Un rebelde inolvidable Capítulo Catorce #3
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Capítulo Catorce #3

Mientras Bella y yo nos dirigíamos a la calle Bourbon, me vinieron a la mente las palabras de Chad: “Todos los demás irán con sus parejas” .

Entonces, se me ocurrió una idea descabellada, y no solo porque mi madre la hubiera mencionado.

¿Y si le pedía a Daisy que me acompañara?

Parecía tener interés por el arte, la comida y todo eso.

Estaba seguro de que se lo pasaría bien, aunque mi familia fuera un poco entrometida.

Sin dejar que la duda me frenara, le escribí un mensaje:

Anthony: ¿Tienes planes para esta noche?

Daisy: Sí. Voy a dar un paseo por la ciudad.

La decepción que me invadió fue jodidamente desproporcionada.

Anthony: Pásatelo bien.

Daisy: ¿Por qué lo preguntas?

Anthony: Te lo diré mañana.

Quizás era lo mejor, aunque la tentación de coquetear con ella hasta que aceptara la invitación era casi irresistible. Pero, por otra parte, aún no era fin de semana y le había prometido que mantendría las cosas en un plano profesional.

—Tío Anthony, ¿me estás escuchando? —preguntó Bella.

Me guardé el móvil en el bolsillo de inmediato.

—No, perdona. Estaba ocupado con el trabajo.

—¡No tenías cara de estar trabajando !

—¿Qué quieres decir?

—No lo sé. Tenías una cara un poco rara. Se lo tendré que contar a las abuelas.

Eché la cabeza hacia atrás.

—¿Contarles qué?

—Nada —respondió Bella, desviando la mirada con rapidez.

—Bella… ¿Te han pedido que me espíes?

Ella resopló.

—¿Que te espíe? ¡Esa no fue la palabra que usaron, tío Anthony! Oh… pero eso es lo que estoy haciendo, ¿no?

—No tengo ni idea. Dímelo tú.

—Pero los espías nunca dicen lo que hacen, ¿no? He leído algunos cuentos sobre espías.

—No, no lo hacen —admití—, pero no cambies de tema. ¿Te han pedido las abuelas que me vigiles?

—No. Solo que les avise si te veo haciendo algo raro. —Suspiró—. Jolines, no se me da bien esto…

Me reí:

—No, pero no pasa nada.

Siempre pensé que las abuelas tenían un sexto sentido, pero resultó que simplemente tenían múltiples fuentes de información.

Cuando giramos hacia la calle Bourbon, examinó la zona con ojo crítico:

—¡Cuántos bares hay aquí! ¿Sabes? Solo he estado aquí una vez, con el tío Xander.

La miré, sorprendido.

—¿Te trajo aquí? —Eso contradecía todo lo que sabía sobre mi hermano.

—Sí, pero solo entramos en una pequeña tienda que vendía chocolate caliente. Estaba superbueno. Y luego volvimos a la calle Royal.

Me reí, pero la risa se me atascó en la garganta al ver, precisamente en la calle Bourbon, a Daisy.

No miraba hacia donde estábamos, así que la devoré con la mirada sin disimulo.

Además, por fin habíamos terminado la semana de trabajo.

Noté que se había cambiado de vestido. Por la mañana no me había permitido fijarme en los detalles, pero ahora quería memorizarlo todo: la forma en que se ceñía a sus curvas, el conservador escote en V que resaltaba lo jodidamente guapa que era… todo.

—¡Daisy! —exclamó Bella.

Se volvió hacia nosotros y sonrió.

—¡Hola, chicos!

—¿Has terminado de trabajar por hoy? —pregunté. Di que sí. Di que sí, joder. Así tendría vía libre para flirtear con ella cuanto quisiera.

—No, en un rato voy al festival, pero antes quería tomar algo. Chad comentó que hay un sitio cerca donde sirven un chocolate caliente muy bueno.

—¡Sí, lo conozco! Se lo estaba contando al tío Anthony —dijo Bella—. ¿Podemos ir todos? Yo también quiero un chocolate caliente.

—¡Claro! —respondí, emocionado por la idea de pasar un rato con Daisy.

—Sé dónde está —afirmó Bella mientras señalaba calle abajo en Bourbon.

Caminamos hacia la pequeña cafetería. El trasero de Daisy se veía increíble con ese vestido.

Pero, sinceramente, ella era atractiva se pusiera lo que se pusiera.

Todavía recordaba su atuendo de vaquera.

Tenía un estilazo y una personalidad tan arrolladora con ese conjunto que me dejó flipado.

Nunca tenía miedo de mostrarse tal como era, y eso era algo que me gustaba muchísimo de Daisy.

Al llegar, había una cola que se extendía fuera del local.

—Puedo entrar y decirte qué tienen en el menú —le dijo Bella a Daisy.

—Claro, adelante.

Al segundo siguiente, Bella entró corriendo en la cafetería.

—¿El chocolate caliente es otra de tus debilidades? —le pregunté a Daisy.

—Suelo ser muy fan, sí. Ya veremos qué tal este.

Me incliné hasta que mi boca estuvo cerca de su oído, manteniendo la barbilla a la altura de su hombro. Habría sido muy fácil bajar la cabeza y besarle el cuello.

—Si no te gusta, buscaré todas las cafeterías de la ciudad que sirvan chocolate caliente hasta encontrar la mejor.

Ella levantó la cabeza y me miró directamente a los ojos. Tuve el impulso de besarla. Esos labios me resultaban irresistibles.

—¿Y por qué harías algo así?

—Porque puedo. Y porque sé que te haría reaccionar así. Tu sonrisa es preciosa. Y radiante.

Se llevó las manos a las mejillas.

—Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba sonriendo así.

—Al parecer, el chocolate caliente te sienta muy bien.

—Y tú también.

—Joder —gruñí—. Tienes que tener cuidado con lo que respondes, Daisy.

Se humedeció los labios rápidamente antes de girarse hacia la puerta. La persona que estaba frente a nosotros probablemente pensó que nos faltaba un tornillo o algo así.

—No, no, aún no ha terminado la jornada laboral.

De repente, una ráfaga de viento sopló, apartándole el pelo hacia un lado.

—Ay —dijo, llevándose una mano a la oreja. Su cabello se había enredado en un pendiente.

—Déjame a mí —ofrecí.

—Puedo hacerlo yo —insistió, forcejeando con él.

—Pero no puedes ver, Daisy.