Un rival inolvidable Capítulo Dieciocho #3
64%

Capítulo Dieciocho #3

—Lo sé —respondí con una sonrisa. Y al ver que mi padre resoplaba, puse los ojos en blanco y dije—: Papá, deja de ser tan cascarrabias. Entremos, por favor.

Nos cogimos del brazo y los tres subimos los escalones del porche, entrando en la casa. Olía a jambalaya .

Respiré hondo:

—Oh, esto me trae recuerdos de mi infancia.

—Sí, debería decirle a Anne que la prepare más a menudo —comentó mi madre.

—Grace, lo siento —se disculpó mi padre—. No quería ponerte en una situación incómoda delante de él. Sabes que no me gusta meterme en tus asuntos.

—Lo sé, papá.

—No puedo evitar preocuparme por ti, pequeña, más después de tu divorcio… Roger resultó ser un cabrón de cojones.

—Lo sé. Pero Zachary no es así.

Cuando fuimos al salón y nos sentamos a la mesa de comedor de caoba, mi padre preguntó:

—¿Qué sabes de él? La última vez que hablamos, nos dijiste que no era buena persona.

Me aclaré la garganta antes de responder:

—Lo sé, pero resulta que lo juzgué mal.

—Me cuesta creer que hayas cambiado de opinión tan rápido —comentó con una ceja levantada—: ¿Te ha obligado a hacer algo?

—¿Por qué tienes que pensar lo peor de todo el mundo? —preguntó mi madre.

—Cariño, cuando está en juego la felicidad de nuestra hija, toda precaución es poca.

Mi padre era exageradamente sobreprotector, pero lo adoraba con locura.

—Al principio me cayó fatal. Y, basándome en mi experiencia con los hombres, saqué conclusiones precipitadas. Pero Zachary es una persona realmente buena. Me trata muy bien —enfatizé, y eso pareció tranquilizarlo.

—Una pregunta más.

—Clayton, ¿en serio? —le reprendió mi madre.

—Solo una. ¿Estás segura de que no es una especie de venganza de los LeBlanc contra los Deveraux?

Eso me tomó por sorpresa.

—Papá, por supuesto que no. Tú mismo dijiste que no les guardas rencor.

—Ya, pero es un poco raro que Xander LeBlanc delatara a tus hermanos y ahora tú estés saliendo con este tal Zachary.

Me causó gracia que dijera “este tal Zachary”, aún no tenía claro si le disgustaba o no.

—No tiene nada que ver. En todo caso, Zachary fue muy cauteloso al principio conmigo precisamente por mis hermanos y todo lo que ha pasado.

—Está bien. —Miró a mi madre y prácticamente pude ver cómo se ablandaba bajo su mirada—. Si crees que es lo correcto, entonces nos alegramos por ti. Cambiando de tema, ¿alguna novedad de la finca de caballos?

Negué con la cabeza:

—No he sabido nada de los propietarios desde que fui allí la semana pasada.

—Cariño, con todo lo que trabajas ¿estás segura de querer asumir más responsabilidades? —preguntó mi madre, mientras Anna traía tres platos de jambalaya .

—Gracias, Anna —dije con una sonrisa—. Tiene una pinta increíble, como siempre.

—Como sabía que vendrías hoy le pregunté a tu madre si podía prepararte tu plato favorito —respondió.

Apreté los labios para no reírme. Me había sorprendido el mensaje de mi madre diciendo que tenía preparado mi plato favorito; no era el tipo de detalle que ella recordara. Pero Anna sí , y mi madre bajó la mirada al ver que la había descubierto.

—Gracias. Es muy amable por tu parte.

Anna se apuró a dejarnos a solas en el salón. Pese a la insistencia de mis padres de que se sentara a comer con nosotros, ella respondía que no le gustaba interrumpir nuestro momento familiar.

—La verdad es que no tendría que dedicarle mucho tiempo a la finca —dije a mis padres, retomando la conversación previa—.

Los propietarios se ocupan de todo y le ponen mucho empeño.

Su trabajo me conmueve; ya sabéis que las sesiones con animales me ayudaron mucho cuando me divorcié.

Por eso quiero invertir en algo que pueda ayudar a los demás.

Mi madre me miró con ojos tiernos:

—Siempre has tenido un corazón de oro.

—Por cierto —dije—, ¿conocéis a Isabeau, de los LeBlanc Broussard?

—Por supuesto —respondió mi padre, levantando la vista del plato—: Todo el mundo la conoce. Y a Celine también, aunque Isabeau es más…

—Peculiar —añadió mi madre—. ¿Por qué lo preguntas?

—He oído que tienen una tienda en el Barrio Francés con fragancias, jabones y cremas artesanales con ingredientes naturales. Estaba pensando en visitarlas y ver si podríamos hacer algo juntas.

—Sería una forma inteligente de recuperar nuestro buen nombre —dijo mi padre.

—No lo había pensado.

Era la primera vez que me daba cuenta de lo importante que era para él. Quería reparar el nombre de la familia como fuera, y esa colaboración podría ser de gran ayuda.

—Cariño —intervino mi madre—, no es responsabilidad de Grace reparar los errores de nuestros hijos.

—No, por supuesto que no —dijo mi padre—. Solo era una idea.

—Bueno, contadme qué habéis estado haciendo —solté, para cambiar de tema.

Mis padres solían tener una vida social muy ajetreada, y aunque ya no asistían a tantos eventos como antes, llenaban su tiempo con muchas actividades, como visitar museos de arte. De modo que les pedí que me contaran todos los detalles.

1   Nota de la Traductora: Los beignets son buñuelos cuadrados de masa frita cubiertos de azúcar glas muy característicos de Nueva Orleans.