Un plan (casi) perfecto 32
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Ni tan siquiera me dio tiempo a contestar.

Lorena se acercó a él y comenzaron a besarse apoyados en mi viejo coche. Arranqué el motor y les vi morreándose fuera por el espejo lateral, por lo que me tocó esperarles medio minuto, hasta que por fin decidieron montarse en la parte de atrás.

Cuando salimos del parking, ya se estaban comiendo la boca de nuevo y mi compañero le magreaba las tetas colando una mano por su escote.

Fue la única vez que pude mirar por el retrovisor y me puso muy cachondo esa forma de tocarla directamente sobre la piel sin ningún tipo de tacto y los gemidos de mi novia.

Juanlu ya se había dejado de sutilezas y mucho menos ahora, que estábamos los tres solos y además, sabía que a Lorena le gustaba que la trataran como se merecía.

Como una buena zorra.

Tengo que admitir, que no pude mirar más veces y es que mi polla no dejaba de palpitar nerviosa bajo los pantalones.

Yo notaba que mi calzoncillo debía estar bastante mojado, echo un puto asco a decir verdad, porque había sentido un par de veces que se me derramaba algo parecido a una eyaculación contenida.

Y allí estaba yo, conduciendo mientras mi novia y mi compañero de trabajo se enrollaban en la parte de atrás del viejo coche de mi padre.

¿Podía haber algo más patético y humillante?

Y lo peor es que yo no paraba de temblar, nervioso, asustado, excitado, con la adrenalina a mil, y como no podía mirar para no correrme encima, me tenía que conformar con escuchar sus gemidos, sus risas de complicidad, sus murmullos al oído y eso todavía me volvía más loco.

Y me ponía más cachondo si cabe.

Entonces me acordé de Dante, de la conversación que habíamos tenido en X, cuando me contó la fantasía de cómo se follaría a mi novia y decidí conducir hasta el mismo polígono en el que me pajeé yo solo.

Juanlu y Lorena estaban tan a lo suyo que ni se dieron cuenta cuando me desvié del camino a su casa, y solo al entrar en una de sus calles oscuras, mi chica miró por la ventanilla y se sorprendió.

―¿Dónde estamos, nene?

―En el polígono de La fuente, el que está al lado del trabajo...

―¿Y qué hacemos aquí?

―Buscar un sitio más tranquilo y apartado...

―¿Pero no íbamos a mi casa?

―Prefiero aquí... ―afirmé al girar por la misma calle pequeña y sin salida que ya conocía.

Aparqué el coche y detuve el motor, soltándome el cinturón de seguridad.

―Ya hemos llegado...

―¿Aquí?, ¿estás seguro?, mmmmm... ―suspiró ella mientras Juanlu seguía manoseando sus tetas.

―Sí...

―¿Vienes con nosotros, nene?, uffff, os quiero a los dos... ―me pidió ella, estirando el brazo para que me uniera a la fiesta privada que tenían montada en la parte de atrás.

―No, prefiero quedarme aquí... ―murmuré en bajito, como si me diera vergüenza.

―¿Es que solo quieres mirar? ―me preguntó Lorena.

―Sí...

―Está bien, como quieras... pero luego vamos a mi casa, ¿vale?... ¡los tres, eh! ―y se posicionó rápido, apoyando su espalda contra el hombro de Juanlu, mirando hacia mí―. ¡Aaaaah, joder, tócame tócame, mmmm, quiero que nos vea! ―le pidió, abriéndose de piernas.

En esa postura se le subió la falda y desde mi asiento, se le veía la ropa interior.

Juanlu no se lo hizo desear y primero la acarició por encima, Lorena levantó la cadera al sentir el contacto de sus dedos y soltó un gemido tremendo.

Estaba muy sensible y ella misma se apartó el tanguita para mostrarme el coño.

¡Aquella imagen fue muy impactante!, y enseguida me acordé de Lucía cuando hizo lo mismo, aunque el coño de Lorena no era tan pijo como el de mi ex.

Lo tenía más oscuro, depilado, brillante y muy hinchado.

Pero sobre todo, lo tenía terriblemente mojado, incluso la humedad le había llegado hasta la cara interna de los muslos y en la penumbra de aquel polígono, se podía distinguir perfectamente lo empapado que estaba y un denso líquido que se le salía, hasta derramarse en el asiento.

El cabrón de Juanlu le soltó un par de cachetadas muy despacio y sonrió al escuchar cómo chapoteaba.

―Joder, Lore, ¡estás muy empapada, pero que mucho, eh...!

―Síííí, aaaaaaah, ¡me habéis puesto muy cachonda!

―Abre bien las piernas para que Marcos lo vea, eso es, mmmmm, muy bien ―le ordenó Juanlu tirando de sus rodillas para que ella me mostrara todo su coño y después le pasó el dedo entre los labios vaginales.

Lorena chilló de placer y tensó las caderas, levantándolas hacia mí, y permitió que él frotara los dedos unas cuantas veces, arriba y abajo antes de penetrarla.

―¡¡¡Aaaaaah, cabrón, síííí, sííííí, fóllame con los putos dedos, mmmmmm!!! ―gimió girándose hacia él, colando la lengua en su boca.

Mientras Juanlu le metía y sacaba dos dedos en el coño, ellos se besaban y Lorena no paraba de mecer sus caderas, moviéndose de manera descontrolada. Y mi compañero, aprovechando que tenía una mano libre, le bajó los dos tirantes de su vestido, apareciendo ante mí los pechos desnudos de mi novia.

―¡Uffff, me encanta cuando vas así, sin sujetador, joderrrr, me has puesto muy cerdo toda la noche!

―¿Ah, sí?, ¿te ha gustado?, aaaaaaah...

―Deberías haber dejado que te quitara también el tanguita, mmmm, al final no te atreviste...

Aquella conversación breve, pero tan cómplice entre ellos, no hizo más que aumentar mi calentura y además, en cuanto le bajó los tirantes del vestido, solo con ese pequeño gesto la escena se volvió todavía más vulgar.

Las poderosas tetas de Lorena llamaron mi atención, pues estaban hinchadísimas, tenía las areolas gigantes y los pezones terriblemente erectos.

Y Juanlu se las manoseaba, estrujándoselas de manera grotesca.

―¿A ti también te pone cuando va sin sujetador, Marcos? ―me preguntó Juanlu intentando un acercamiento conmigo.

Pero yo no contesté, bastante tenía con mirarles y agarrármela fuerte para no correrme.

Y es que desde que detuve el coche, lo único que podía hacer era apretarme la base de mi polla y estrujarme los huevos con el puño, para no precipitarme bajo los pantalones.

Lorena seguía moviendo su cuerpo, arriba y abajo, gimoteando con la boca abierta y no dejaba de mirarme a los ojos, pero no lo hacía para provocarme o humillarme, solo me mantenía la mirada porque eso le ponía más cachonda y sabía que a mí me gustaba.

―¡¡¡Aaaaaah, cabrón, qué bueno!!!, ¿qué me estás haciendo? ―le preguntó Lorena, pasando una mano por detrás de su espalda para palparle la polla por encima del pantalón.

―Lo que me has pedido, meterte los dedos, ¿quieres que pare o sigo? ―le preguntó mi compañero retirando los dedos y le soltó un par de azotes, escuchando de nuevo ese chapoteo.

―Aaaaaah, aaaaah, aaaaah, cada vez que me haces eso, me pone mucho, mmmmm ―y Juanlu lo repitió, clavándole dos dedos y sacándoselos rápido para inmediatamente después golpear su coño―. Aaaaaah, aaaaaah, joderrrr, cabrónnnn... ¡mmm, me tienes muy cerda!

―¡Me encanta que estés así! ―dijo Juanlu acariciándola toda la zona, estrujando sus muslos y terminando con otros cinco o seis azotes.

―Aaaaah, aaaaaah, Diosssss... ―gimió Lorena desesperada, volviendo a tensar las caderas.

Era demasiado excitante ver a mi novia abrirse así para mí, mostrándome su coño y la mano de Juanlu martirizándola una y otra vez. Y cuando me palpitó la polla de nuevo, me apreté con más fuerza por encima del pantalón.

Ya no podía soportarlo más. Y Lorena vio mi cara de sufrimiento, estaba resistiendo lo imposible y estiró el brazo para darme la mano.

―Vamos, nene, disfruta tú también, sácate la polla si quieres y hazte una paja...

aaaaaah, aaaaah, ¿a qué estás esperando?

―pero al ver que no la correspondía, giró su cuerpo hacia Juanlu y buscó su boca―.

¡Cabronazo, me estás matando con los putos dedos!

, como sigas así, vas a hacer que me corra ―gimoteó, sacándole la camisa del pantalón y tirando con fuerza de los botones de la bragueta.

Con una facilidad pasmosa le sacó la polla del calzón, y me sorprendió ver esa verga tan grande e hinchada entre los pequeños dedos de Lorena. Juanlu estaba empalmadísimo y aunque ya me había fijado en ella en el vestuario, todavía me pareció más grande y exagerada.

¡Es que era enorme y la tenía durísima!

Lorena no dejaba de meneársela y besarle en la boca, mientras él jugaba con los dedos en su entrepierna y de repente, mi chica se inclinó sobre él y le restregó la polla entre sus pechos.

―Mmmmmm, cabrón, ponla aquí, ¿quieres que te haga una paja con las tetas?, esto te encantaba, ¿no?

¡¡¿Cómooooo?!!

¡¡Joder, eso no me lo había hecho nunca a mí!!

Y aquella puta frase, ver su complicidad y cómo Lorena se ponía a cuatro patas y colocaba la polla de mi compañero entre sus pechos calientes, fue el detonante de mi corrida. Ya no pude soportarlo ni un segundo más.

Seguí presionándome con fuerza, pero todos mis esfuerzos fueron en vano y cuando se contrajeron mis huevos sentí que ya no había vuelta atrás, me solté la polla, relajé todo mi cuerpo y dejé que fuera soltando un lefazo tras otro sobre mis calzones.

Hacía mucho calor en el coche y me faltaba al aire mientras me corría, pero resistí disfrutando de esa espectacular escena, sin dejar de admirar cómo Lorena le masturbaba con sus tetazas. Entonces crucé la mirada con Juanlu y este agarró del pelo a mi chica.

Quería demostrarme quién mandaba allí.

―¡Uffff, que dura la tienes, nene! ―le ronroneó Lorena y esas palabras fueron como una puñalada en mi pecho.

Estaba claro que Lorena lo había hecho sin darse cuenta, pero que le llamara cariñosamente igual que a mí me dolió mucho. Y después de correrme, abrí la puerta del coche y me bajé.

Necesitaba descansar un poco. Tomar aire fresco.

Desde fuera todo era muy extraño. Como si estuviéramos solos en el mundo.

En aquel abandonado polígono no había nadie más.

El universo se reducía a Lorena, Juanlu y yo y mi viejo coche aparcado en esa solitaria calle.

Se escuchaban desde fuera los gimoteos de mi novia, aunque ya casi no se podía ver casi nada del interior del coche, pues los cristales estaban empañados.

Me limpié como buenamente pude, pero el calzón ya no tenía remedio. La corrida había sido demasiado copiosa y abundante y con un pañuelo, dándole la espalda al coche para que no me vieran, retiré los restos de mi vello púbico.

Apenas tardé medio minuto en limpiarme, cuando sentí una mano en mi hombro, ni tan siquiera la había visto venir, y al girarme comprobé que Lorena estaba detrás de mí, guardándose las tetas en el vestido y colocándose la falda.

―¿Qué haces aquí?, ¿estás bien, nene?

Tiré el pañuelo al suelo, pero ello lo vio y enseguida comprendió lo que había pasado.

―¿Te has corrido?

―Sí...

―Bueno, no pasa nada ―suspiró abrazándome por detrás, dándome un tierno beso en el hombro.

―¿Por qué has salido conmigo...? ―la pregunté sin tan siquiera atreverme a mirarla a los ojos.

―¿Todavía me lo preguntas?, pensé que ya te habías dado cuenta, idiota, a mí me gusta hacer esto cuando estás tú delante, eso es lo que me da morbo, mmmmm...

la verdad es que la idea de venir aquí me ha encantado, ha sido muy excitante, entiendo que ahora te hayas corrido y se te haya pasado un poco el calentón, pero no puedes dejarme así, nene, te lo pido por favor, uffff...

, ¿qué quieres hacer ahora?, ¿vamos a mi casa?

Por su tono de voz, yo sabía que ella estaba realmente cachonda y esta vez no podía dejarla a medias. Creo que jamás me lo hubiera perdonado. Yo la seguía teniendo dura bajo los pantalones y cuando ella se pegó más a mí, noté sus pechos en mi espalda.

―¿Qué quieres hacer tú? ―dije en bajito, dejando que ella decidiera cómo iba a terminar la noche.

―Lo que tú quieras, nene, Juanlu nos está esperando en el coche, y yo estoy..., ufffff, ¿quieres que me lo folle? ―me ronroneó al oído, colando su mano por dentro de mis pantalones―. Mmmm, qué dura la tienes...

―Joder, Lore... ¡es Juanlu!

―Ya lo sé, pero me tiene muy cachonda... y la idea de hacerlo aquí, en tu coche, mientras tú nos miras, mmmmmm... ¡es que no me puede dar más morbo!, venga, vamos, ven conmigo, acompáñame ―me pidió masturbándome despacio.

Y después me agarró de la mano y caminamos hasta el coche. La puerta de atrás estaba abierta y al llegar allí, vi a Juanlu esperándonos, sentado plácidamente contra el respaldo. El muy cabrón tenía la polla en la mano y no dejaba de meneársela para que no se le bajara la erección.

―No te muevas de aquí ―me ordenó Lorena que se subió el vestido, mostrándome el culo y se montó en el coche a cuatro patas, gateando hasta que apoyó las manos en uno de los muslos de mi compañero.

Le dio un tremendo beso en la boca y le agarró la polla con la mano, pegándole un par de sacudidas. Después se giró hacia mí y me dijo.

―¿Quieres ver cómo se la chupo, nene...?