Capítulo Diez
GRACE
—Primero demos de comer a los caballos.
No necesité mirarlo para saber que estaba sonriendo. Era evidente que le divertía ponerme en un aprieto.
—Vale.
Llené un cubo para Starlight mientras Zachary se ocupaba del comedero principal.
Me quedé un rato en el box , y aunque no era justo para los otros caballos, tenía que reconocer que Starlight era mi favorito.
Estaba mimando al recién llegado. Comencé a peinarle la crin, una tarea que encontré muy relajante y que a él parecía gustarle.
No me di cuenta de lo mucho que me había entretenido hasta que Zachary apareció en la puerta del cubículo.
—Te ha caído bien, ¿eh?
—Sí —asentí—. Es un poco tímido, pero muy dulce… Pero te aseguro que estarás muy bien aquí, Starlight.
—¿Has tenido caballos antes?
—No. Monté de niña, pero mis padres se negaban a tener uno. De hecho, a mi padre le asustaba la idea.
—Es verdad que pueden ocurrir accidentes graves —dijo Zachary con voz seria, pero luego suavizó el tono—. Oye Grace, no fue mi intención ponerte en un aprieto antes.
Me giré hacia él. Estaba de pie, con las piernas separadas y los brazos cruzados. ¿Cómo podía verse tan atractivo incluso con ese horrible impermeable?
—¿De verdad? Porque parecía que lo estabas disfrutando.
—Lo siento —se disculpó con una leve sonrisa.
—¿Qué es lo que sientes? ¿Haberme puesto en un aprieto o haberlo disfrutado?
—Ambas cosas —respondió, sonriendo abiertamente—. Pero no era mi intención hacerte sentir incómoda. No hace falta que hablemos de nada, solo quería aclarar las cosas porque todo ha sido…
—¿Una locura? —sugerí.
—Sí —respondió y chasqueó los dedos como si hubiera estado buscando esas palabras—. Eso lo resume a la perfección.
—Dejémoslo así, ¿vale? —dije entre risas.
Volví a centrar mi atención en la crin de Starlight, aunque ya estaba perfectamente cepillada. De hecho su pelo era mucho mejor que el mío.
—Claro, lo último que quiero es incomodarte. Por cierto, te queda muy bien ese impermeable.
—¿En serio? Nunca me he sentido menos sexy.
Un fuerte gemido resonó en todo el establo. Tardé un segundo en darme cuenta de que provenía de Zachary.
—Eres sexy de cojones, da igual lo que lleves puesto. Si hasta cuando salimos del río no pude evitar mirarte como un puñetero neandertal.
Contuve el aliento y volví a acariciar el pelo de Starlight porque no sabía qué hacer con las manos. Su confesión me pilló completamente por sorpresa.
—Pues parece que te has controlado muy bien —susurré—. Parecías muy concentrado en tu papel de médico, asegurándote de que recuperara la calma.
—Puedo hacer varias cosas a la vez —afirmó sin titubear.
Bueno… Como la tensión entre nosotros era innegable, decidí seguirle el juego. Y aunque no sabía a dónde me llevaría, tendría que arriesgarme.
Mirándolo directamente a los ojos, dije:
—Tú tampoco estás nada mal, te queda bien el impermeable.
—Me alegro de que lo hayas notado —respondió, con un brillo en la mirada.
—Es difícil no hacerlo.
—¿En serio? Yo diría que justo esto lo complica todo —comentó, señalando su abrigo.
—Sí, pero tengo buena memoria y excelente imaginación. Como tú.
—Me gusta este lado tuyo, Grace —dijo, acercándose a mí.
Tragué saliva:
—A mí también. No sabía si estaría a la altura.
Su sonrisa se desvaneció. Zachary se enderezó y frunció el ceño:
—¿Qué quieres decir?
—Llevo años sin hacer esto… tontear. Perdóname si mi tonteo está pasado de moda.
—Te aseguro que es perfecto. Y si las circunstancias fuesen diferentes, te ofrecería una prueba, pero dejémoslo así.
Estaba a punto de preguntarle a qué se refería cuando caí en la cuenta.
Madre mía, ¿Zachary tiene una erección?
No, espera, puede estar refiriéndose a cualquier otra cosa… como el pulso acelerado o la respiración entrecortada. No sé por qué he pensado en eso.
—Llevas divorciada un año, ¿verdad? —preguntó.
Mis hombros se hundieron mientras bajaba el cepillo. Ya no tenía sentido seguir peinando la resplandeciente melena de Starlight.
—¿Podemos hablar de otra cosa?
—Claro —asintió—. Lo siento, no es asunto mío.
—No tengo nada que ocultar, y aunque no me incomoda, me pone algo triste —expliqué mientras salíamos del cubículo—.
Pero sí, llevo más de un año divorciada, y desde entonces no he tenido ninguna cita.
Centré toda mi atención en mi empresa… fue mi manera de salir adelante.
Era muy importante que mi negocio tuviera éxito para poder recuperar la autoestima —expliqué mientras nos dirigíamos hacia la puerta.
Sin embargo, no salimos del establo porque seguía lloviendo a cántaros.
—Deberías estar orgullosa de lo que has logrado. Por lo que sé, tu empresa es todo un éxito, y me sorprendió el poco tiempo que llevas en el mercado. Eres una excelente mujer de negocios.
Incliné la cabeza:
—Y no esperabas eso de una frívola socialité , ¿verdad?
Zachary cerró los ojos, negó con la cabeza y volvió a abrirlos:
—Te pido mis más sinceras disculpas por haberte prejuzgado. Los comentarios de Marcel, sumados a nuestras primeras interacciones, me hicieron formarme una idea totalmente equivocada. No suelo sacar conclusiones precipitadas.
Estaba dispuesta a concederle el beneficio de la duda, sobre todo después de que se lanzara al río Misisipi por mí.
—Antes de casarme, aprendí muchísimo trabajando en la empresa familiar —le expliqué.
—Y luego lo dejaste.
—Sí, porque uno de los deseos de mi marido era que me dedicara por completo a ser ama de casa.
—¿Y por qué accediste?
La evidente confusión en su rostro me hizo cuestionar mi decisión una vez más. Pensándolo mejor, lo hice para evitar conflictos en mi matrimonio, pero no quería compartirle esa razón a Zachary.
—No lo sé… En aquel momento creí que era mi obligación si quería ser una buena esposa. Pero no me di cuenta de sus verdaderas intenciones.
—Qué curioso —comentó—. ¿Disfrutabas siendo ama de casa?
—No, para nada. Siempre me ha gustado trabajar, a pesar de mis continuos desacuerdos con mis hermanos. En honor a la verdad, tal vez esa fue una de las razones por las que renuncié… para distanciarme de ellos. Más tarde, descubrí que se parecían más a mi marido que a mí.
—Tiene sentido —asintió—. Por lo que sé de Kyle, no es el tipo de persona que querría tener como amigo.
—No tienes por qué edulcorar la situación. Sé cómo es y no voy a justificarlo. Siempre ha estado en contra de mi padre y obsesionado por demostrar que es mejor que todos.
—Hasta el punto de cometer ilegalidades —añadió Zachary, apretando los dientes.
—Exacto. Tanto él como Beau querían sacarme de la empresa de forma definitiva —agregué, bajando la mirada.
Me dolía no haber llegado a establecer nunca una relación fraternal sana, como la de cualquier otro niño con sus hermanos. Pero cada familia es un mundo e intentaba no darle demasiadas vueltas.
—¿Qué cojones…? —se sorprendió Zachary—. Es una pena para tu familia. Si de algo estoy seguro es de la lealtad de mis hermanos; no se me ocurriría dudar de ellos. Nos apoyamos de forma incondicional. —Su voz era dura, como si le costara aceptar lo que me había pasado.
—Está claro que has tenido suerte con tu familia.
Como te decía, mi exmarido quería que dejara de trabajar para tener el control absoluto.
Claro, eso lo vi después: si controlaba la economía, me controlaba a mí.
Poco a poco, empezó a minar mi confianza —dije sin atreverme a levantar la vista—.
Empezó de forma muy sutil, dictando qué podía comprar y qué no, y se enfadaba si tocaba mis ahorros.
—Negué con la cabeza y finalmente levanté la vista, encontrándome con los ojos de Zachary llenos de rabia.
¿Por qué le estoy contando esto si apenas lo conozco?
—Qué hijo de puta. —Su reacción visceral me reconfortó de alguna manera. Era extraño, pero parecía que realmente le importaba lo que le estaba contando.
—Me alegro de que todo haya terminado y de no haberme quedado embarazada. —Cerré los ojos y añadí—: Lo siento, no sé por qué he dicho eso. Es muy personal.
—Grace —dijo con voz suave. Cuando abrí los ojos, me percaté de que se había acercado—. Siento mucho todo lo que has pasado y lamento haber sido un idiota contigo. No era mi intención hacerte sentir mal ni humillarte.
—Bueno, yo tampoco he sido la más simpática. Entiendo que los comentarios sarcásticos puedan poner nervioso a cualquiera. Yo también lo siento.
Era difícil pensar con claridad teniéndolo tan cerca. Olía a lluvia, a barro, a heno y a caballo, y por alguna razón, me encantaba.
—Es verdad que no me gustaron tus comentarios irónicos, pero no es excusa para comportarme como un capullo.
—Te lo agradezco, y yo también asumo mi parte.
—Vale. —Inclinó la cabeza hacia un lado, rompiendo el contacto visual. Respiró hondo y añadió—: ¿Quieres volver corriendo? No parece que vaya a escampar.
Como si fuera una señal, otro relámpago iluminó el cielo, seguido de un trueno.
—Sí, parece que la cosa se va a poner aún peor. ¿Cómo vamos a volver a la ciudad con este tiempo? La visibilidad es nula.
—No lo sé, tardaremos mil horas en llegar. —Miró fuera del establo como evaluando qué hacer.
—Quizá no deberíamos quedarnos a cenar —sugerí.
—Volvamos a la casa. La cena nos ayudará a pasar el rato y tal vez la lluvia amaine un poco. ¡A ver quién llega primero! —me retó.
Me eché a reír:
—Me llevas treinta centímetros de altura, ¿crees que sería una carrera justa? A menos que me des ventaja —dije antes de salir corriendo sin mirar atrás, subiéndome la capucha.
La lluvia era aún más fría que antes. Al llegar a la casa principal, me castañeteaban los dientes. Entré sin más y me tomé unos segundos para recuperar el aliento hasta que llegó Zachary.
—Dios mío. Parece que se estuviera cayendo el cielo.
—Ya te digo —respondí.
Me quité el impermeable que aunque me había protegido de la lluvia, no me resguardó del frío.
Felicia se apresuró hacia nosotros: