —dijo con la mirada entornada.

—Pensaba que mis padres eran los únicos que no estaban al tanto de lo nuestro, y por eso decidí llamar primero a mi madre. Pero resulta que ella ya lo sabía.

Grace abrió la boca, sorprendida:

—¿En serio?

—Sí. Así es como funciona todo en mi familia.

—Estoy empezando a ponerme un poco nerviosa —dijo.

—Tranquila, todo irá perfectamente, Grace.

Pensé que me bastaría con pasar un rato con ella, pero me di cuenta que me estaba muriendo por tocarla y sentir su piel.

—Puede que al principio sea un poco abrumador, pero te acostumbrarás rápido —añadí.

—Ya conozco a algunos miembros de tu familia.

—Exacto.

No dije nada más y continuamos con la cena.

Yo terminé primero y Grace comió dos cucharadas más antes de declarar:

—Qué llena estoy.

Para mi sorpresa, echó la silla hacia atrás y se levantó.

—¿Qué haces? —pregunté.

—Como te has portado tan bien durante la cena —dijo, mientras se dirigía a cerrar la puerta—, ahora te toca una muy merecida recompensa.

Mi polla se estremeció.

—¿Ah, sí? ¿Y cuál es?

—Bueno… como antes estabas tan interesado en quitarme la falda, creo que empezaré por ahí.

Madre mía, la cosa no puede ponerse mejor.

Sabía que tenía un asunto pendiente con Grace, pero no recordaba qué era.

Entonces caí en la cuenta: quería hablar con ella sobre Gaston y Felicia, pero no parecía un buen momento.

Mi prioridad absoluta era complacer a esa hermosa mujer.