Un rebelde inolvidable Capítulo Dos
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Capítulo Dos

DAISY

¡Ay, cuánto te quiero, Nueva Orleans!

Me asomé al balcón de mi apartamento recién alquilado y contemplé la vista, luego tomé un sorbo de mi copa de champán y suspiré.

¿Cómo había tenido tanta suerte? En solo dos semanas, empezaría el trabajo de mis sueños.

Con solo veintisiete años, me habían contratado para el puesto de directora de marketing de una conocida marca de whisky.

¿No era genial? Había trabajado muy duro para conseguirlo y todo el esfuerzo había merecido la pena.

Cerré los ojos, escuchando el bullicio de la calle.

Mi idea inicial era residir en el Barrio Francés, pero no me convencieron las propiedades disponibles allí. Eran más bonitas por fuera que por dentro, y los precios eran desorbitados. Así que, al final, me decanté por el barrio de Marigny⁠ 1 .

Nunca pensé que me mudaría al sur del país. Era originaria de Dakota del Norte. Mis padres aún vivían allí, gestionando la granja familiar en la que crecí.

Aunque no podía visitarlos con frecuencia, hablábamos por teléfono todo el tiempo.

Me sentía un poco culpable por la distancia, aunque los colmaba de atenciones en todos los demás aspectos.

Les regalaba un viaje a Miami cada año y, en ese momento, estaba tratando de convencerlos de que me dejaran regalarles unas segundas vacaciones en los meses de invierno.

Casi había convencido a mi madre, pero mi padre era más difícil de persuadir.

Tras graduarme en Cornell, me fui a trabajar a Chicago.

Aunque me encantaba la “Ciudad del Viento”, necesitaba un cambio.

Especialmente después de un desengaño amoroso.

En esa época, comencé a salir con mi vecino y parecía que las cosas iban bien.

Bueno, en realidad, yo era la única que pensaba eso, porque descubrí que estaba saliendo al mismo tiempo con nuestra vecina del apartamento B, en la primera planta.

Buscando un nuevo comienzo, decidí aventurarme a Nueva Orleans y me apunté a un curso de verano en la Universidad de Loyola. Fue entonces cuando conseguí aquel trabajo increíble.

Cuatro días después, me instalé en mi nuevo apartamento.

Como siempre había tenido trabajos bien remunerados, me permitía el lujo de no escatimar en las viviendas que alquilaba. No era muy fan de ir de compras, así que destinaba la mayor parte de mis ingresos a alquilar buenos apartamentos. Disfrutaba mucho teniendo mi propio espacio.

Después de terminar mi copa de champán, me levanté de la silla e inspeccioné la cocina, tratando de decidir qué comer. Necesitaba cenar antes de servirme otra copa, y no me apetecía salir. Quería disfrutar de mi acogedor apartamento.

Cogí el móvil con la intención de pedir comida a domicilio desde la aplicación, y vi un mensaje de mi reclutadora.

Samantha: Llámame cuando recibas este mensaje.

Tragué saliva. Ay, no. ¿Por qué me escribía un domingo? Quizás la empresa quería adelantar mi fecha de inicio. O tal vez por fin tenía el contrato preparado para que lo firmara. Todavía tenía una sensación de inquietud por no haber terminado con todo el papeleo. La llamé de inmediato.

—Hola, Samantha —saludé.

—Hola, Daisy. Siento molestarte un domingo, pero tengo noticias.

Se me hizo un nudo en el estómago mientras me apoyaba en la encimera de la cocina.

Su voz no sonaba apenada, pero como todo sucedió tan rápido, no podía evitar pensar en que algo malo pudiera ocurrir.

Miré el sofá rosa que me había convencido por completo de elegir aquel apartamento, con la esperanza de poder seguir viviendo allí.

—¿Ha pasado algo malo?

—Bueno, algo inesperado, sin duda. Esta mañana me ha llamado la empresa.

Cerré los ojos y me preparé para lo peor. Llevaba suficiente tiempo en el mundo corporativo como para saber que una llamada un domingo no era buena señal.

—Recursos Humanos me ha informado de que el director financiero ha decidido congelar las contrataciones.

Se me cortó la respiración, sintiéndome ligeramente mareada.

—¿Qué? ¿A partir de cuándo?

—Con efecto inmediato.

Dios mío. Esto no podía ser verdad.

—Pero si ya me han contratado —repliqué—. ¡Necesito este trabajo!

Ella carraspeó.

—No exactamente. Pero no te preocupes.

—Es porque no se ha firmado el contrato, ¿verdad? Es una locura, me dieron su palabra. Es más, tengo correos electrónicos suyos en los que confirman que soy empleada.

El pánico se estaba apoderando de mí.

—Lo sé. Pero incluso si el contrato se hubiera firmado, cualquiera de las partes podría rescindirlo en un plazo de catorce días. Así que eso no habría cambiado nada.

Tragué saliva.

—¿Cómo pueden decidir de un día para otro congelar las contrataciones?

Era una pregunta estúpida, y lo sabía. Las congelaciones presupuestarias se anunciaban exactamente de esa manera. En mi carrera, me había tocado lidiar principalmente con recortes presupuestarios relacionados con ascensos, pero sabía que la congelación de contrataciones era algo habitual.

—Lo siento mucho. Esto solo ha ocurrido dos veces en mis veinte años de carrera.

—Eso no me sirve de consuelo —repliqué, con evidente frustración en mi voz.

—No, claro que no. Entiendo que esto te suponga un gran inconveniente.

—¡Es más que un inconveniente! —Decidí ser directa—. La semana pasada firmé el contrato de alquiler de un apartamento. —Un apartamento caro, por cierto. ¡Maldita sea, si me había mudado aquí por ese trabajo !

—Vaya, qué mala suerte —respondió ella—. ¿Puedes rescindirlo? ¿O subarrendarlo tal vez?

Suspiré.

—Lo comprobaré, pero, sinceramente, prefiero tener un trabajo.

—Por supuesto. Eres una candidata excelente, así que estoy segura de que pronto te conseguiré algo. Aunque, para ser sincera, las empresas no suelen contratar en el último trimestre. Aun así, no me cabe duda de que tendré algo para ofrecerte en enero.

—Samantha —dije con calma—, no puedo esperar cuatro meses.

—Lo entiendo, haré todo lo posible. ¿Estarías dispuesta a mudarte de nuevo?

Resoplé.

—Me encantaría quedarme aquí, pero obviamente aceptaría mudarme por un buen trabajo.

—Tomo nota. Buscaré por todas partes. Veo que eres de Dakota del Norte. ¿Considerarías un trabajo allí también?

Su pregunta me desconcertó un poco. Nunca había pensado en volver a casa, pero, aunque sentía la necesidad de un cambio de aires, estar más cerca de mis padres no me vendría nada mal.

—Claro, ¿por qué no? ¿Tienes algo para empezar de inmediato? —En ese momento, solo necesitaba contar con algún ingreso.

Tenía algunos ahorros, pero los reservaba para tiempos difíciles. No quería tocarlos para pagar el alquiler y otras necesidades básicas. Mi padre siempre me decía que guardara el dinero e hiciera de cuenta que no tenía nada ahorrado. De esa manera, no tendría la tentación de gastarlo.

—Nada que se ajuste a tu perfil.

—Mira, no tengo problema en hacer cualquier otra cosa hasta que encuentres algo en marketing . Nunca se me han caído los anillos por trabajar.

Había muchas tiendas pequeñas en el centro. Quizás podría conseguir trabajo en alguna de ellas. Joder, tal vez incluso McDonald’s estuviera contratando. No me gustaba estar sin hacer nada y, la verdad, ahora mismo no podía permitírmelo.

—¿Estás segura?

—Sí.

—¿Considerarías otras opciones?

Me animé.

—¿Por qué? ¿Tienes algo?

—Ahora mismo estoy reclutando personal para varias empresas, pero no hay nada que encaje exactamente con tu perfil.

—Estoy dispuesta a aceptar cualquier cosa relacionada con el marketing . Es más, ¿sabes qué? Pásame lo que tengas, ¡sorpréndeme!

Podría trabajar en otra cosa durante unos meses, hasta que la empresa volviera a contratar el año siguiente. Estaba segura de que cualquier cosa que se le ocurriera a Samantha sería mucho mejor que los trabajos temporales que pudiera encontrar por internet.

—Perfecto, te enviaré algo en unas horas.

Esa misma noche, me envió tres ofertas de trabajo. Ninguna relacionada con marketing .

Las leí todas y la llamé para hablar sobre las opciones.

—Mira, sé que esto no es lo que esperabas —dijo en lugar de saludarme.

Apreté los labios. Samantha estaba haciendo su trabajo lo mejor que podía, pero me había enviado ofertas en logística y contabilidad, campos en los que no tenía experiencia alguna. La última oferta era para un puesto de asistente para el CEO de The Orleans Conglomerate .

—De hecho, he oído hablar de The Orleans Conglomerate —comenté.

—¿Quién no? Son enormes.

—¿Y no tienen ningún puesto vacante en marketing ? —pregunté con sorna.

—Por el momento, no —resopló—. Sinceramente, dudé si incluir esa opción.

Eso despertó mi curiosidad:

—¿Por qué? —Cogí mi portátil y me dirigí al balcón, mi lugar favorito del apartamento.

—Porque me han dicho que es para uno de los CEOs más difíciles de la empresa.

—¿Hay varios CEOs?

—Sí. Tienen distintas filiales, y cada una tiene su propio CEO.

—Mmm, interesante. ¿Y por qué es difícil este en particular?

—Porque en el último año ha tenido seis asistentes.

Silbé.

—Vaya. Eso no es muy normal.

—Totalmente de acuerdo.

Acto seguido, revisé los requisitos.

—El trabajo no parece tan complicado —murmuré. Básicamente, el puesto de asistente requería acompañar al CEO a donde lo requiriera y asistir a determinados eventos—. Pero no aparece el sueldo.

—Es bastante generoso para un puesto de asistente.

—¿Cuánto es? —pregunté. Me quedé boquiabierta al escuchar la cifra—. Vaya, no está nada mal. Es lo que ganaba como especialista júnior.

—Exacto.

Tragué saliva.

—¿Sabes qué? Quiero postularme para ese puesto.

—¿Estás segura?

—Sí. Y si sale bien, quizás más adelante podría pasar al Departamento de Marketing .

Lo más importante era que no tendría que echar mano de mis ahorros.

—Puedo conseguirte una entrevista mañana a las nueve. Lo confirmo con Recursos Humanos y te aviso en una hora.

—Perfecto.

—La sede central está encima del LeBlanc & Broussard .

—No sé qué es eso.

—Es su restaurante principal, en la calle Royal.

Consulté rápidamente mi GPS y vi que no estaba muy lejos.

—Vale. ¿Cuándo podría empezar?

—Sinceramente, tan pronto como sea posible.

Sentí que por fin podía respirar con normalidad. Cuando Samantha mencionó lo de la congelación de contrataciones, había entrado en pánico.

—Te sugiero que te informes de The Orleans Conglomerate para prepararte —continuó—. Tu jefe puede ser un poco… tiquismiquis.

—No te preocupes, investigaré. De hecho, voy a ir a por todas en esa entrevista y conseguiré el trabajo, ya lo verás.

1   Nota del traductor: El Faubourg Marigny , conocido comúnmente como Marigny, es un barrio histórico de Nueva Orleans, situado inmediatamente río abajo del Barrio Francés.

Es famoso por su arquitectura criolla, pintorescas casas, ambiente bohemio, y una vibrante vida musical, especialmente en la calle Frenchmen.