31 #2
En ese momento, a todos los tíos de allí les hubiera gustado tocar aquellas tetas tan grandes, duras y pesadas. Incluso a mí me hubiera gustado. Y además, él sabía que ese era el punto débil de Lorena, y ya la tenía donde quería.
Nos tenía a los dos donde quería.
Podía hacer con ella lo que le diera la gana y yo la vi gemir, sudorosa, desinhibida, ya le importaba una mierda que todos la vieran dejándose sobar como una zorra y no le ocurrió otra cosa que palparle el paquete por encima del pantalón de vestir.
¡Joder, aquello ya era demasiado descarado!
Y yo estaba ya de los nervios, apenas podía mirar hacia ellos porque sabía que podía explotar de un momento a otro.
Ya lo que me faltaba. Correrme en los pantalones.
Así que a veces disimulaba y miraba hacia el otro lado, fijándome en la gente, hasta que me di cuenta de que el tío alto y rapado de antes se había acercado y no dejaba de mirarme.
La verdad es que ese tío intimidaba y yo retiré la vista y me volví a girar hacia Juanlu y Lorena.
Mi compañero había colado la mano por debajo de la falda y ahora le acariciaba su culo desnudo, cuando de repente le dijo algo al oído.
Lorena negó con la cabeza, pero él afirmó y me quedé a cuadros al ver que el muy hijo de puta estaba tirando del tanguita, y de repente se lo bajó un poco más y apareció la tela por un lateral.
Lo hizo solo para provocarme, para que lo viera bien, porque los dos se giraron hacia mí y cuando Juanlu sonrió, mi polla volvió a palpitar.
No podía seguir mirando ni un segundo más allí.
Estaba muy al límite, incluso me planteé si no sería mejor ir al baño y correrme, para poder estar un poco más tranquilo.
Es que no podía ni mirar hacia ellos.
Pero no lo hice, reconozco que en el fondo me encantaba esa sensación de estar tan al borde del orgasmo y no tener ningún tipo de control sobre mi cuerpo.
Me volvía loco esa humillación que me estaba brindando mi novia.
Morréandose con mi compañero de trabajo delante de mí, y montando el numerito con esas tetazas de guarra.
Hasta les había mostrado el color de su tanguita a todos los allí presentes.
Lo que más me preocupaba, es que no sabía cuáles eran los planes que tenían los dos y yo no me atrevía a preguntárselo, pero todo se precipitó cuando el tío alto, calvo y trajeado se acercó a mí.
―Hola, perdona, te pediría que si ya has terminado eso ―dijo señalando mi vaso―, que me acompañes fuera, esto es una fiesta privada...
―Nos dijeron en el restaurante que podíamos venir...
―¿Has cenado en el Qatar Always?
―Sí...
―Bueno, eso explicaría por qué te han dejado entrar así, pero es que tenemos un protocolo un poco más estricto en cuanto al vestuario y tampoco me gusta que estés en ese plan, no da muy buena imagen, así que por favor, acompáñeme...
―Es que no estoy solo... he venido con mi novia y un amigo.
―¿Y dónde están?
―Han salido fuera.
―¿Puedes ir a avisarles?, yo te acompaño...
Y en ese momento me vi en una encrucijada.
Me daba mucha vergüenza acercarme a Lorena, después de que le acabara de decir que era mi novia.
Se estaban comiendo la boca como dos salvajes a unos metros de nosotros y yo disimulé y salí a la terraza de la azotea, disimulando como que los estaba buscando, pero con el gorila pegado a mi espalda.
Todos se fijaban en mí, como si fuera un delincuente y el tío alto soltó un resoplido en la segunda vuelta que di a la azotea. Se estaba impacientando.
―¿No ves a tu novia y a tu amigo?
―No, no están aquí...
―Bueno, chico, tienes que acompañarme... ―me pidió de buenas maneras y al entrar de nuevo en el local, me hice el sorprendido al verlos―. ¡Ah, están ahí!
Me acerqué a Lorena y Juanlu y me puse rojo de la vergüenza al ver cómo se estaban comiendo la boca, mientras mi compañero tenía las dos manos por debajo de la falda. El de seguridad negó con la cabeza, como si su presencia también fuera incómoda en el local y yo me planté frente a ellos.
―Oye, perdonad ―les interrumpí tocando el hombro de Lorena.
Dejó de morrearse con Juanlu y me miró sorprendida con el pintalabios algo corrido, los brazos enganchados a su cuello y se separó un paso atrás, al ver la montaña que estaba detrás de mí.
―Este señor me ha dicho que tengo que irme de la fiesta...
―¿Por qué?, ¿es que has hecho algo? ―me preguntó Lorena.
―No, es por la ropa...
―Nos han invitado en el restaurante... ―intervino Juanlu.
―Sí, claro, pero ya a estas horas, es una fiesta distinta y es un poquito más privada.
―Pues yo no veo que sea otra fiesta distinta... ―protestó de nuevo mi compañero.
―Tenéis que acompañarme fuera los tres...
―Eh, sí, claro ―dijo Lorena colocándose la falda―. ¿Puedo ir antes al baño?, tengo una urgencia, ya sabes...
―Sí, por supuesto... te esperamos fuera, en la salida, yo acompaño a estos dos caballeros ―le informó el de seguridad y nos guio a Juanlu y a mí hasta la entrada y nos despidió con un “buenas noches”.
En lo que salía Lorena, nos quedamos solos un par de minutos. Fue una situación bastante incómoda, porque ninguno de los dos sabía qué decir y Juanlu disimuló mirando su móvil, contestando un par de whatsapps.
Por suerte, enseguida llegó Lorena, y por lo que parecía, esa pequeña interrupción no disminuyó en absoluto sus ganas de pasárselo bien.
―Bueno, chicos, ¿y ahora quué hacemos...? ―me preguntó a mí―. ¿Vamos a otro sitio a tomar una copa...?
―Ufff, tengo el coche aquí, no me apetece ahora meterme en el centro y llevar el coche a otro parking... ―protesté―. Yo me voy a ir ya...
―Vamos a mi casa y tomamos algo los tres ―dijo Lorena.
―Por mí, perfecto ―contestó Juanlu encogiéndose de hombros.
A él le daba ya todo igual. Lo único que quería era terminar su noche romántica follándose a mi novia. Nos montamos en el ascensor para bajar los casi 50 pisos, y Lorena me rodeó el cuello con los brazos, igual que había estado unos minutos antes con Juanlu.
―Nunca he follado en un ascensor ―ronroneó soltándome un pico en los labios―. ¿Y tú?
―No...
―Yo sí ―se chuleó mi compañero detrás de nosotros.
―¿Y no te apetece? ―insistió mi novia, dándome besitos en el oído y en el cuello.
―Vale, ya, Lorena, para...
―Venga, nene, estoy muy cachonda ―ronroneó, subiéndose un poco la falda y bajó una mano para agarrarme del brazo y guiarla hasta su trasero―. Tócame el culo...
Fue demasiado morboso acariciar su glúteo delante de Juanlu y bajé el otro brazo para sobárselo bien a dos manos, igual que había hecho él unos minutos antes en la fiesta privada.
Luego busqué su boca y me besé con ella, y Lorena aceptó mi lengua sin problemas, comenzando a morrearnos delante de nuestro acompañante.
―¿Te ha gustado verme con él? ―me preguntó al oído, lo suficientemente alto como para que Juanlu también lo escuchara.
―Vale, aquí no, Lorena...
―A mí me ha encantado que nos mires... venga, vamos a mi casa y rematamos la fiesta, estoy súper cachonda, nene..., ven aquí ―le pidió a Juanlu girándose hacia él, sin separarse de mí.
Y mi compañero avanzó un par de pasos, se pegó a su espalda y justo cuando sus bocas entraron en contacto delante de mis narices, Lorena me palpó la polla por encima del pantalón, agarrándomela con fuerza, y comenzó a hacerme una paja con la palma de la mano.
Le sacó la lengua de la boca y se volvió hacia mí, para mordisquearme el lóbulo de la oreja.
―¡¡Mmmmm, nene, qué durita la tienes!!, córrete si quieres, no me importa... ―me gimió al oído―. Ya te dije que esto le gustaba muchísimo, está a puntito de correrse ―aseguró girándose en su dirección, para volver a besarse con él, frotándomela todavía con más intensidad.
―Para, paraaaa, aaaaaaah ―gimoteé separándome de ella.
Les tuve que dar la espalda y me apreté la polla unos segundos, porque noté que estaba a punto de correrme.
Detuve el orgasmo por los putos pelos, y me quedé unos segudos tratando de recuperarme, respirando despacio, pero cuando me volví, me encontré a Juanlu detrás de Lorena, que estaba apoyada contra su cuerpo.
Mi compañero jugaba con sus tetas y los dos miraban hacia mí. No sé si provocándome o humillándome todavía más. Y ahí se me clavó en la cabeza la mirada burlona de Juanlu. La de ella era más bien de pena.
Una mirada compasiva mientras se dejaba sobar sus enormes y lascivos pechos.
―Casi, casi, eh, Marcos, mmm, ha faltado poquito, ja, ja, ja, joder, no conocía esa faceta tuya ―se burló de mí Juanlu justo cuando el ascensor llegó al sótano del parking, dándome un manotazo en la espalda y luego me apretó en el homoplato, en un gesto que intentó que sonara a disculpa―. No pasa nada, es muy normal...
―Entonces, vamos a casa..., los tres, ¿vale? ―dijo Lorena después de que yo pagara el ticket, mientras caminábamos hacia el coche. Me dio la mano y yo rodeé su cintura, en un gesto de complicidad que me gustó mucho.
Pero la felicidad duró muy poquito y al llegar a la altura del coche, me dio un pico y me jadeó al oído.
―¡¡Uffff, nene, estoy demasiado cachonda y no quiero que se me pase!!, ¿te importa si me siento en la parte de atrás con Juanlu mientras nos llevas a casa?