Un rival inolvidable Capítulo Quince
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Capítulo Quince

ZACHARY

La semana siguiente, tal como ocurría todos los veranos, fue un caos absoluto.

Todo el mundo se apresuraba a cumplir con los pedidos antes de que el negocio se reactivara en septiembre.

Eso significaba que nuestros barcos tenían que llegar a tiempo y cada retraso suponía una pérdida de dinero.

Confiaba que la reunión que habíamos tenido la semana anterior hubiera simplificado la logística y resuelto los problemas pendientes.

Como uno de los principales astilleros del país, era importante que todo funcionara sin contratiempos.

Transportábamos contenedores de mercancías y gozábamos de gran prestigio tanto a nivel nacional como internacional; de hecho, fue uno de los primeros negocios que montó The Orleans Conglomerate.

La primera reunión del lunes por la mañana fue un quebradero de cabeza: tuvimos que asumir el retraso en la entrega de un cargamento de unos de nuestros mayores clientes, lo que acarrearía un coste significativo.

Necesitaba desahogarme de alguna manera. Así que, justo antes de la segunda reunión, mientras tomaba mi cuarto café del día, le envié un mensaje a Grace.

Zachary: La semana ha empezado fatal, pero sigo de buen humor, imaginándote desnuda en esa cama.

Para mi sorpresa, me respondió de inmediato.

Grace: Zachary, estoy en una reunión.

Zachary: Ja, seguro que la gente estará preguntándose por qué te has puesto roja.

Grace: Más te vale que nadie pregunte nada.

Sin embargo, decidí no seguir con los mensajes subidos de tono. Había sido impulsivo; no podía escribirle sin pensar, quizás la ponía en un aprieto o interrumpía un momento importante.

Zachary: Avísame cuando tengas un descanso.

Tal como predije, su mensaje llegó unas tres horas después, mientras yo estaba en una reunión que, aunque tensa, no fue tan desastrosa como la primera. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?

Grace: No son ni las doce y ya estoy de los nervios. Necesito algo que me baje el estrés.

Joder.

Nunca había tenido una erección en medio de una reunión… pero parece que siempre hay una primera vez para todo.

Respiré hondo y le di la vuelta al teléfono para no ver la pantalla. No debí haberlo mirado.

Me llevó unos segundos borrar de mi mente la imagen de Grace con las piernas abiertas. Pero tenía que responderle; si no lo hacía, seguiría pensando en ella sin descanso.

—Perdonad, tengo que contestar algo urgente —dije con tono serio, cogiendo el teléfono de nuevo.

Zachary: ¿A qué hora es tu descanso para comer?

En cuanto pulsé “Enviar”, volví a darle la vuelta al teléfono y lo dejé a un lado. Sorprendentemente, logré concentrarme en la reunión. Pero en cuanto terminamos y me quedé solo en la sala de reuniones, mis pensamientos volvieron rápidamente a Grace. Revisé mi teléfono y vi dos mensajes suyos.

Grace: A la una.

Grace: Nada, olvídate. Hoy no tendré descanso.

Me lamenté, pero el impulso de coquetear con ella era irrefrenable.

Zachary: Entonces, por la noche.

No respondió.

Pasé el resto del día en una importante negociación con un posible socio comercial.

Para cuando terminé a las seis en punto, casi todo el mundo se había marchado.

Las seis era el final no oficial de la jornada laboral.

No fomentaba que los trabajadores hicieran horas extras, ya que había visto a mucha gente quemarse por exceso de trabajo y no quería exponer a mis empleados.

El agotamiento podía aparecer de un momento a otro sin avisar.

Le escribí a Grace.

Zachary: ¡Qué día más largo!

Grace: El mío aún no ha terminado.

Zachary: No puedo permitir eso.

Grace: ¿Y qué harás al respecto?

Mi pulso se aceleró por segunda vez en el día, y no por asuntos de negocios… estaba considerando seriamente ir a buscar a Grace.

Joder, estaba empezando a perder la cabeza. Una cosa era tontear y otra muy distinta irrumpir en su oficina.

Zachary: Puedo solucionarlo ahora mismo.

Grace: ¿Por teléfono?

Zachary: Claro. Incluso por mensaje.

Solo con pensarlo, ya me estaba excitando.

Grace: ¡Zachary! Estoy a punto de empezar una videollamada.

Me pregunté si sería verdad, o quizás la estaba presionando demasiado, o ambas. Así que decidí darle espacio.

Zachary: Entonces, buena suerte. Yo doy mi día de trabajo por terminado.

Nos enviamos mensajes durante el resto de la semana, y fue lo más destacado de cada día.

No quise presionarla tanto como el lunes; no sabía el alcance de lo nuestro pero entendía que tenía que ir poco a poco con Grace.

Aunque me costaba expresarlo, de algo estaba seguro: no iba a olvidar lo que había pasado en la finca.

Después de una reunión récord de seis horas el viernes, tenía previsto una cena familiar en la mansión de Garden District, y más tarde iríamos al casco antiguo con Anthony y Beckett a tomar unas copas.

Mientras bajaba al aparcamiento, le envié un mensaje a Grace.

Zachary: He terminado mi jornada por hoy. ¿Qué vas a hacer esta noche? Yo iré a tomar algo al Barrio Francés.

Grace: Yo también. He quedado con Lais y no puedo volver a fallarle.

Sonreí triunfante. De una forma u otra, iba a verla esa noche. Me metí en el coche y conduje directamente a Garden District: la cena estaba a punto de empezar. Durante todo el trayecto pensé en Grace, lo que hizo que se me pasara más rápido de lo habitual.

En la casa familiar reinaba el caos, como de costumbre. Además de mis abuelos maternos y paternos, Chad, Scarlett, Bella y la recién nacida Simone ya estaban allí. Entonces vi a Anthony y Beckett, junto con Xander y Bailey. Solo faltaban Julian, Georgie y mis padres.

—¡Tío Zachary! —exclamó Bella cuando me vio—. ¿Sabes lo que acaba de pasar?

—No, cuéntame.

—Papá me va a dejar ver El cáliz de fuego .

Silbé con fuerza y asentí en dirección a Chad, que parecía haber bajado los brazos y abandonado la lucha.

—Scarlett ha dicho que verá la peli conmigo —continuó—. ¿Quieres venir con nosotras?

Cuando le conté a Bella que ya había visto la saga completa, me coloqué en lo más alto de su lista de tíos favoritos.

Competía en el podio con Xander y Julian, pero yo tenía una clara ventaja sobre ellos; había visto las películas en el cine cuando se estrenaron y era un auténtico fan.

Ellos en cambio, solo las vieron para complacer a su sobrina.

Ver Harry Potter con Bella era como revivir mi propia adolescencia.

—Claro, peque.

—¡Yupiii!

Todos se habían congregado junto a la chimenea del salón, que naturalmente, no estaba encendida. Era verano, hacía mucho calor, y me indignaba que mi familia se negara a usar el aire acondicionado. Los enormes ventiladores de techo no conseguían refrigerar la sala.

—Tío Zachary, la abuela Isabeau me ha dicho que pronto tendrás una finca con caballos.

Me senté en el sofá y Bella se subió a mi regazo. Me encantaba que mantuviera ese gesto de niña pequeña; decía que era demasiado mayor para muchas cosas, pero no para sentarse a upa.

—Todavía no lo he conseguido, pero espero que sea pronto.

—¿Me puedes llevar allí contigo?

Miré a Chad, que asintió. Cogió a Simone de los brazos de Scarlett y la mantuvo sobre su pecho. Ella se rió, apoyándose en él.

Reconocía que muchas veces fastidiaba a mi hermano, pero no le prometería algo así a Bella sin su permiso.

—Ya veremos cuándo podemos organizar una excursión. —Tenía que tener mucho cuidado con Bella; me costó un tiempo entender que los niños creen ciegamente en la palabra dada.

—¿Cómo va el asunto de la inversión? ¿Has vuelto a la finca? —preguntó Beckett.

—Sí, estuvimos allí la semana pasada para ver un nuevo caballo y ultimar detalles sobre la reforma y la inversión.

—¿Estuvimos? —preguntó Anthony, levantando una ceja—. ¿Te refieres a que Grace Deveraux estuvo allí también? ¿Sigue interesada en la finca?

—Sí, los dos estamos interesados.

—¿Has hecho una oferta oficial?

—No, esta semana tuve que atender otras prioridades. Y supongo que Grace también.

Beckett levantó la vista de su vaso de whisky :

—¿Qué te hace pensar eso?

—Es solo una corazonada —respondí, después de aclararme la garganta.

—¿Tienes una idea más cabal de cómo es ella como persona? —preguntó Isabeau.

—Por lo que he visto, no está implicada en los asuntos de sus hermanos. Aunque sigo sin comprender sus motivos para invertir en la finca, considerando que es propietaria de una empresa de productos para la piel .

—Y tú estás al mando del sector logístico de The Orleans Conglomerate —señaló Celine—, que tampoco tiene mucho que ver.

—Es cierto, pero mi experiencia como técnico de emergencias sanitarias… Mejor lo dejamos así, no me corresponde adivinar qué intereses tiene Grace. Pero está tan empeñada como yo; a Felicia y Gaston sin duda les cae bien.

Los ojos de Isabeau brillaron :

—¿Y tú qué opinas? ¿A ti también te cae bien?

—Claro.

Mis abuelos estaban sentados en el sofá contiguo al de mis abuelas e intercambiaron una mirada. Juraría que el abuelo David estaba conteniendo la risa, lo que significaba que ya habían hablado del tema.

—Pero eso no viene al caso —añadí rápidamente—. Lo que sí tengo que reconocer es que empezamos con mal pie.

—¿Qué pasó? —preguntó Isabeau.

—Cometí el error de pedirle a Marcel que investigara sobre ella… Pero ignoraba sus cuestionables métodos para conseguir información.

—Te advertí sobre él hace tiempo —dijo Xander.

—Es verdad —admití, volviéndome hacia él—: Pero el problema, hermano, es que me has advertido sobre tantas cosas que ya he perdido la cuenta.

—No es un tío muy honesto —comentó Xander, negando con la cabeza.

—Sí, lo he aprendido por las malas.

—Pobre chica. ¿Qué le has hecho? —preguntó Isabeau, y cuando me giré para mirarla vi que tenía el ceño fruncido.

—Aún no he dicho nada, ¿y ya te pones de su parte?

Isabeau negó con la cabeza:

—Sabes que siempre me pongo del lado de la familia. Soy un poco más considerada en este caso porque he oído de fuentes fiables que su exmarido era un gilipollas.

Su comentario hizo que Bella aplaudiera y Chad resoplara.