Un rival inolvidable Capítulo Diecinueve
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Capítulo Diecinueve

ZACHARY

—Ya te digo que esta es mi nueva peli favorita —dijo Bella, saltando del sofá en cuanto aparecieron los créditos de El cáliz de fuego .

Beckett y Bailey también se habían apuntado al plan, y nuestro hermano Xander había puesto la excusa de que tenía que “revisar unos informes”. Normalmente le daba el gusto a su sobrina, pero debió de haber aprovechado que éramos unos cuantos para escaquearse.

—¿Sabes qué? —dije—. También es mi favorita, al mismo nivel que La orden del fénix .

Chad me fulminó con la mirada. He metido la pata…

Al segundo siguiente me di cuenta.

—Papá, ¿podemos ver esa también? —pidió Bella.

Joder. Debería haber dicho que era mi favorita.

—Me he equivocado, peque. El cáliz de fuego es mi favorita de todas.

—No mientas, tío Zachary —replicó mi sobrina con la mirada entornada—. Tú mismo dices que no está bien mentir.

—Es cierto.

Sabía que tenía que tener cuidado con lo que le decía o me arrepentiría.

Bella se subió al regazo de su padre y supe que le haría descaradamente la pelota:

—Mira, ya me has dejado ver El cáliz de fuego , y no me ha dado miedo. La orden del fénix no puede ser mucho más tenebrosa, ¿no?

Chad me miró:

—¿Es más oscura?

—Sí —respondí sin dudar.

—¡Tío Zachary! —protestó Bella con enfado.

—¿Qué? Me has dicho que no vuelva a mentir. —Al ver que ella bajaba la mirada, añadí—: A mí me gustaba mucho la espera entre estrenos de la saga. Al principio salía una película por año, pero después había que esperar casi dos años entre una y otra.

Bella miró a Scarlett y dijo:

—Entonces cuando se estrenó la última ya erais viejos.

Hice todo lo posible por no reírme a carcajadas. Las cosas que dicen los niños.

—Tengo una idea —dijo Scarlett—. ¿Por qué no subimos las dos y hablamos de la película? Hay cosas que solo salen en el libro y yo te las puedo contar.

Bella miró a Scarlett como si fuera la mujer más maravillosa del mundo.

Me alegraba que mi hermano hubiera encontrado a Scarlett, que resultó una figura esencial para la crianza de Bella. Tras su divorcio, se empeñó en estar solo y dedicarse de lleno a su rol de padre. Y hasta se abstuvo de mantener relaciones íntimas, Dios sabe cómo, hasta que conoció a Scarlett.

En cuanto mi sobrina subió con Scarlett, nos levantamos del sofá y Beckett me sonrió con suficiencia:

—Me sorprende que hayas venido —dijo.

—¿Por qué no iba a venir? —pregunté, con los ojos entrecerrados.

—Porque anoche…

—Beckett —lo corté con tono de advertencia.

—Pensé que te pasarías el día durmiendo —terminó.

—¿Anoche saliste hasta tarde? —preguntó Chad.

—No lo sé, hermano —respondió Beckett, con una sonrisa que pasó de engreída a maliciosa.

—Zachary se encontró con Grace Deveraux y actuó como un perfecto caballero andante, ahuyentando a un tipo que la estaba acosando y comportándose como un idiota.

Después no sé qué pasó… Anthony y yo fuimos al bar de Julian con la amiga de Grace, que estaba muy empeñada en dejarlos a solas.

Tras un momento de silencio en la habitación, Chad dijo:

—Beckett, eso no es asunto tuyo.

Miré a mi hermano mayor, un poco sorprendido. Chad nunca se entrometía en nuestros asuntos, por suerte.

Un segundo después, me miró con una ceja levantada:

—¿Con Grace Deveraux, en serio? ¿No decías que os llevábais fatal?

—Las cosas han cambiado —dije.

—¡Ja! —exclamó Beckett—. Intentamos que Lais nos soltara información, pero no dijo ni mu.

—Debió haberte frustrado muchísimo —comenté con gran satisfacción.

—Bueno, creo que no deberíamos opinar de los asuntos de Zachary —intervino Bailey.

—Qué maja eres, cuñada —dije—. Ojalá la mitad de mi familia pensara como tú.

—Ya te digo —comentó entre risas—. Chicos, tengo que irme. Le prometí a Xander que tomaríamos un café en el Barrio Francés.

—¡Lo sabía! —apuntó Chad—. Acaba de dejar tirada a Bella.

—Venga ya, tampoco es para tanto —dijo Beckett—. Xander hace mucho por Bella, pero debe haber pensado que…

—Que hoy no lo echaría de menos —concluí.

Chad pareció considerarlo y asintió:

—Sí, tenéis razón. Si para mí es una tortura, para Xander debe ser mil veces peor.

—¡Vaya tela! —espetó Bailey enfadada—. ¿Cómo podéis ser tan quejicas con Harry Potter?

Chad la miró desconcertado; a diferencia del resto de nosotros, no había tenido tiempo de establecer un vínculo muy cercano con Bailey.

Era lo opuesto a Xander y por eso hacían una pareja perfecta: graciosa, alegre, optimista y le gustaba disfrutar de la vida.

Xander, por su parte… era un quejica en toda regla, por usar sus propias palabras. Pero se complementaban a la perfección.

—Os dejo solos para que debatáis quién es el más gruñón de vosotros —dije—. Tengo que irme: les prometí a las abuelas que hoy pasaría por la tienda.

Beckett silbó:

—Qué valiente eres.

—¿Por qué? —pregunté a mi hermano menor.

—Te volverán loco para que les cuentes todo sobre Grace.

—¿Y qué? —pregunté encogiéndome de hombros—. No me importa.

—¿Y si te vuelven a amenazar con la lila? —preguntó Beckett perplejo—: ¡La abuela dijo que estaba preparando un lote de colonia para hombres !

Curiosamente, no me pareció una amenaza. Tampoco es que creyera en la supuesta magia de sus ingredientes pero, en ese momento, dudaba que algo pudiera aumentar el deseo que ya sentía por Grace.

—Sé cómo esquivar el tema.

Quería contarles la idea de Grace de una posible colaboración. Y sí, era plenamente consciente de que me estaba sirviendo en bandeja al entrar allí. No importa .

Siempre procuré mantener mi vida privada, especialmente mis aventuras amorosas, alejada de la familia, sobre todo porque la mayoría eran solo encuentros casuales.

Sin embargo, lo que Grace y yo teníamos era diferente.

Por eso, que Beckett me pusiera en una situación incómoda, como acaba de hacer, me molestó.

Fue inmensamente gratificante dejarlo sin palabras; era obvio que mi hermano no se lo esperaba en absoluto.

—Adiós a todos. Nos vemos pronto —me despedí.

No faltaban reuniones en el clan LeBlanc Broussard. Aunque había perdido la noción de cuándo sería el próximo encuentro, estaba seguro de que alguien me lo recordaría.

Después de salir de la casa, llamé a Isabeau para comprobar que no estuvieran muy ocupadas.

—Hola, Isabeau, acabamos de terminar de ver Harry Potter . ¿Os viene bien que me pase por allí en veinte minutos?

—Claro. Siempre es un buen momento para una visita de nuestro nieto.

—¿Quieres que os lleve algo? ¿Café? ¿ Beignets ?

—No, estamos bien. Bailey nos trajo unos pralinés.

Otro punto a favor de Bailey: siempre tenía detalles bonitos con nuestras abuelas.

Llegué a la perfumería antes de lo previsto, que, para mi sorpresa, estaba vacía. Lo normal era que los fines de semana, estuviera llena de clientes.

Mis abuelas estaban absortas sobre un cuaderno. Al verme, levantaron la cabeza al unísono.

—¡Vaya, qué rápido has venido! —exclamó Isabeau.

—He tenido suerte.

Cerraron rápidamente el cuaderno e intercambiaron una mirada que solo pude describir como cómplice.

—¿Qué te trae hoy por aquí?

Recorrí la tienda con la mirada. Siempre me impactaba el logrado diseño y la decoración; te daban ganas de comprarlo todo.

—Quiero hablar con vosotras sobre un asunto.

—Muy bien, te escuchamos —respondió Isabeau, que se puso recta. Celine, por su parte, guardó el cuaderno en un cajón bajo el mostrador.

—¿Recordáis que os conté que la empresa de Grace se dedica al cuidado de la piel?

—Sí, claro —asintió Isabeau.

—Y que fabrica fragancias y cremas.

Celine reafirmó:

—Sí. Hemos comprado algunas de sus cremas y nos han encantado. Nos parece fabuloso que todo sea artesanal y con ingredientes orgánicos de la zona.

—Grace me comentó que le gustaría visitar la tienda y hablar con vosotras sobre una posible colaboración —dije con un tono de aparente despreocupación.

Isabeau sonrió al instante. Celine la miró y añadió:

—Esa chica es brillante. Que venga cuando quiera, nos encantaría hacer algo juntas. Sobre todo, usando nuestro ingrediente especial.

Ahora viene la parte delicada.

—Celine, Isabeau —empecé con sumo respeto, notando cómo se tensaban—, no empecéis con el rollo de las lilas.

—Tú ocúpate de lo tuyo, jovencito —dijo Isabeau, y los tres nos echamos a reír.

Celine negó con la cabeza:

—¿Cuándo vais a entender que no podéis decirnos lo que tenemos que hacer?

—Sé que no podemos, y os juro que no es mi intención. Pero lo vuestro… —Busqué la palabra adecuada, pero no se me ocurrió ninguna más suave— roza lo invasivo.

—A ver si lo entiendo —replicó Isabeu con la mirada entornada—: ¿Crees que la lila tiene poderes o no?

—No —respondí sin dudar, pero al instante me di cuenta de que había cometido un error. Ambas sonrieron triunfantes.

—Entonces, ¿qué tendría de malo regalarle un perfume con lilas? La verdad es que la chica necesita de nuestra ayuda.

Celine se llevó la mano a la sien y su gesto me recordó mucho a mi madre:

—Pensándolo bien, tal vez deberíamos incluir algo extra para la buena suerte en general, o algo para espantar a los idiotas.

Mis risas se transformaron en carcajadas. Mis abuelas no se comportaban como las personas de su edad, y yo deseaba ser como ellas cuando envejeciera.

—No hay forma de haceros cambiar de opinión, ¿verdad? —pregunté.

—Ni te molestes —afirmó Celine.

—Me pregunto qué tendrá en mente para una colaboración —añadió Isabeau—. Pero estamos abiertas a cualquier cosa. Aunque tenemos una amplia gama de productos, la gente nos pide artículos más sofisticados que nosotras no producimos.

—Conozco algunos productos de la línea de Grace que se venderían como pan caliente en nuestra tienda —dijo Celine.

Agradecí que ambas se mostraran tan receptivas.

—Además —dijo Isabeau—, puede que asociarse con LeBlanc-Broussard le ayude un poco.

—¿A qué te refieres? —pregunté con el ceño ligeramente fruncido.