Un rival inolvidable Capítulo Veintitrés
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Capítulo Veintitrés

GRACE

Después de volver a mi rutina semanal, seguía sin creer el fin de semana tan maravilloso que había vivido. Era justo lo que necesitaba. Zachary tenía un talento especial para anticiparse a mis necesidades, como si de alguna manera me conociera mejor que yo misma.

Esa euforia me estaba ayudando a sobrellevar un lunes complicado, en el que tenía un millón de cosas que hacer.

Pero todo dio un giro inesperado con la llamada de una persona con la que no deseaba volver a hablar: mi exmarido, Roger.

Mi primer instinto fue no contestar. Hacía mucho tiempo que todo había quedado zanjado, ¿para qué querría hablar conmigo?

Pero no era una cobarde, y tenía que haber un motivo para que se pusiera en contacto conmigo.

Ignorarlo solo postergaría el problema y me tendría intranquila.

Me levanté de un tirón del escritorio y fui a cerrar la puerta; no quería que nadie fuera testigo de esa llamada.

Luego, contesté el teléfono mientras me apoyaba en la puerta.

—Grace —dijo en lugar de saludar.

—¿Por qué me llamas? —pregunté, y todo mi cuerpo se tensó.

—Qué bonita forma de saludar.

—No tengo ningún motivo para ser amable contigo. Así que ve al grano o daré por terminada esta conversación ahora mismo.

—Me he enterado que estás saliendo con Zachary LeBlanc —afirmó.

Sus palabras fueron como un puñetazo en el estómago. ¿Por qué me afecta lo que él diga?

—Sí. —Me aclaré la garganta y apreté los dientes—. ¿Te parece mal? ¿Por eso me llamas?

—Joder, claro que te llamo por eso.

Me despegué del marco de la puerta y empecé a deambular por mi despacho.

—¿Cómo cojones se te ocurre salir con un LeBlanc?

—¿Y a ti qué te importa?

—Apuesto a que tu familia se avergüenza de ti.

—¡No te atrevas a hablar de mi familia! —solté con ira; mi compostura pendía de un hilo—. No sabes nada de ellos. Nunca te molestaste en conocer bien a mis padres.

—Conozco bastante bien a tus hermanos.

—Porque eres igual que ellos. Yo que tú no presumiría de eso.

—Tus hermanos tuvieron que salir pitando por culpa de esos malditos LeBlanc, y ahora tú estás saliendo con uno de ellos. Qué ironía, Grace.

Me reí, pero sin una pizca de humor. Volví a mi escritorio, pero estaba tan enfadada y alterada que no me podía sentar en la silla.

—Mis hermanos han tenido que escapar porque son unos sinvergüenzas y no tienen escrúpulos ni moral, al igual que tú.

—Llevas la misma sangre que ellos.

Me moría por gritarle, pero hacía mucho tiempo que me había prometido a mí misma no otorgarle ese poder sobre mí. Nada de lo que dijera o hiciera podía herirme, ya no. Estaba tratando de sacarme de quicio, y no lo iba a permitir.

—Mis padres son mi única familia.

Mis hermanos nunca habían mostrado el más mínimo interés en mí; cuando decidí dejar la compañía me remarcaron que no podría volver nunca más.

—Grace, de verdad. Puedes salir con quien te dé la gana en Nueva Orleans, pero no con un LeBlanc.

Sonreí. Iba a aprovechar ese pie para darle un golpe bajo a su ego:

—¿Por qué? ¿Te molesta que haya encontrado a alguien muy superior a ti?

Pareció quedarse sin aliento, y me traía sin cuidado. Sentía un deseo irrefrenable de devolverle todo el daño que me había hecho, aunque en el fondo, sería incapaz de hacerlo.

Aún así, ese simple comentario me llenó de satisfacción.

—Si eso te sirve de consuelo…

En ese momento no hacía más que preguntarme qué coño había visto en él.

—No necesito ningún consuelo —respondí con frialdad—. ¿Algo más?

—No, pero tienes que…

Colgué antes de que pudiera terminar la frase.

¡Hijo de la gran puta!

No podía creer lo cabreada que estaba. Me aparté de mi escritorio y volví a dar vueltas por mi oficina. Estaba enfadada con él, pero sobre todo conmigo misma.

¿Cómo puede ser? Después de tanta terapia, con todo lo que he avanzado… ¿Por qué me afecta lo que él diga?

La verdad era que no tenía ninguna relevancia en mi vida, pero por alguna loca razón, no conseguía calmarme. Me mordí el interior de la mejilla y puse las manos en las caderas mientras miraba la pantalla de mi ordenador. No, el trabajo no lograría distraerme. Necesitaba otra cosa.

Y sabía exactamente qué era.

Llamé a Felicia con los dedos cruzados, y por suerte, respondió rápidamente.

—Hola, cariño. —Su voz cálida reflejaba su personalidad.

—Hola, Felicia. Te llamaba para preguntarte si podría pasarme esta tarde por la finca.

—Claro, será un placer.

—Me apetece pasar un rato con los caballos —expliqué, porque no se me ocurría ninguna otra excusa. No quería mentir, y mucho menos, darles la impresión de que necesitaba una respuesta por parte de ellos con respecto a la inversión.

—Para eso están aquí: para quien los necesite. Y prepararé una buena cena.

—No hace falta, Felicia —respondí, sintiéndome un poco culpable.

—No digas tonterías, cariño. Si tengo que cocinar para mí y para Gaston, ¿qué me cuesta hacer un poco más? Además podemos aprovechar para conversar un rato.

—Gracias. —Al ver que eran las dos en punto, dije—: Calculo que llegaré sobre las cinco y media más o menos, ¿está bien para vosotros?

—¡Perfecto! Cenaremos sobre las seis y media o las siete.

Sonreí para mis adentros, ya me sentía más tranquila. Felicia tenía ese efecto en mí.

—Gracias. Nos vemos en un rato.

Después de colgar, salí inmediatamente de la oficina para no cambiar de opinión. Mis empleadas se sorprendieron al ver que me iba a mitad del día sin dar muchas explicaciones, pero no dijeron nada, y lo agradecí en silencio.

Pensé que tal vez me calmaría mientras conducía, pero no fue así. De hecho, no conseguí relajarme de verdad hasta llegar al establo con Starlight. También me gustaban los otros caballos, pero él y yo teníamos un vínculo especial.

Decidí sacarlo a pasear.

—Oh, Starlight. Eres el único con el que puedo hablar —le dije una vez que regresamos al establo.

Le había dado la tabarra al pobre caballo, pero me sentía mucho más relajada. Entonces comencé a cepillarle la crin: su respiración era constante y me tranquilizaba. Aún así, ¿por qué no podía quitarme de la cabeza las palabras de mi ex? ¿A quién le importaba lo que él pensara?

Pero, mientras le desenredaba el último nudo, finalmente lo comprendí. Lo que me molestó fue su comentario sobre mis padres. Creía que no les importaba que saliera con Zachary, pero ¿y si no era así y no se atrevían a decírmelo?

Mientras admiraba el cabello de Starlight, decidí llamar a mis padres. Tenía que preguntárselo directamente para que no esquivaran la respuesta.

Marqué el número de mi madre, pero no contestó, lo cual era de esperar; siempre se dejaba el teléfono en algún lugar de la casa. Probé con mi padre, y cuando contestó, activé el FaceTime .

—Grace, ¿dónde estás? —preguntó con el ceño fruncido.

No debía de entender el entorno: solo alcanzaba a ver un comedero de animales.

—En la finca, en los establos.

—Ah, vale. ¿Pasa algo?

Era probable que se hubiese dado cuenta que no era una llamada para saber cómo estaban; eso solía hacerlo cuando volvía a mi casa, después de la jornada laboral.

—¿Está mamá por ahí?

—No, ha salido con una amiga y se ha olvidado el móvil en casa.

—Qué raro… —respondí entre risas.

—¿Qué pasa, hija? —preguntó mi padre.

Tomé aire y me recosté contra la pared del cubículo.

—Bueno, aquí va: recuerdas que estoy saliendo con Zachary LeBlanc, ¿no?

—Sí. ¿Se está portando bien? —preguntó con voz severa.

—Por supuesto. Zachary es maravilloso.

—¿De verdad? —preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.

—Papá, nunca lo hemos hablado abiertamente, pero ¿os molesta que salga con un LeBlanc?

—Varios amigos nuestros nos han preguntado lo mismo… —respondió con el ceño fruncido.

—¡¿Por qué no me lo habéis contado?!

—Mi respuesta fue que no me importa, siempre y cuando mi hija sea feliz. —Su mirada se volvió aún más tierna—. Y, por lo que veo, estás muy bien con él.

—Sí, papá.

—Y también les dije que no tengo nada en contra de esa familia: mis hijos se metieron en ese berenjenal ellos solitos, y los LeBlanc lo sacaron a la luz. De no ser por Xander, habría sido mucho peor para todos, y las consecuencias legales, inimaginables.

Tragué saliva:

—Coincido plenamente contigo, pero quería saber tu opinión sincera. Sabes que me puedes decir lo que sea, ¿verdad? —pregunté.

—Por supuesto, hija. Después de tu divorcio, me prometí a mí mismo que jamás me guardaría una opinión. Y si hubiese sabido en qué andaban metidos mis hijos, yo mismo los habría echado de casa.

Sus palabras me impactaron. Sabía que lo decía con total sinceridad.

—Lo habría manejado todo a puerta cerrada, por supuesto —continuó—, y les habría obligado a compensar a todas las víctimas de la estafa. Insisto, no guardo ningún resentimiento hacia los LeBlanc, y estoy muy contento de que todo vaya bien entre tú y Zachary.

—Gracias, papá. Significa mucho para mí. —Miré el reloj y me quedé sin aliento—. Oh, Dios mío, tengo que irme.

Felicia dijo que la cena estaría lista a las seis y media, y ya eran las seis y veinte. No me gustaba llegar tarde.

—Claro, ve.

—Muchas gracias, papá.

—Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, siempre.

Durante mi matrimonio, me había distanciado un poco de mis padres. No quería preocuparlos y que fueran testigos del destrato de mi ex. También los mantuve al margen del proceso de divorcio. Pero ahora me sentía más cerca de ellos que nunca.

Tras colgar, acaricié a Starlight por última vez y me apresuré a la casa principal.

Sentí como si me hubieran quitado un gran peso de encima y sonreía de oreja a oreja.

Me reuní con Felicia y Gaston en la cocina; por el olor, supe que había preparado coq au vin ⁠ 1 .

Era mi guiso favorito, que normalmente se hacía con pollo.

—Eres una auténtica maga en la cocina —le dije a Felicia.

—Oh, me lo han dicho alguna que otra vez.

Ella y Gaston intercambiaron una mirada y luego él se dirigió a mí:

—Queríamos preguntarte si has reconsiderado la idea de participar con Zachary en esta inversión.

Mi corazón dio un vuelco ante su pregunta. ¿Habían hablado con él?

Me mordí el interior de la mejilla. ¿ Lo había reconsiderado? Las cosas entre Zachary y yo iban de maravilla, pero una cosa era pasar tiempo juntos y divertirnos, y otra muy distinta, montar un negocio juntos. ¿Y si lo nuestro se torcía más adelante?

Gaston y Felicia debieron de interpretar mi silencio como una respuesta negativa, porque él añadió:

—Olvida que te lo hemos preguntado. Sabemos que hoy has venido hasta aquí porque necesitabas desconectar.

—Así es —respondí, agradecida de que no insistieran más.

Realmente no tenía una respuesta para ellos. Tenía que hablarlo primero con Zachary.

Pero la idea estaba echando raíces en mi mente. Tanto, que cuando me despedí más tarde, me pregunté si debía comentárselo a Zachary. Saqué mi móvil, pero decidí que era un tema para conversar personalmente.

Sin embargo, quería saber cómo estaba mi chico. Joder, ya estaba pensando en él como ‘‘mi chico’’. Pero eso ya no me asustaba.

Me subí al coche, dejé mi bolso y le envié un mensaje.

Grace: ¿Cómo has empezado la semana?

Sonreí cuando vi que me estaba escribiendo. Me encantaba que no me hiciera esperar, a menos que estuviera ocupado, claro. Pero, aparte de eso, no se hacía el difícil.

Zachary: Después del fin de semana que he tenido, va todo sobre ruedas. Nada puede desanimarme. ¿Y tú?

Sonreí aún más mientras respondía.

Grace: Igual. Estoy en la luna.

Zachary: Eso es exactamente lo que quería oír. Ahora mismo me estoy dando una palmadita en la espalda.

Me reí.

Grace: Lo bien que haces.

Zachary: Por cierto, estoy deseando que conozcas a mi familia.

Aunque al principio me inquietó, ahora tenía muchas ganas de conocerlos.

Decidí enviarle un último mensaje antes de emprender el viaje de vuelta a la ciudad.

Grace: Yo también estoy deseando conocerlos. Si se parecen en algo a tus abuelas, me van a caer muy bien.

Zachary: Nadie puede superar a mis abuelas, pero son un grupo de gente muy agradable. ¿Puedo llamarte?

Suspiré.

Grace: Mejor en un rato que estoy saliendo de la finca y tengo que prestar atención a la carretera. He venido a ver a Starlight.

Zachary: NO MANDES MENSAJES MIENTRAS CONDUCES. No me respondas.

Estuve tentada de enviarle un último mensaje, solo para ver su reacción, pero decidí enviarle un mensaje a otra persona antes de arrancar el motor.

A mi ex.

Grace: ¡No te atrevas a volver a contactarme! Voy a bloquearte.

Envié el mensaje y bloqueé su número ¿Por qué no lo había hecho antes? Probablemente porque nuestras últimas interacciones habían sido a través de abogados, por lo que hacía mucho tiempo que no me llamaba.

En ese momento sentí una liberación catártica. Por supuesto que sí. Ese capítulo de mi vida estaba más que cerrado. No iba a permitir que el fantasma de mi matrimonio fallido se cerniera sobre mí, nunca más. Tenía un futuro brillante por delante.

Y estaba segura de que Zachary LeBlanc formaría parte de él.

1   Nota de la Traductora: El coq au vin es un estofado emblemático de la gastronomía francesa, elaborado con carne de gallo o cualquier ave de corral, vino tinto, verduras y hierbas aromáticas.