Un rival inolvidable Capítulo Diez #2
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Capítulo Diez #2

—Menos mal que habéis vuelto. Habéis tardado bastante y me preguntaba si os había pasado algo.

—Estamos bien —aseguró Zachary con un tono firme que no invitaba a más preguntas—. ¡Qué bien huele!

—La cena está lista. Podéis dejar los abrigos en ese rincón.

Seguimos a Felicia hasta la cocina, donde una mesa de madera rebosaba de manjares.

—¡Felicia, esto es un banquete! —exclamé.

Me moría por probar la ensalada de cangrejo, y el plato principal: estofado de gambas, alubias negras, y boniatos.

—Venga, sentaos. ¿Todo bien en el establo? —preguntó Gaston.

—Sí, los caballos han comido y a Starlight lo han peinado muy bien —comentó Zachary, guiñándome un ojo.

—No pude evitarlo —respondí sonrojada—. Es muy cariñoso.

—Tienes un don para los caballos, Grace. Estoy segura de que toda la manada te adorará —comentó Felicia—. Puedes venir cuando quieras y participar en las actividades. Ni siquiera tienes que avisarnos.

Sus palabras me conmovieron por la confianza depositada en mí.

El ambiente en la mesa se volvió más serio al centrarse la conversación en las finanzas. Ya era hora . Miré a Zachary, que parecía muy relajado cogiendo un trozo de pan mientras Felicia servía ensalada de cangrejo en cada plato.

—Me encantaría. No solo quiero involucrarme en lo económico, sino también participar de manera personal en la finca. No para tomar ninguna decisión, por supuesto —añadí rápidamente, mirando a Gaston y Felicia—. Vosotros sois los expertos.

—A decir verdad —intervino Felicia—, necesitamos a alguien con buen olfato para los negocios. Llevamos treinta años dando palos de ciego, y quizá por eso nos hemos metido en este lío. Por eso necesitamos sugerencias o un plan de acción.

—Estaría más que dispuesta a ayudaros con eso.

Zachary estaba sospechosamente callado. Cuando lo miré, dijo:

—Yo también, por supuesto. No sé tanto de caballos como Grace, pero tengo un gran talento para los negocios.

—¿Cuál sería vuestra primera sugerencia? —preguntó Felicia, justo cuando probaba el primer bocado de ensalada.

—¡Qué buena te ha quedado! —comenté después de tragar, y ella sonrió de oreja a oreja—. Para mí, lo más urgente es poner aire acondicionado en todas las cabañas.

—Sí, en verano es un suplicio —asintió Felicia.

—Y sugiero ampliar algunas cabañas para recibir más grupos.

—Yo también pensaba hacer esa sugerencia —dijo Zachary—. Los niños, y en especial los adolescentes, prefieren dormir todos juntos.

—Lo tendremos en cuenta porque cada vez tenemos más grupos de gente joven —comentó Gaston.

Durante la cena, Zachary y yo hicimos varias sugerencias, sintiéndonos más colaboradores que competidores.

Después de devorar la comida, me recosté en la silla y me puse una mano en la barriga:

—Estoy a punto de explotar.

—Espero te haya quedado hueco para la tarta de manzana —dijo Felicia.

—Siempre guardo un sitio para el postre.

Felicia puso la tarta y una tarrina de helado de vainilla en la mesa:

—Tendréis que perdonarme pero prefiero que cada uno se sirva la cantidad de helado que le apetezca. Es lo que solemos hacer Gaston y yo.

—En mi casa hacemos lo mismo cuando nuestras abuelas hacen una tarta —comentó Zachary.

Felicia y Gaston intercambiaron una mirada. Intuí que iban a anunciar algo y, al instante, me puse nerviosa.

—Hemos tenido una idea —comenzó Felicia—.

¿Por qué no participáis los dos en el proyecto de la finca?

Está claro que tenéis buenas ideas y que podríais trabajar bien juntos —dudó al pronunciar las últimas palabras y la entendía; nuestra primera visita a la finca no habíamos sido precisamente amables el uno con el otro.

—Me parece bien —aceptó Zachary, lo que me sorprendió por completo.

Tragué saliva, y me vi envuelta en una situación comprometida.

¿Podríamos colaborar juntos? Lo consideré un instante antes de darme cuenta de que no sería posible.

No quería arriesgarme después de lo que había pasado con Roger; nunca más volvería a depender de nadie ni tendría que pedir aprobación.

Sabía que no era la misma situación, pero aún así mi cuerpo entró al instante en modo alerta.

—Entiendo que es una idea interesante —respondí—, pero preferiría hacerlo por mi cuenta, si es que me elegís.

Mi anuncio fue recibido con silencio. Me di cuenta de que esperaban que diera una explicación, pero ¿qué les iba a decir? ¿Que mi exmarido me había dejado secuelas?

—Solo era una sugerencia—dijo Felicia en voz baja, mientras nos servíamos tarta de manzana.

Se oyeron truenos aún más fuertes que antes. Las ventanas vibraban con tanta fuerza que casi se me cae el tenedor.

—¡Menudo temporal! —exclamó Gaston, acercándose a la ventana—. Espero que no derribe muchos árboles.

—El viento ya soplaba fuerte cuando volvimos de los establos —señalé.

—Desde luego —dijo Zachary, revisando su teléfono—. El pronóstico del tiempo dice que las rachas son de ochenta kilómetros por hora. Sin duda va a arrancar árboles.

—El viaje por carretera va a ser complicado —murmuré.

—¡Ni se os ocurra volver a Nueva Orleans esta noche, es muy peligroso! —exclamó Felicia—. Podríais tener un accidente. Y si se forma un tornado, no tendréis dónde refugiaros.

La miré y vi preocupación e inquietud en su rostro. Aunque Zachary seguía absorto en su teléfono, levantó las cejas, lo que indicaba que la valoración de Gaston era acertada.

—¿Y qué hacemos? —preguntó.

—Podéis pasar la noche en una de las cabañas que aún se mantiene en buen estado —ofreció Gaston—.

No es muy grande, pero es suficiente para dos personas.

Tiene casi todas las comodidades, excepto aire acondicionado.

Pero esta noche no lo necesitaréis porque las temperaturas están bajando.

Podéis retomar el viaje mañana por la mañana, una vez que el temporal amaine.

No os ofrecemos quedaros aquí en la casa porque solo disponemos de nuestro dormitorio.

Tragué saliva. La idea de compartir habitación con Zachary en una cabaña era suficiente para hacerme hiperventilar. La imagen de nuestro apasionado beso pasó por mi mente, como si acabara de suceder.

A pesar de la incomodidad, la alternativa de conducir bajo esas condiciones era aún menos apetecible.

—Aceptaré vuestra oferta —asentí—. Gracias.

—Yo también me quedaré —anunció Zachary—. Muchas gracias por vuestra amabilidad. Todos los medios de comunicación dicen que el tráfico está colapsado, se ha rebalsado el sistema de alcantarillado y cerrado varias carreteras por las inundaciones.

—Bueno, ya que ninguno de los dos va a conducir, ¿qué tal si traigo una botella de nuestro mejor brandy ? Elaborado por Gaston. Y así nos terminamos la tarta —sugirió Felicia.

—Me vendría bien una copa —admití—. Me calentará; tengo la ropa seca pero el frío me ha calado hasta los huesos.

—Yo no soy muy de brandy , pero si lo ha hecho Gaston, tendré que probarlo —añadió Zachary.

—¡Que empiece la fiesta! —exclamó Felicia.