Un rebelde inolvidable Capítulo Uno #2
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Capítulo Uno #2

Por respeto a mis abuelas, me abstuve de decirles que todo ese asunto de las lilas era una tontería. Después de jubilarse, abrieron una perfumería en la calle Dumaine: Fragrant Delights , y ambas aseguraban que la lila tenía propiedades eróticas o algo por el estilo.

Yo discrepaba por completo, a pesar de que cuatro de mis cinco hermanos estaban ya prometidos o casados. Pero como sus respectivas parejas habían recibido en algún momento un perfume de lilas de parte de las abuelas, Isabeau y Celine se sentían totalmente alentadas.

Mi escepticismo me hacía ver las cosas de otra manera: mis hermanos simplemente habían tenido la fortuna de hallar a la mujer correcta. Ni siquiera estaban en busca de una pareja. Hubiera lilas de por medio o no, estaba convencido de que el resultado habría sido el mismo.

—Pero ¿no dijiste que también tenías productos secretos para mis tíos? —continuó Bella.

Esto despertó mi interés. De alguna manera, Isabeau y Celine llevaban un tiempo soltando indirectas. No era que yo lo creyera, pero sentía curiosidad. Todos mis jabones y lociones eran de Fragrant Delights . Necesitaba saber qué debía evitar.

—Sí —confirmó Celine—. Ponemos ambrosía en todos sus productos.

—¿Y qué se supone que hace eso? —pregunté.

Isabeau me dedicó una sonrisa de suficiencia:

—¿Así que ahora sí quieres saberlo?

Me reí:

—Bueno, mejor me voy ya.

—Es lo mejor que puedes hacer, jovencito. Puedo oler tu miedo desde aquí.

Negué con la cabeza, sin regañarlas ni contestar. Mis abuelas, en especial Isabeau, eran unos personajes muy particulares. Las quería muchísimo y no me importaba que se divirtieran a mi costa.

Después de despedirme, salí inmediatamente de la casa. Era aún la tarde del domingo, así que, en lugar de volver a casa, me dirigí al Barrio Francés para visitar uno de nuestros establecimientos.

Quizás llamaría a Beckett para ver si tenía tiempo para quedar. Salíamos juntos a menudo. Éramos los más cercanos en edad, lo que seguramente influía. Y ahora, como todos los demás estaban pillados, lo veía más que al resto.

Pero antes de llamar a Beckett, mientras subía al coche, busqué el número de Dorothy. No me gustó que hubiese hablado con mis abuelos a mis espaldas, y pensaba zanjar el asunto aquel mismo día.

—Hola, Anthony —respondió después de un par de tonos.

—Hola, Dorothy. Siento llamarte un domingo.

—No te preocupes. Para ser sincera, esperaba tu llamada en cuanto vieras el correo. Pensé que era mejor avisarte para que mañana no llegaras a la oficina preguntándote por qué no tienes asistenta.

—Gracias por el correo electrónico. Hiciste bien en enviarlo. Gracias —aseguré.

—Tú no te preocupes, déjalo en mis manos. —Hizo una breve pausa y luego añadió—: Esta vez he conseguido que nos ayude una reclutadora.

—¿Te parece necesario? No creo que a la reclutadora le convenga perder el tiempo con un puesto de asistente —pregunté, ya que los reclutadores solían centrarse en puestos de mayor responsabilidad.

Dorothy se aclaró la garganta:

—Es solo que así el proceso será más fácil.

—¿Qué es lo que no me estás contando, Dorothy? —insistí.

Normalmente, lo habría dejado pasar. No solía microgestionar y, a decir verdad, lo único que me importaba en ese momento era tener una asistenta. Nunca me involucraba en el proceso de selección. Pero algo me estaba inquietando y necesitaba saber qué estaba pasando.

—Últimamente nos está costando mucho dar con el perfil adecuado para el puesto de asistente —dijo con elocuencia.

—¿Para todos los directivos de la empresa?

Hubo una pausa.

—Más o menos.

Mis abuelos no se habían equivocado.

—Chad necesitaba una nueva asistenta el mes pasado. ¿Recurriste a una reclutadora para él? —pregunté sin rodeos.

Ella suspiró:

—No. Lo que pasa es que este año hemos tenido mucha rotación de personal. Y eso… nos está perjudicando.

—¿Quieres decir que me está perjudicando a mí directamente? ¿Cómo saben que el puesto es para trabajar conmigo?

—Porque tengo que mencionar el sector. No solo pongo The Orleans Conglomerate . Aclaro que es para nuestras salas de concierto.

The Orleans Conglomerate era una corporación enorme.

Mi hermano Chad dirigía la filial de restaurantes, Julian se encargaba de los bares, Beckett de las panaderías y Zachary del negocio de logística.

Xander era el que iba por libre y optó por no dirigir ninguna filial.

Era el director financiero del conglomerado.

Por supuesto, tenía sentido especificar el sector para el puesto de asistente, ya que los candidatos querrían saber dónde trabajarían exactamente.

—Bueno, si te he entendido bien, básicamente la gente no se presenta porque no quiere ser mi asistente.

Dorothy dudó, mientras yo empezaba a impacientarme.

—Hablé con mis abuelos.

Ella se quedó muda.

—Perdona. Ni siquiera sé cómo acabé teniendo esa conversación con ellos. Estaban en el restaurante el día que tu última asistente renunció, una cosa llevó a la otra, y…

—No debes hablar de negocios con mis abuelos.

—No, claro que no. Nunca lo hago, pero estaba preocupada y… No importa. Prometo que no volverá a pasar.

—Bien. Ahora que sabes que hablé con ellos, sé sincera.

—Está bien: se ha corrido la voz y no te has hecho buena fama, por así decirlo.

—Nueva Orleans no es una ciudad pequeña. ¿Cómo pueden correr tan rápido los rumores? —pregunté.

—No lo sé, pero ocurre. La última vez fue muy complicado encontrar a alguien para ti. Por eso quiero trabajar con una reclutadora.

—Por mí está bien, siempre y cuando encontremos a alguien lo suficientemente bueno.

—El problema es que tenemos que abordar las exigencias que les pones a tus asistentes. Las entrevistas de salida indican que eres muy difícil.

—¿En serio? Pues yo creo que las personas que contratamos deberían tener una mejor ética de trabajo.

—Bueno, puede ser, pero, aunque eres muy relajado e incluso haces buenas migas con la mayoría de los empleados, parece que sueles ser duro con tus asistentes. Todos los que pasaron por la empresa este último año pensaban que tenías algo en contra de ellos.

Me reí.

—¡Eso es ridículo!