Un rebelde inolvidable Capítulo Dieciocho
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Capítulo Dieciocho

DAISY

Empecé el lunes por la mañana silbando mientras revisaba los correos electrónicos sentada en mi escritorio. Apenas eran las ocho de la mañana, pero ya tenía trabajo suficiente para el resto de la semana. Estaba claro que este trabajo no era para flojos.

Tenía la puerta abierta y no quitaba ojo al pasillo, esperando a que llegara el jefe. No tenía ni idea de cómo iban a ir las cosas entre nosotros después del fin de semana.

Basta ya. Dijiste que no ibas a pensar más en ello.

Cuando dieron las diez, empecé a preocuparme. ¿Por qué Anthony aún no había llegado? Decidí escribirle un mensaje, pero entonces me di cuenta de que él ya lo había hecho.

Anthony: No me esperes en la oficina. Hoy termina el concurso de jazz , ¿recuerdas?

Daisy: ¿Necesitas que vaya? Puedo llegar rápidamente.

Anthony: No hace falta. Voy a encargarme de unas cosas aquí y luego iré a hablar con Gregory sobre el próximo festival.

Me mordí el interior de la mejilla.

Daisy: ¿Y lo de ir contigo?

¿Había alguna razón por la que no quisiera que fuera? No podía ser. Simplemente le estaba dando demasiadas vueltas a todo.

Anthony: Tenemos que idear un sistema diferente. Si vienes conmigo, no puedo evitar la tentación de buscar cualquier rincón apartado para seducirte.

Sonreí. Así que no puede controlarse cuando estoy cerca, ¿eh? Eso era muy excitante , pero también un problema.

No quería que eso me impidiera hacer mi trabajo y ser la mejor asistente que hubiera tenido jamás. Así que eché los hombros hacia atrás y carraspeé como si me preparara para dar un discurso.

Daisy: Anthony, somos profesionales.

Su respuesta fue casi inmediata.

Anthony: No dudo que tú lo seas. De lo que no estoy seguro es de si yo podré actuar como tal.

Vaya, vaya, vaya. En ese momento, mi ego estaba por las nubes.

Anthony: Te avisaré si te necesito.

Con eso me quedé tranquila. A decir verdad, ya tenía bastante que hacer sin andar tras sus pasos. De hecho, puede que fuera mejor que no estuviera en la oficina. Saber que estaba al otro lado de la pared sin duda sería una gran tentación. Al menos así, nada me distraía de mis obligaciones.

O eso creía, hasta que Dorothy apareció por la tarde.

—Hola, Daisy —saludó.

—¡Hola!

—Ha llegado un pedido para ti.

Fruncí el ceño y puso una taza de café delante de mí.

—Acaba de llegar. Supuse que lo habías pedido tú.

Le sonreí, consciente de que tenía que mantener las apariencias.

—Muchas gracias por traérmelo.

—De nada.

Vi que llevaba una caja bajo el brazo.

—¿Necesitas ayuda con eso?

—Oh, no. Es para mí —sonrió—. Cuando sé que voy a estar en la oficina, pido que me traigan las cosas aquí.

—Claro, es lo más práctico.

En cuanto se marchó, di un sorbo, pensando que era café. Para mi sorpresa, era chocolate caliente con un sirope dulce, aunque no era caramelo. ¿Sería almendra? Tomé otro sorbo. Sí, acerté.

Sonreí ampliamente mientras comprobaba los mensajes en mi móvil.

Anthony: Espero que esto te ayude a superar el bajón de la tarde.

Daisy: Está buenísimo. Me encanta el sirope de almendra. ¿A ti te gusta?

Anthony: Ni muerto me verás bebiendo chocolate caliente. Como te dije, la única forma en que lo probaré es en tu cuerpo. Ya tengo pensadas unas cuantas cosas muy concretas que quiero hacer con él.

Apreté los muslos y respiré hondo. Ni siquiera necesitábamos estar en el mismo lugar para comportarnos de manera poco profesional.

Sonreí, bebiendo otro sorbo mientras decidía cómo jugar mis cartas. Podía seguirle el juego, pero no creía que fuera buena idea. Al menos, no en mitad de la jornada laboral.

Como si pudiera leer mis pensamientos, Anthony me envió otro mensaje.

Anthony: Olvida lo que he puesto. ¿Qué te parece si solo tonteamos en persona?

¿Qué? ¡No! Eso era peligroso. Lo llamé de inmediato.

—Anthony —susurré—, eso es jugar con fuego, ¿no crees?

—Sin duda, pero no me importa. Solo quiero estar contigo.

Me derretí.

—¿Pasarás por la oficina hoy?

La idea de no verlo tampoco me gustaba. Necesitaba mi dosis diaria de Anthony. ¿Qué me estaba pasando?

—No, pero te prometo que pasaré mañana.

—Vale. —Quería añadir algo más, pero no quería darle la impresión de que estaba desesperada por verlo, así que me limité a decir—: Tendré todos los informes que me pediste para el final del día.

—Eres la mejor asistente que he tenido, Daisy.

Aunque era un cumplido, empecé a sentirme incómoda.

Sabía que Samantha me encontraría otro trabajo, pero la verdad era que en ese momento no me apetecía dejar a Anthony.

Me gustaba mucho mi trabajo, a pesar de saber que las cosas no podían seguir así.

No podíamos trabajar juntos y salir a la vez.

Sin embargo, mi jefe estaba coqueteando conmigo y me había enviado chocolate caliente, así que no iba a quejarme.

Estaba decidida a disfrutarlo mientras durara.

Después de colgar, vi un mensaje de Samantha.

Samantha: Daisy, ha surgido un puesto de última hora como directora de marketing en el sector alimentario. La empresa es Farm&Garden . Adjunto la descripción del puesto. Dime si te interesa para concertar una entrevista hoy mismo.

¡Vaya, qué rápido!

Mi pulso se aceleró al abrir y ojear el archivo adjunto. Parecía bastante interesante y, para mi gran entusiasmo, estaba ubicado en Nueva Orleans.

Daisy: Sí, por favor. Estoy libre a partir de las 5.

Samantha: Perfecto. Lo organizaré todo.

Samantha: Por cierto, también tengo algo en Dakota del Norte. ¿Quieres que te mantenga informada?

Daisy: Claro, ¿por qué no?

Aunque la verdad, la idea no me entusiasmaba demasiado. Preferiría mil veces trabajar en Nueva Orleans.

Mi corazón todavía latía con fuerza mientras dejaba el móvil y me concentraba de nuevo en mis tareas. Si cambiaba de trabajo, ya no tendría que preocuparme de que Anthony fuera mi jefe.

Dios… estaba haciendo demasiados planes, pero no podía evitarlo. A pesar de eso, no me gustaba adelantarme a los acontecimientos, así que respiré hondo y volví al trabajo.

La entrevista con Farm&Garden fue sorprendentemente bien.

Como fue por videollamada, ni siquiera tuve que moverme de casa.

Al terminar, me quedó una muy buena sensación.

Cuando llegué a la oficina a la mañana siguiente, seguía con un buen presentimiento.

Había conectado muy bien con los tres entrevistadores, pero dijeron que necesitaban algo de tiempo para darme una respuesta.

Estaba tan concentrada en ponerme a trabajar que olvidé comprobar si Anthony estaba allí. Por eso, su voz, grave y ronca, me sobresaltó cuando la oí en la puerta, justo al llegar a mi escritorio.

—Buenos días, preciosa.

Me di la vuelta y le dediqué una sonrisa cómplice. Entró y cerró la puerta de inmediato.

Sentí que se me cortaba la respiración.

—Anthony, ¿y si Dorothy nos ve?

—Me da igual. Ella trabaja para mí, no al revés.

—¿Pero por qué has cerrado la puerta?

Se giró y me miró fijamente.

—Porque nunca sé cuándo voy a perder el control. —Se acercó a mí con pasos rápidos—. Ya ni siquiera es cuestión de si va a pasar, sino de cuándo .

Me relamí los labios.

—¿Pero no se enterarán todos los demás?

Se detuvo justo antes de inclinarse hacia mí.

—No lo sabrán.

—Bueno, entonces… ya que has cerrado la puerta…

Había límites, pero en ese momento me daban exactamente igual. Fundió su boca con la mía en un beso desesperado.

¡Madre mía! No esperaba que aquello fuera tan excitante. Todo mi cuerpo vibraba. El borde del escritorio se me clavaba en el trasero mientras Anthony me presionaba contra él. Estaba completamente rendida a sus labios cuando, de repente, se apartó.

—Joder. No puedo seguir así —susurró.

—¿Qué pasa?

—Tenerte aquí al lado va a ser mi perdición. No voy a salir de tu oficina en todo el día.

Sonreí con sorna:

—La verdad es que parece muy probable.

Dando un paso atrás, carraspeó.

—Basta. Tenemos nuestros límites y voy a respetarlos, aunque me suponga un esfuerzo sobrehumano mantenerme alejado de ti.

Hice pucheros.

—¿Qué significa eso? ¿Que simplemente me ignorarás?

—Deja de hacer pucheros o te volveré a besar.

Apreté los labios y él sonrió antes de marcharse a su despacho.

Para mi sorpresa, no volvió a irrumpir en mi oficina en todo el día.

Por la tarde, Dorothy volvió a entrar.

—Hola, otra bebida caliente para ti.

—Vaya. Les pediré que me avisen cuando llegue un pedido para que no tengas que traerlo tú siempre.

—No te preocupes. Tengo muy buena relación con el personal de cocina y me avisan cada vez que reciben un pedido. No es que baje solo por una cosa —dijo, mostrando otra caja que llevaba bajo el brazo. Al menos no había ido solo por lo mío.

—Muchas gracias —agradecí, cogiendo la taza.

Dudé si ir al despacho de Anthony, pero el recuerdo de mi plan con el chocolate caliente —bebérselo sobre mi cuerpo— me detuvo.

Mmm… ¿Lo decía en serio? Tendría que averiguarlo.

¡Claro que lo decía en serio, era Anthony LeBlanc!

En lugar de entrar, le envié un mensaje.

Daisy: Ya tengo mi chocolate. Muchas gracias.

Di un sorbo y suspiré. Tenía un toque de pistacho.

Daisy: Este también está delicioso.

Anthony: Me alegro de que te guste.

Daisy: ¿Cuál es el plan? ¿Que me traigan un sabor distinto cada día?

Anthony: Exactamente.

Me quedé mirando su respuesta, completamente conmovida. ¿De verdad lo había planeado?

En ese momento me di cuenta de que aquel hombre se estaba ganando mi corazón. Y la idea no me resultaba tan aterradora como al principio.

Solo que ahora quería entrar en su despacho y darle las gracias en persona.

Justo cuando me levantaba de la silla, mi teléfono sonó: era Annelise. No era habitual que llamara a esa hora del día, ambas estábamos trabajando.

Mi corazón se aceleró. ¿Y si había pasado algo malo? No podía ser, acababa de hablar con mi madre por la mañana… Pero Annelise no llamaría sin un buen motivo. Respondí de inmediato.

—¿Hola? —saludé.

—Tengo malas noticias —dijo Annelise, y sentí un escalofrío.