Un rival inolvidable Capítulo Catorce #2
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Capítulo Catorce #2

—Ya te digo que este tío no busca un rollo de una sola noche. Te apuesto a que intentará conquistarte y que caigas rendida a sus encantos.

—¿Tú crees? —pregunté, humedeciéndome los labios.

Volví a leer su mensaje y decidí responder con sinceridad.

Grace: Es verdad, y te aseguro que no he planeado nada de todo lo que ha pasado.

Zachary: Lo sé. ¿Vais a ir al Barrio Francés esta noche?

Grace: No, estoy demasiado cansada.

Zachary: Pero si no has ido a trabajar hoy. Aunque tengo que reconocer que la noche anterior fue bastante movida.

No pude evitar reírme.

—Está tonteando, ¿verdad? —preguntó Lais y yo asentí—. ¿Y? ¿Le vas a seguir el juego, no?

Apreté el teléfono contra mi pecho con una enorme sonrisa:

—Lo estoy considerando.

—¡Aleluya! —volvió a decir Lais.

—No cantes victoria tan pronto.

Mi amiga apretó los labios y adoptó una actitud seria:

—Tienes razón. No hay que precipitarse.

—Venga, vamos a ver una película —dije.

Nos decantamos por una comedia romántica, y cuando apareció el título, le hice una foto y se la envié a Zachary. Su respuesta me hizo gracia.

Zachary: Qué horror, detesto las comedias románticas. ¡Que os divirtáis!

Tenía la esperanza de que siguiera enviando mensajes, pero no fue el caso, de modo que Lais y yo vimos a Sandra Bullock y Hugh Grant por quincuagésima vez en silencio, suspirando en nuestras escenas favoritas.

La habíamos visto por primera vez cuando éramos adolescentes y ese tipo de comedias románticas de principios de los dos mil nos hacía reír.

Bostecé varias veces cuando se acercaba el final y Lais se dio cuenta de mi cansancio:

—Pensaba que haríamos una maratón de pelis pero veo que estás muerta de sueño.

—Era mi intención, pero he tenido un día muy largo.

Y, como señaló Zachary, una noche movida, pero no me apetecía compartir esa información. Solía compartir más con Lais cuando estaba con mi ex, pero con el tiempo dejé de hacerlo.

—Entonces me voy, pero queda pendiente una salida por el Barrio Francés, ¿vale?

—¿Qué tal la semana que viene? —sugerí.

—Sí, me viene bien el viernes o el sábado. Haré que cumplas tu promesa.

—Aún no te he prometido nada —remarqué, y al ver que Lais se llevaba las manos a las caderas, añadí—: No te volveré a fallar, lo prometo.

—Espero que no retomes las clases de natación en el Misisipi —comentó con una ceja levantada, haciéndome reír a carcajadas.

—Buenas noches, Lais —dije mientras se dirigía a la puerta.

—Buenas noches.

Volví a bostezar y me levanté del sofá, para mover mi cuerpo entumecido.

Después de recoger la cocina, tirar lo que quedaba a la basura y guardar los platos en el lavavajillas, me dediqué a mi ritual favorito: la ducha.

Una vez leí que la mayoría de las personas tardaban menos de cuatro minutos en ducharse, pero a mí no me entraba en la cabeza. Yo necesitaba al menos quince.

Me apliqué crema corporal minuciosamente después de secarme; tenía la piel seca pese a la humedad del pantano. Mientras me masajeaba la parte interna de los muslos, tuve recuerdos de la noche anterior. Seguía sin creer lo viva que me había sentido, y lo increíble que había sido Zachary conmigo.

Después de ponerme mi camisón de seda y mis mullidas zapatillas de casa, busqué mi teléfono en el dormitorio para poner la alarma, y entonces recordé que lo había dejado en el salón. Cuando fui a buscarlo, lo cogí de la mesita y vi que tenía un mensaje nuevo.

Zachary: ¿Se acabó la comedia romántica?

Una corriente de adrenalina me recorrió. ¿Cómo un simple mensaje podía ponerme tan feliz?

Grace: Sí. Y Lais también se ha ido. Se ha dado cuenta de por qué estoy tan cansada.

Zachary: ¿No le has contado lo de anoche?

Le respondí, sentada en el sofá, riéndome.

Grace: Sí, pero no le di muchos detalles.

Zachary: Si te has olvidado de algunos detalles, será un placer recordártelos al milímetro. Los tengo grabados a fuego en mi memoria.

Mi mejor amiga tenía razón: alguien que solo buscaba un rollo de una noche no escribiría un mensaje así.

Me mordí el interior de la mejilla. ¿Lo había juzgado mal?

Grace: No hace falta, recuerdo cada detalle a la perfección.

Zachary: Estupendo. Eso significa que causé una buena impresión.

Empecé a reírme a carcajadas. Zachary era muy diferente a lo que había imaginado.

Grace: ¿Cómo te fue en la reunión?

Zachary: Bien. Pero la semana que viene será complicada.

Grace: Crucemos los dedos para que pase rápido.

Zachary: No tengo duda: cada vez que alguien me cabree, recordaré nuestra noche juntos. Recuperaré el buen humor y mis contrincantes verán que no pueden afectarme.

Sonreí.

Grace: Es una buena estrategia, tendré que ponerla en práctica yo también.

Zachary: Y si tienes dudas, puedes enviarme un mensaje o llamarme y recordar juntos.

Un intenso calor se acumuló entre mis muslos solo de pensarlo. Joder, ese mensaje rozaba lo obsceno.

De repente, me visualicé saliendo de una reunión para tener una conversación picante con Zachary, y el corazón se me puso a mil.

No puede ser, se me está yendo la olla. Él solamente había hecho un comentario gracioso y yo lo había tomado demasiado literal.

Zachary: No te sorprendas si te llamo en algún momento del día.

No está bromeando . Podría haberle dicho que no, por supuesto, pero me estaba divirtiendo demasiado, ¡y qué bien me sentaba! Con Zachary me salía natural, no podía evitarlo, motivo por el cual le respondí con el mismo descaro.

Grace: Lo mismo digo. Prepárate.

Zachary: Ya estoy preparado.

1   Nota de la Traductora: El Sazerac es un cóctel clásico de Nueva Orleans, proclamado bebida oficial de la ciudad. Se elabora con coñac o whisky de centeno, absenta, azúcar y amargos de Peychaud.