Un rebelde inolvidable Capítulo Catorce #4
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Capítulo Catorce #4

—Tienes razón —resopló—. Creo que la estoy liando aún más.

Y lo estaba, ya que había tirado en la dirección equivocada. Me acerqué para desenredarle el pelo y, mientras lo hacía, deslicé el pulgar por el contorno de su oreja.

—Anthony… —murmuró, estremeciéndose con ese ligero roce.

Retiré la mano de inmediato.

—Estoy haciendo todo lo posible por comportarme —aseguré.

—Mmm… —susurró—. Pues no se nota.

—Pues yo creo que sí. Y lo sabes.

En ese momento, Bella salió y recitó de carrerilla seis tipos diferentes de bebidas de chocolate caliente.

—Yo tomaré el que lleva caramelo —dijo Daisy.

—Ese es mi favorito también. —Bella alternó su mirada entre Daisy y yo.

Menos mal que no me había pillado; de lo contrario, empezaría a sospechar. O eso creía yo…

Bella nos volvió a mirar. ¿Acaso era esa una sonrisa de listilla en su rostro? Maldita sea. Mi sobrina se estaba convirtiendo en una adolescente.

—Daisy, ¿te ha gustado el perfume que te han hecho las abuelas?

Daisy abrió mucho los ojos:

—¿Te lo han contado?

—¡Pues claro!

Daisy me lanzó una mirada de auxilio.

—Me ha encantado. Las he llamado para darles las gracias.

—¿Lo llevas puesto ahora?

Me estaba costando mucho contener la risa.

—¿Crees que funciona? —continuó preguntando Bella, pero ahora me miraba a mí.

—¡Bella! —la regañé.

Ella hizo una mueca de disgusto.

—Sí, lo llevo puesto ahora… —respondió Daisy lentamente.

—Bella, diles a las abuelas que, si quieren saber algo, pueden llamarme a mí directamente.

La sonrisa de Bella se desvaneció.

—Oh, vamos, tío Anthony. Estaba practicando mis habilidades de espía. ¿Por qué tenías que delatarme?

Daisy se rió entre dientes.

—Estoy perdidísima.

Bella se dio la vuelta, refunfuñando. Como ya nos había delatado, decidí poner todas las cartas sobre la mesa con Daisy. Al menos así sabría dónde se estaba metiendo.

—Las abuelas le pidieron a Bella que nos espiara, para ver si las lilas estaban dando resultado o no.

Bella se giró de nuevo, con expresión de alerta.

—¿Le has hablado de las lilas? Tío Anthony, no deberías haberlo hecho. No creo que funcione si se lo cuentas.

—Te voy a contar un pequeño secreto, Bella. Las lilas no tienen ningún efecto, ¿vale? Lo que pasa es que a tus abuelas les gustan las buenas historias.

Se cruzó de brazos, su lenguaje corporal era tan parecido al de Celine que daba miedo.

Nunca me había percatado de lo mucho que se parecían.

En ese momento Bella tenía el mismo rostro tierno, pero con una expresión severa que solo Celine podía lograr.

Su ceño estaba fruncido, pero no conseguía que su gesto fuera severo.

—No les diré eso. Se enfadarán mucho.

Las comisuras de mi boca se crisparon. Si lo decía Bella, lo más seguro era que se disgustaran. A esas alturas, ya estaban acostumbradas a que los nietos desconfiáramos por completo de la historia.

—Lo siento, Bella. No era mi intención descubrir tu tapadera —dije con sinceridad, y ella sonrió. Le había quitado las ganas de discutir tan rápido como siempre hacía con Celine.

Seguía teniendo problemas para descifrar a Isabeau, pero con Celine lo hacía bien.

—Acepto tus disculpas, tío Anthony.

Daisy nos seguía mirando a los dos como si no entendiera lo que estaba sucediendo.

—También le debemos una disculpa a Daisy —añadí—, por ponerla en esta situación.

Bella asintió:

—Lo siento, Daisy. No me di cuenta de que te haría sentir incómoda.

Daisy le sonrió:

—No me ha incomodado. Bueno, un poco sí… pero no tienes que disculparte. Es solo que esta es la conversación más extraña en la que he participado nunca.

Le guiñé un ojo:

—Ese es el día a día de los LeBlanc. No es que uno forme parte de la conversación. Simplemente hay una conversación y, a veces, acabas envuelto en ella, quieras o no. Como un tornado.

Por fin llegó nuestro turno y ambas pidieron su chocolate caliente con caramelo.

—Todos los sabores parecen deliciosos. Los probaría todos —susurró Daisy.

En ese mismo instante supe cómo iba a mimar a mi preciosa asistente durante la semana siguiente, sin importar cómo fuera el fin de semana.

Le llevaría a Daisy un chocolate cada día. Qué demonios, me encargaría de que tuviese un chocolate y un café cada mañana sobre su escritorio.

Cuando los tres salimos de la cafetería, Bella bajó su taza y exclamó:

—¡Estoy lista para ir al bar!

Daisy abrió los ojos como platos.

—Es una larga historia —le comenté justo cuando Bella empezaba a alejarse. Antes de seguirla, me acerqué a Daisy—. Disfruta del chocolate caliente.

—Qué pena que ni siquiera quieras probarlo.

—Solo lo probaré si es sobre tu increíble cuerpo.

Ella resopló antes de lamerse el labio inferior.

—¡Anthony!

Le guiñé un ojo.

—Disfruta de tu bebida, Daisy. Y yo disfrutaré pensando en todas las cosas que te haría con ella.

1   Nota del traductor: El bocadillo muffuletta es un icónico sándwich de Nueva Orleans, originario de inmigrantes italianos, caracterizado por su pan redondo tipo sésamo, relleno de abundantes fiambres (mortadela, salami , jamón), queso (provolone) y una distintiva ensalada de aceitunas y encurtidos (jardinera) en aceite.