Capítulo Nueve #2
Daisy estaba sentada sobre el escritorio con las piernas colgando, mientras miraba algo en su móvil y se reía.
—¿Interrumpo? —pregunté.
Me miró y luego volvió rápidamente a centrar la vista en su teléfono.
—Técnicamente, ya he terminado mi jornada, así que no me regañes.
Por Dios, era adorable.
—Lo sé. Es solo que me sorprende que sigas aquí.
—Estoy haciendo tiempo hasta que llegue la hora de buscar a mi mejor amiga en el aeropuerto.
Levanté una ceja.
—¿Viene una amiga a verte este fin de semana?
—Sí. Estoy deseando verla.
—¿Viene en avión desde Chicago?
Daisy negó con la cabeza:
—No, ya no me queda ninguna amiga en Chicago.
Estaba seguro de que había una historia detrás de eso, pero no era el momento de preguntar.
—Es de mi pueblo, en Dakota del Norte. Se llama Annelise, y es prácticamente mi hermana. Todavía vive allí, no muy lejos de la casa de mis padres.
—¿Y vas a enseñarle Nueva Orleans?
—¡Sí! —Asintió con entusiasmo—. Tengo muchísimas ganas de darle un abrazo y ponerme al día con ella. Me conoce mejor que nadie, quiero pedirle consejo sobre algunas cosas.
—¿Qué cosas? Si se puede saber… —pregunté—. Quizás pueda ayudarte.
Ella sonrió con picardía. Algo había cambiado entre nosotros esa semana. Yo era mucho más directo y ella no oponía ninguna resistencia. Me encantaba. ¿Sabía que era una mala idea? Sí. ¿Tenía pensado parar? Ni hablar.
—Bueno, te comenté que me gusta regalarles a mis padres unas vacaciones cada verano.
—Sí, lo recuerdo.
—Pues quiero convencerlos de que también se vayan a algún sitio en Nochevieja.
Trabajan demasiado y se merecen un descanso.
Estoy segura de que la única forma de desconectar es yéndose de viaje.
El problema es que no irán a ningún sitio a menos que alguien les regale los billetes, pero no sé cómo convencerlos.
—¿A dónde te gustaría que vayan?
—A Nueva York. Nunca han estado allí y sé que a mi madre le encantaría ir. Siempre habla de ver el árbol de Navidad del Rockefeller Center 2 . Además, podrían ver bajar la bola en Times Square 3 .
—Sí, la verdad es que es una pasada. ¿Y tú qué vas a hacer en Nochevieja? —pregunté.
—Nada. Tengo un presupuesto un poco más ajustado de lo habitual. Si sigo en Nueva Orleans para entonces, me uniré a alguna celebración en la calle o algo así. Pero es que me hace muchísima ilusión hacer algo especial por mis padres.
Maldita sea, aquella mujer me gustaba más con cada palabra que decía. Nunca había conocido a ninguna chica tan parecida a mí en lo que respectaba a los valores familiares. Nunca .
—Diles que es muy importante para ti .
De golpe, se animó.
—¿Qué?
Asentí.
—Eso es lo que hago cuando quiero convencer a mis abuelos de algo a lo que, de otro modo, dirían que no.
Ella se mordió el interior de la mejilla.
—¿Puedes darme un ejemplo?
—Les dije a mis abuelos que a mí también me relaja salir con ellos a pescar al pantano. La naturaleza me ayuda a desconectarme. Si les dijera que voy únicamente para cuidar de ellos, se enfadarían mucho.
—No sé cómo podría hacerlo en mi caso, pero gracias por la idea.
Me encogí de hombros:
—No siempre es infalible. A veces se dan cuenta y no me queda otra que recular.
—¿En serio?
—Bueno, normalmente acabo confesándolo.
Daisy se rió y luego miró su teléfono.
—La aplicación Flight Radar dice que aterrizará en unos minutos. Será mejor que me vaya.
Estaba librando una batalla interna conmigo mismo. Me moría por ofrecerle llevarla al aeropuerto para recoger a su amiga juntos, pero como no había manera de justificarlo como un asunto de trabajo, simplemente dije:
—Nos vemos en el concurso de jazz .
—¡Claro! Ni loca me perdería la primera noche después de todo el trabajo que hemos hecho.
—Genial. Entonces, hasta luego.
Cometí el error de mirar hacia abajo. Joder, volví a tener una vista directa de aquel colgante cayendo sobre sus pechos.
Levanté la vista de inmediato, reprendiéndome a mí mismo.
Aquella semana solo me había puesto una regla: no mirar su escote.
Había algo en ese colgante que me nublaba el juicio.
Pero, como de costumbre, mi autocontrol se había debilitado hacia el final de la semana.
No me quedé ni un segundo más en la oficina de Daisy. Ella tenía que irse y, de todos modos, la vería dentro de dos días. Joder, me moría de ganas de que llegara ese momento.
1 Nota del traductor: Café Du Monde es una cafetería tradicional y muy famosa de Nueva Orleans, conocida por su café con achicoria y los beignets , un tipo de dónut francés cubierto de azúcar glas.
2 Nota del traductor: El Rockefeller Center es un complejo icónico de diecinueve edificios comerciales de estilo Art Déco situado en el corazón de Midtown Manhattan, Nueva York, entre la Quinta y la Sexta Avenida.
3 Nota del traductor: Times Square , conocida como “The Crossroads of the World” (la intersección del mundo), es el corazón vibrante de Manhattan en Nueva York.
Situada en la intersección de Broadway y la Séptima Avenida, es famosa por sus deslumbrantes pantallas LED gigantes, vallas publicitarias 24/7 y su intenso ambiente peatonal.