Un rival inolvidable Capítulo Veintidós
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Capítulo Veintidós

ZACHARY

Había logrado mantener el control hasta ese momento, pero tenerla desnuda frente a mí, con solo unas minúsculas bragas de encaje… era más de lo que cualquier hombre con sangre en las venas podría soportar.

Sin previo aviso, la besé apasionadamente, tal como lo llevaba soñando desde que la recogí esa mañana.

En cuanto le acaricié un pecho, y le presioné el pezón con el pulgar, su cuerpo se tensó.

Grace estaba hecha para mí y solo para mí.

Me negaba a creer que respondiera a las caricias de otro hombre como lo hacía conmigo.

Deslicé la otra mano por su espalda y recorrí sus nalgas.

Ella se puso de puntillas y me rodeó el cuello con ambos brazos.

Joder, me encanta.

Seguí besándola con desenfreno hasta que me puse tan duro que tuve que apartar las manos para poder bajarme los pantalones.

No me bastaba con abrir la cremallera y desabrochar el botón, necesitaba quitármelos completamente.

Sin romper el contacto visual, me bajé primero los pantalones y luego los calzoncillos.

—Tienes la boca roja —observé—. Me flipa.

Ella se cubrió los labios lentamente con los dedos, y bajó la mirada un momento antes de volver a mirarme.

—Siempre me sorprendes —dijo con una sonrisa—. Aunque yo también tengo parte de culpa… si no fuera por mi problema con el vestido, no estaríamos aquí.

Solté un gruñido.

—Estaba a punto de explotar en el salón solo de pensar que te estabas quitando la ropa.

—Pues no perdamos más tiempo. —Cogió el botón inferior de mi camisa y fue abriendo uno por uno hasta arriba—. Qué bien te sienta esta camisa con esos gemelos. Te quedan muy sexys y deberías usarlos más a menudo.

Incliné la cabeza y respondí:

—No soy muy fan de los gemelos, pero si a ti te gustan, me los pondré.

Sus ojos se iluminaron mientras me deshacía de la camisa. Me quité la camiseta interior y ella suspiró.

—Oh… llevo la última semana preguntándome si eran reales o si los estaba idealizando.

Deslizó los dedos por mis abdominales y trazó una línea recta desde mi estómago hasta mi ombligo con su boca. Mi erección rozó su cuello, y ese simple contacto fue suficiente para hacerme gemir de excitación

Se sentó en la cama y, quedando a la altura de mi entrepierna, dijo:

—También me preguntaba si esto era tan increíble como lo recordaba. ¿Y sabes qué? Lo es.

Grace pasó su lengua lentamente desde la base hasta la punta, y una enorme oleada de placer me recorrió.

Qué intenso es todo con ella .

—No —dije, dando un paso atrás—. Ahora mismo, quiero lamerte yo a ti, Grace.

Ella jadeó, apretó los muslos y bajó la mirada.

Acababa de decir que no dejaba de sorprenderla, y que pasaba de decir cosas subidas de tono a hablar en serio de un momento a otro.

Pero yo tampoco sabía a qué atenerme con ella.

No sabía cómo reaccionaría, si me plantaría cara o se pondría tímida. Y todas sus facetas me encantaban.

—Zachary… —murmuró.

Eché un vistazo a su cama: no era lo suficientemente alta para lo que tenía en mente, de modo que la levanté y la coloqué sobre el escritorio que había en una esquina.

Me senté en la silla del escritorio y le abrí los muslos:

—Pon los pies sobre mis piernas.

Grace apoyó sus pies en mis muslos y atraje sus caderas hasta el borde del escritorio.

Empezó a gemir incluso antes de que empezara a lamerla.

Ya estaba mojada. En lugar de estimularle el clítoris, introduje directamente la lengua y empecé a recorrer su interior.

Grace se retorcía de placer sobre la mesa, y empezó a mecerse bajo mi boca.

Se aferró al borde del escritorio con una mano y me cogió el pelo con la otra.

Quería masturbarse con mi cara, y pensaba darle ese gusto.

Continué estimulándole el clítoris; primero con la punta de la nariz y luego con el pulgar, hasta que noté que empezaba a contraerse. Me flipaba hacer que se corriera. Era una de las cosas más sublimes que había experimentado.

Desde esa posición, tenía una vista de sus turgentes pechos, pero no podía verle la cara. Ya tendría tiempo para hacerlo más adelante; no sería el único orgasmo que planeaba darle ese día.

Con mi lengua enterrada en su interior y pendiente de cada una de sus reacciones, supe que necesitaba espacio para moverse cuando llegara el clímax.

De modo que aparté la cabeza, pero mantuve el pulgar sobre su clítoris.

Grace levantó las caderas del escritorio mientras clavaba los pies profundamente en mis muslos.

—¡Zacharyyyyyyyyyyyyyy!

Su orgasmo fue celestial y toda su piel se tiñó de un precioso color rosado. Mientras se masajeaba los senos con ambas manos, volvió a apoyar su trasero en el escritorio. Fue justo entonces cuando me levanté y la penetré con una rápida embestida.

—¡Grace! —gemí.

Sentí un placer diferente a todo lo que había experimentado antes, y a la vez una sensación de tortura, porque estaba desesperado por correrme. La primera penetración no hizo más que aumentar mi ansia.

—¿Zachary, aquí?

—Sí. Te voy a follar en este mismo escritorio, Grace. ¿Te parece bien?

—Sí —susurró mientras me retiraba y volvía a penetrarla con fuerza.

Elevé sus rodillas y ese cambió de ángulo hizo que Grace retrocediera en la mesa.

—Madre mía, así es aún más profundo —murmuró.

Eché la cabeza hacia atrás, cediendo a todos mis instintos y necesidades. Quería que supiera cuánto la necesitaba. No había razón para ocultar nada o fingir.

Quería penetrarla más profundamente, pero el escritorio no me lo permitía.

Tomé a Grace en mis brazos y la puse en el borde de la cama en una posición similar a la anterior, con la diferencia de que podía recostarse hacia atrás con más comodidad.

No hizo falta que le dijera nada; estábamos perfectamente sincronizados, y era increíble. Esa vez la penetré hasta el fondo.

—¡Joder, Grace! —exclamé—. Qué gozada.

Ella empezó a gritar mi nombre, pero ni siquiera pudo terminar la palabra antes de que volviera a penetrarla con fuerza. Me recompensó con un gemido.

Me obligué a mantenerme erguido para poder verla por completo; ver su disfrute era tan placentero como penetrarla. Cuando estuvo a punto de correrse, cambié de estrategia: me retiré y froté su entrada con mi polla.

—¡Dios mío, Zachary! ¡¿Qué estás haciendo?! —balbuceó. Parecía que hasta le costaba respirar.

—Llevándote al límite, preciosa. Quiero ver cómo te corres.

—Pero yo quiero que…

—Te prometo que volveré a penetrarte cuando llegues al clímax, ni loco me pierdo de sentir tu coño apretándome la polla. Podría venir el fin del mundo, pero eso no me lo pierdo por nada.

Volvió a gemir hasta caer completamente sobre la cama con los brazos extendidos a los lados.

Un momento después y, al ver que se agarraba ambos pechos, supe que estaba a punto de correrse.

Aún no había empezado a gritar mi nombre, así que volví a introducirme dentro de ella, mucho más despacio que antes.

Sus paredes internas se contraían con fuerza, y con cada centímetro que me adentraba, perdía el control sobre mí mismo.

Fue entonces cuando mi propio orgasmo me alcanzó, y dejé de contenerme. Ni mis gemidos, ni el ritmo de mis acometidas. Estaba a su merced, tanto como ella estaba a la mía.

Y no lo habría querido de otra manera.

Después de asearme y vestirme, esperé en el salón a que Grace terminara de arreglarse. Unos minutos más tarde, asomó la cabeza por la puerta del dormitorio y dijo:

—Qué callado estás. ¿Quieres entrar y ayudarme con el vestido? —preguntó con un guiño.

—Grace —gruñí—, ¿por qué me tientas así?

—Porque es divertidísimo. ¿Has pensado en algún plan para la tarde?

—La verdad es que no… solo quiero estar contigo.

—¿Sabías que este fin de semana se celebra el festival gastronómico y vitivinícola?

—No, no lo sabía.

Estaba seguro de que muchos de mi familia acudirían al evento; mis abuelas iban todos los años, y Chad naturalmente, por ser el director del restaurante LeBlanc has tenido la valentía de poner fin a un matrimonio tóxico al mismo tiempo que tu familia se vio envuelta en un enorme escándalo. Y aun así saliste de una pieza.

—Yo no diría eso… —murmuró ella.

—Eres una guerrera. Y por lo que a mí respecta, una triunfadora de la vida.

—Qué palabras más bonitas.

—Eres muy fuerte, Grace —dije, besándole la frente—, y te admiro. Pero no tenemos que ir al festival si no quieres.

—¡No! Me niego a acobardarme y dejar de hacer las cosas que me gustan para evitar cruzarme con gente desagradable. Puedo enfrentar lo que sea. —De repente, se encogió de hombros—. Ojalá mis padres lo vieran de ese modo… desde que ocurrió lo de mis hermanos se han encerrado en sí mismos.

—Pero si me has dicho que tu padre compensó a los damnificados —comenté con el ceño fruncido.

—Así es. Y tras ese enorme gesto, pensé que nuestra familia volvería a ser aceptada otra vez. Pero mucha gente sigue enfadada por haber caído en la estafa de mis hermanos.

—El tiempo todo lo cura, Grace. Pasemos a otra cosa, ¿te parece bien?

La admiraba con cada fibra de mi ser: su lucha, su optimismo. Todo en ella me hipnotizaba.

No sabía dónde se celebraba el festival, pero Grace conocía todos los detalles.

—Por lo que vi en los carteles publicitarios, el evento se celebra en Warehouse District —comentó—. Me parece un planazo sin movernos de la zona, ¿no?

—Lo que te haga feliz, Grace.

—¿Lo dices en serio? —preguntó abriendo los ojos.

—Joder, por supuesto que lo digo en serio. Yo soy feliz si tú eres feliz.

Se situó frente a mí y me abrazó por los hombros:

—Cada día me gustas más.

—Ese es exactamente mi objetivo —le susurré al oído y ella se estremeció.

—Oh, ¿quieres decir que no das puntada sin hilo?

—Nah, es coña. Pero te advierto que si no nos ponemos en marcha, acabaremos otra vez en la cama.

Grace se rió, y salimos de su apartamento. A solo dos calles de su edificio, tenía lugar el evento: se había cerrado toda una avenida y montado todo tipo de puestos de comida, en especial de quesos, vinos y mariscos.

Ella sonreía y observaba cada puesto.

—Te veo contenta.

—Sí, echaba de menos venir a este tipo de eventos cuando estaba casada. Mi ex detestaba absolutamente todo lo que fuera “popular”, por decirlo de alguna manera, decía que era para gente de pueblo. Por otra parte, mis hermanos y otra gente con la que fui al colegio pensaban parecido.

—Sí, a mí me pasaba igual con mis compañeros de colegio.

Me gustó que tuviésemos los mismos valores; si bien los dos procedíamos de familias acomodadas, no nos creíamos diferentes o superiores al resto. Tener dinero no te daba derecho a ser un capullo.

—Bueno, la verdad es que todavía estoy llena —dijo Grace, y parecía arrepentida.

Y al ver que empezaba a reírme, levantó una ceja y preguntó:

—¿Te estás burlando de mí?

—No, eres adorable —respondí, y lo decía en serio.

—Me gustaría probar ese vino —dijo, señalando una selección de tintos del puesto que teníamos delante.

—¿Quieres que hagamos una cata? ¿Empezamos con el más ligero?

—Excelente idea —asintió.

La cogí de la mano, la acompañé hasta el puesto y miramos el menú.

—Nos apetece la degustación para expertos —pedí. Era la opción más completa.

A mi lado, Grace se reía y volví a besarle la cabeza. No podía dejar de tocarla y besarla, y empaparme de su alegría.

—¿Me prometes que no dejarás que me emborrache? —preguntó, con cara repentinamente seria.

—Hemos pedido la degustación para expertos, ¿y quieres que te prometa eso? —dije con la mirada entornada.

—Tienes razón. Al menos prométeme que cuidarás de mí si me emborracho demasiado.

—Cuenta con eso, Grace. Siempre cuidaré de ti.

—Entonces venga —dijo con una sonrisa—. A beber se ha dicho.

—Me pregunto si nos encontraremos con mi familia —comenté, buscando con la mirada.

—¿Les gusta este tipo de festivales?

—Vienen todos los años, pero no sé qué stands visitan o por dónde se ponen. —Hice una pausa y luego pregunté—: Por cierto, ¿te gustaría almorzar con mi familia el próximo sábado?

Grace pareció sorprenderse por la sugerencia y dijo:

—Vaya… Claro, me encantaría. ¿Estás seguro de que no hay problema con… ya sabes, mi familia y mi apellido?

—Creo que eso ya ha quedado atrás, Grace. Mis abuelas están locas por ti, con lo cual ya te has ganado a todo el resto de la familia.

—¿Aunque no me conozcan?

—Los LeBlanc y los Broussard somos así.

—Estoy deseando conocer al resto —dijo con una sonrisa.